jueves, 28 de agosto de 2014

Cómo interpretar el llanto del bebé

¿Por qué llora el bebé? Queridos amigos, esa pregunta nos la hemos hecho todos cuando hemos tenido a nuestro bebé en brazos sollozando desconsolado, especialmente cuando éramos novatos. Los recién estrenados padres, llenos de emoción, amor y sentimientos encontrados (y también cansancio, por qué no decirlo) en ocasiones se sienten abrumados por el llanto de su chiquitín. Entender el motivo de su llanto, ¿creéis que podría ayudarles?, ¿darles seguridad? 

Está claro que la solución al llanto de tu hijo tiene un primer paso: atender su lloro y cogerle en brazos. Así soy yo, de esas madres que creen que todo pasa por el contacto y el apego. Somos humanos y necesitamos la presencia de nuestros iguales cerca para darnos seguridad. El truco de a ver si se acostumbra a estar SOLO en su cunita no va conmigo, pero tampoco va con nuestra especie. 

Hace algunas semanas me presentaron un producto que me sorprendió, se trata de Cry Translator, un aparato capaz de interpretar el llanto del bebé. ¿Necesitamos los padres realmente interpretar su llanto?, ¿o saber cuál es el motivo exacto de tal disgusto? Seguramente si eres una madre o un padre experimentado, con sólo escuchar el primer gemido sepas cómo actuar. En esto de los hijos la experiencia es el mejor máster que la vida te enseña. Pero cuando coges a tu recién nacido por primera vez, el mundo cambia de color y la palabra DUDA se instala en tu vocabulario de forma permanente. Así que, ¿por qué no echar una manita a los papis primerizos? 

Dicen los expertos (y muchas madres también) que hay cinco razones que cubren más el 95% de las situaciones por las que llora un bebé: hambre, sueño, malestar, estrés y aburrimiento. El objetivo de Cry Translator es dar a conocer a los padres el motivo por el que llora su bebé de forma rápida para dotarles de mayor seguridad, eliminar su nerviosismo ante el llanto y actuar con mayor confianza. 

Desde luego, estoy completamente de acuerdo en que una actitud confiada y tranquila es la mejor manera de manejar un llanto desconsolado. Y además recuerda que tu estado de ánimo será el de tu bebé. Si te muestras sosegado, relajado y tranquilo, será más sencillo que tu bebé se calme. Por el contrario si estás nervioso o inquieto, lo siento querido amigo, pero tu recién nacido lo notará (lo notan todo) y se contagiará de esas sensaciones. Y entonces.... lamento decir que estás perdido. Empezará la batalla por quién logra consolarlo antes, el paso de brazo en brazo, las comprobaciones, que si el pañal sucio, que si no tiene hambre, que si tiene frío.... y la bola se hará más y más grande. 

Me ha gustado mucho la filosofía de Cry Translatorque os traslado: 

Desde recién nacido, tu bebé, se comunica contigo. 
El llanto es su lenguaje. 
El bebé llorará hasta que respondas a lo que necesita.
Cuanto más tardes en darle respuesta, más difícil será calmarlo. 

Recuerda siempre el bebé no llora para incomodarte, para ponerte a prueba, para salirse con la suya o para hacerse el dueño de tu vida (que eso ya lo consigue sin una sola lágrima). Llora porque te necesita, y su llanto ha de ser atendido con amor y entrega. 


En tres sencillos pasos podrá orientarte para conocer el motivo del llanto de tu bebé: 

- Evita el ruido de fondo propio de un hogar (la televisión, la lavadora, el teléfono) y dispón el aparato cerca de tu bebé.
- Acércalo a menos de 30 cm del bebé y pulsa el botón del micrófono.
- A continuación se iluminará una de las ventanitas que tiene dibujado el motivo del llanto. 

¿Te solucionará la vida? Probablemente no. ¿Esto calmará de inmediato el lloro de tu bebé? Si actúas con rapidez seguramente te ayude. Los inicios nunca fueron sencillos, eso está claro. 





Recuerda siempre que tu amor y tu instinto serán los mejores aliados en la crianza de tu bebé. Pero que duda cabe que si surgen dudas, tenemos herramientas a nuestro alcance que nos pueden ayudar, siempre que sean respetuosas con nuestros bebés. Y en este caso, así es. 

Y además os traigo una promoción en Facebook gracias a la cual puedes ganar un viaje a Menorca. ¿Os animáis a participar? Pincha aquí y ¡a ver si hay suerte! Hay un sorteo el próximo 20 de septiembre. Si te vas de viaje, ¡cuéntamelo! y así me darás un poquito de envidia. 

¿Qué os parece Cry Translator?, ¿lo usaríais?

martes, 26 de agosto de 2014

Guarderías, conciliación y estrechez de miras

Estamos dando los últimos coletazos a Agosto y eso implica que nos estamos poniendo el chip de la vuelta al colegio, de la vuelta a la guarde o del inicio de la misma. Padres y madres ya van preparando calendarios, ordenando fechas y horarios para comenzar la maratón que supone el curso escolar.  Y muchas familias recurren a las guarderías o escuelas infantiles para poder compatibilizar el trabajo con tener hijos. Y por supuesto comienzan a llover artículos (da igual que sean recientes o de años pasados) como el que acabo de leer: Los pediatras recomiendan a los padres no llevar a los niños a la guardería antes de que cumplan los dos años

Quien me lee habitualmente sabe que yo no soy muy partidaria de guarderías, pero son necesarias nos gusten o no. En muchas ocasiones no se trata de una cuestión de elección sino de necesidad. En otras ocasiones se cree (desde mi punto de vista equivocadamente) que en la guardería "estarán mejor" que en casa. 

El caso es que los médicos han concluido que lo mejor es que los niños no pisen una guardería antes de los dos años. ¿Motivos? Estos niños sufren más enfermedades que aquellos que se quedan en casa con un cuidador (ya sean abuelos, otros familiares, etc). Seguro que a tus oídos ha llegado aquello de "cuanto antes vayan antes se inmunizan". Bueno, según los pediatras cuanto más tarde se incorporen a la guardería mayor tolerancia a los virus tendrá el niño. Por ejemplo, el riesgo de bronquiolitis no es el mismo en un bebé que en un niño de dos años. 

Y por supuesto está el tema de la socialización. Toda la vida criandonos en casa con el riesgo de convertirnos en asociales o incluso peor, ¡en psicópatas! y nosotros sin saberlo. Y el caso es que no hay tantos como pudiéramos temer, ¿no? Un niño criado en un ambiente familiar normal, con hermanos, primos, abuelos, parientes, amigos será un niño con una riqueza social que le permitirá una correcta adaptación cuando se incorpore a la guardería y/o colegio. No hay nada que temer. Además no debemos olvidar que en los primeros años de vida del niño la principal figura de apego es la madre o aquella persona que se ocupe de sus cuidados. Esto no es una moda ni me lo invento yo. La Naturaleza es así, nos guste más o menos. 

Pero, ¿cómo hacemos para que los niños no vayan a la guardería hasta los 2 años? Aquí es donde falla la ecuación. Está fenomenal que los pediatras, hartitos de ver a niños enfermos en sus consultas, niños que recaen una y otra vez en las mismas enfermedades, niños que vuelven (aún estando enfermos) de nuevo a las aulas porque sus padres no tienen más opciones, digan que esto no puede seguir así. Alguien tiene que poner un punto de cordura a todo esto. Pero claro, ¿cómo resolvemos el problema?

No todas las familias tienen el apoyo y ayuda de abuelos o familiares que acudan a echarles una mano. ¿Papá o mamá renuncian a su trabajo para poder atenderles esos primeros años? Hay quien puede hacerlo, yo misma lo hice un tiempo obligada por las circunstancias. Pero no todas las familias pueden permitírselo, las facturas y la hipoteca no se pagan solas. A veces un sueldo no es suficiente. Como ya sabemos esto sería posible con una política de Conciliación REAL, sin matices, sin falsedades. Una política que nos permitiera poder prolongar las bajas maternales al estilo europeo donde aún perdiendo parte del sueldo pudiera haber un mínimo que nos diera opciones. 

En España no tenemos opciones, o mejor dicho tenemos muy poquitas y todas pasan por esta pregunta: ¿tienes ayuda para criar a tus hijos? Si la respuesta es no, tus opciones se quedan en:

A. Guardería desde los 4 meses. 
B. Excedencia o renuncia al trabajo. 

En mi caso volví al trabajo cuando Rayo cumplió los cinco meses. Con una reduccción de jornada y unos abuelos dispuestos a ocuparse de mi hijo el tiempo que yo estuviera fuera pude mantener mi puesto de trabajo. Cuando cumplió un año, por cuestiones de salud, y tras pasar por una excedencia, tuve que renunciar a mi trabajo. Durante dos años me ocupé personalmente de cuidar y educar a mi hijo en exclusiva. Después retomé mi faceta laboral. Pero me consta que no todos pueden hacer algo así. Renunciar a trabajar es un lujo hoy en día. Criar no está contemplado como prioridad en esta sociedad

Poder elegir se supone que es uno de los grandes triunfos de La Mujer. Algunas piensan que la gran victoria es poder trabajar y tener las mismas aspiraciones que El Hombre. Será que yo tengo otra visión, porque para mi poder hacer lo que me de la gana es lo que me da poder. Elegí estudiar, elegí trabajar, elegí tener pareja y formar una familia, elegí volver al trabajo y elegí criar a mi hijo. 

Estos días circula por ahí un artículo detestable donde poco menos que se nos tacha a las madres que nos damos el lujo de elegir de palurdas y estrechas de miras. Paletas ancladas en otra época que somos felices haciendo magdalenas. Ignorantes que, fíjate tú, nos hemos atrevido a sacar los pies del tiesto, revelarnos contra esta sociedad alienada y borrega en la que vivimos. Tontainas que nos hemos rasgado las vestiduras, hemos dicho NO al régimen impuesto y hemos optado por hacer lo que nos da la gana, esto es criar personalmente a nuestros hijos, darles teta si nos da la gana, hacer bizcochitos porque nos sale de las narices y trabajar si nos da la gana. Lo peor es que este artículo lo firman dos mujeres, desconozco si tienen hijos y ciertamente poco me importa, porque yo no me meto en vidas ajenas. 

Lo que pasa que cuando te sales del tiesto molestas, cuando elijes ser diferente y seguir una corriente alternativa puedes ser hasta un riesgo para ese chiringuito tan bien montado que tienen algunos. Una buena amiga me dice siempre que le fastidia enormemente que algunas madres la intenten convencer que lo que ellas hacen (guardería, trabajo hasta las tantas de papá y mamá, enfermedades que vuelven o no se van, destetar precozmente sin motivos o necesidad, etc, etc, etc) es lo mejor ..... ¡¡¡para el niño!!! Bueno, no hay nada como convencerse a una misma y a las demás para evitar que las vocecitas interiores te martilleen la cabeza, ¿no?

Sea como sea, yo aquí no vengo a convencer ni a juzgar a nadie. A mi la opción que me parece más aceptable es la mía y por eso la he elegido. Porque me considero una persona coherente, yo en su día asumí unos valores, unas ideas e intento ser consecuente con ellas en todas las facetas de mi vida. Y en la maternidad no iba a ser menos. 

Y a estas señoras les diría, si me escucharan o leyeran, que la estrechez de miras no se da cuando una mujer elije libremente, sino cuando se sigue la corriente impuesta sin tan siquiera mirar a los lados y barajar otras opciones. 

En mi caso soy una mujer formada e informada y para colmo estoy rodeada, en esta secta maligna de la maternidad consciente, de mujeres sabias. Algunas como mi amiga Begoña con una brillante carrera profesional, y ahí la tienes dando teta a su hijo de dos años y medio. ¿Magia? no, realidad y de la buena. Otras como mi amiga Patricia que ha optado por trabajar desde casa para criar a sus hijos. O como la gran Eloísa que gracias a su negocio (con la maternidad como único telón de fondo) puede compatibilizar trabajo y crianza. Ellas son sólo un pequeño ejemplo de las grandes mujeres que me rodean, mujeres inteligentes, trabajadoras, maravillosas madres que un día comprobaron que había otras opciones y decidieron elegirlas. 

Elijas lo que elijas yo te respeto, lo que no entiendo es porque ese respeto no se extiende a todas las opciones posibles. 

miércoles, 6 de agosto de 2014

Salas de lactancia, ¿son necesarias?

Estamos en la Semana Internacional de la Lactancia Materna y estos días llueven las publicaciones y artículos relacionadas con el sabio don de amamantar. He leído cosas muy interesantes estos días, artículos nuevos y otros rescatados. Pero no he podido evitar fijarme especialmente en uno que habla de las salas de lactancia. 

De un tiempo a esta parte es habitual encontrarse en espacios públicos (centros comerciales, establecimientos, lugares de ocio, etc) con lugares habilitados para 'alimentar al bebé', ojo no para dar teta solamente, sino para alimentar y atender las necesidades higiénicas de los más pequeños: las salas de lactancia. Y sobre este tema he leído una publicación que ha generado cierto debate sobre su necesidad. ¿Realmente necesitamos un lugar especial para poder alimentar a nuestros hijos?

Antes de expresar mi opinión sobre este tema me gustaría denunciar la falta de salubridad que muchas madres hemos encontrado en estos lugares. He de confesar que yo nunca utilicé estas salas para dar el pecho a mi hijo. Yo he sido de las de 'aquí mismo' y me ha dado igual dónde estaba. Mi niño tenía hambre, pues a comer. Lo incorporé a mi rutina habitual, ya podía estar paseando, comprando, comiendo en un restaurante, o sentada en un banco del parque. Pero sí he accedido a ellas cuando ha sido necesario cambiarle el pañal, ponerle ropa limpia o similar. Y las impresiones no fueron muy agradables. Años después, con mi sobrina o los hijos de otras amigas, he vuelto a conocerlas y para mi triste sorpresa, no habían cambiado mucho. Salas poco iluminadas, pequeñas, donde además existen aseos que dejan un aroma nada agradable y cerradas a cal y canto para evitar que otras personas (porque mira que nos falta ética y respeto) accedan a ellas. La verdad, a mi nunca me resultaron agradables. Acabé prefiriendo cambiar a mi bebé en mis piernas o en su cochecito, donde me aseguraba mayor higiene, limpieza y hasta comodidad. 

Dicho esto, creo que es hora de abordar el tema más importante: ¿son necesarias? Cada mujer y cada madre es un mundo y tiene necesidades distintas. Hay mujeres que prefieren alimentar a sus cachorros en un ambiente más tranquilo, en soledad, bien porque se sienten más cómodas, o porque no les gusta ser objetivo de miradas curiosas o indiscretas. Otras, si dan el pecho, se sienten más protegidas en estas salas, evitando mostrar sus 'virtudes'. Por el contrario, otras (como yo en su día), no es que no sientan pudor, es que me sentía cómoda alimentando a mi bebé en cualquier parte. Por tanto si estas salas ayudan a que algunas madres se sientan mejor y amamanten a sus hijos, ¡apostemos por ellas! 

Pero eso no quita que sigamos trabajando en algo fundamental: Normalizar la lactancia. Ese debe ser el objetivo a alcanzar. Cuando ver a una madre amamantar sea contemplado como algo natural y normal, dejaremos de debatir estos temas. Y en vez de llamarlo sala de lactancia, a lo mejor podemos llamarla sala de bebés, entendida como un lugar limpio y cuidado donde poder atender las necesidades higiénicas o alimentarias de nuestros hijos. En vez de entenderla como el lugar donde una madre debe dar el pecho. 

Y tú, ¿utilizas o has utilizado las salas de lactancia?, ¿qué opinas de su necesidad?

lunes, 4 de agosto de 2014

Llega el verano y,… ¡al agua patos… y niños!


Cada época del año tiene su peculiaridad y protagonismo. En el verano, con el calor que soportamos en gran parte de esta, nuestra España (salvo mis queridos amigos norteños, cuánto os envidio), el plan al que toda madre recurre es ¡el agua! Playa, piscina, barreño, manguerazo o lo que se tercie, pero meter al niño a remojo y de paso refrescarte tú, aunque sólo sean los pinreles, es un imprescindible del verano, casi tanto como tener gazpacho en la nevera. ¿Quién no tiene gazpacho en la nevera?, ¿o en su defecto salmorejo?, ¿quién, quién? Nadie, pues igual con los críos, ¿quién es el valiente que no los tiene a remojo con la que está cayendo?

No es un secreto que a mi el verano ni fu, ni fa, no llevo bien el calor y se me derrite el cerebro, hasta tal punto que no soy capaz de hacer planes decentes y que mi hijo disfrute a tope. Con lo que el agua se convierte en mi aliado perfecto para convertir una tarde cualquiera en un divertimento sin igual.

Eso sí, si a tu chiquitín el agua le sobrepasa el ombliguillo toca ponerse manos a la obra y, o bien cargarse de manguitos, churros y flotadores por doquier, o bien pasar al plan B ... Sigue leyendo

lunes, 21 de julio de 2014

¿Muy mayores para demostrar nuestro amor?



Mira que veo poco la televisión pero uno de estos días me ha llamado la atención un anuncio de una conocida marca de coches donde aparece una pareja.... de mi edad (año arriba, año abajo) que van en su coche haciéndose arrumacos, intercambiando miraditas... y al final del anuncio se ve a los niños detrás decir algo así como "¿no sois muy mayorcitos para eso?". Me sorprendió la carita de asco que pone el niño al ver a sus padres besarse y me ha hecho pensar. 

En casa papá sin complejos y yo nos damos besos y caricias delante de Rayo sin ningún pudor, son muestras de amor que nunca hemos escondido, ¿por qué íbamos a hacerlo? Él está acostumbrado a vernos de esa guisa, a entrar en una habitación y vernos abrazados, a ver como nos besamos y no le parece extraño y desde luego no le da asquito (como al niño del anuncio). Y tiene una reacción bien distinta al niño de la tele (que echa su asiento hacia atrás con claro ánimo de alejarse de sus progenitores), en cuanto nos ve dándonos amor, ¡se une a la fiesta! Que ve un abrazo dice "abrazo a tres, abrazo a tres". Que nos ve dándonos un beso: "mamáaaaaaa que yo quiero también". Que llega a la cama por la mañana y estamos bien juntitos: "hacerme hueco". Y el amor de dos, se convierte en un amor de tres maravilloso

A mi niño no le parece extraño que sus padres se demuestres que se quieren, pero ahora que van siendo más mayores, ya he oído a alguno de sus amigos, al ver a alguna pareja por la calle besarse aquello de "anda mira, se están dando un beso, ¡qué asco!". Y recuerdo que Rayo se le quedó mirando como no comprendiendo bien por qué le daba asco. 

Creo que es muy importante que la familia demuestre su amor delante de los niños, no sólo con muestras afectivas sino también de palabra. Decir Te Quiero es un hábito al que no deberíamos renunciar nunca. No olvidemos que nuestros hijos aprenden lo que ven en casa. Si deseamos darles una saludable educación en este sentido, nada mejor que la naturalidad y la muestra de amor sin complejos ni tabúes. 

¿Qué opináis de este tema?, ¿cómo lo ven vuestros hijos?

martes, 15 de julio de 2014

Sanitarios y niños


Imaginaros que llegáis al hospital por urgencias, os encontráis fatal, tan mal que habéis tenido que ir a toda prisa para que os atienda un médico. Lógicamente no tenéis ganas de conversación, o de risas y mucho menos de bromas o de contarle a cualquiera que pregunte si te vas de vacaciones o cómo te va el trabajo. Pero a pesar de que estás en un hospital y no es por gusto, 'alguien' (llámese enfermera, auxiliar, médico o celador) se empeña en saber cosas de tu vida que realmente no le interesan, intenta hacerse el gracioso, el simpático y lo único que consigue es que te sientas peor porque no puedes ni quieres hablar más que lo necesario. 

Seguro que esta escena os parece increíble y seguro que no sucede cuando de adultos se trata. Pero si hay niños de por medio, entra dentro de lo habitual. Ahí estábamos hace unos días, en urgencias, contando que mi niño tenía una cefalea de varios días, vómitos y decaimiento severo, vamos que no tenía el cuerpo para muchas jotas, y tuvimos que soportar las tonterías de algunos y algunas que no sé si por hacerse los graciosillos o por intentar ganarse al niño, se empeñaban en hacer. ¿Desagradable? Mucho. 

Rayo no se anda con chiquitas ya, y a la mínima suelta un "déjame por favor", muy bien dicho por cierto, porque cuando no lo dice él ya lo digo yo. Si un niño está en el hospital no es precisamente para pasar el rato, y aunque tenga una fiebre o una gastroenteritis, no andan las criaturas para muchas bromas o mucha juerga. Así que, me pregunto yo, ¿es tan difícil dejarles en paz?

Una celadora nos llevaba a hacerle una radiografía y parecía que le habían dado cuerda, venga a preguntar al niño, me llegó a marear hasta a mi. Por no hablar de la doctora (una residente que aunque nos trató muy bien, no tenía ni idea de hablar con niños), que le hablaba como a un adulto de lo que tenía y de que se iba a quedar ingresado, mucho tacto sí, hasta que la expliqué que estas cositas a los niños se les dice poco a poco y no ahí a bocajarro. Y qué decir de la enfermera que entró sin previo aviso al box dando voces para que se pusiera el pijama y así poder cogerle la vía...... 

Señoras y señores sanitarios, por favor, un poco de tacto. Cierto es que Rayo no es un bebé, ya son 7 añazos, pero no deja de ser un niño, un niño asustado porque sabe lo que le espera y tiene miedo. Por fortuna, no todos son así, hay personal maravilloso que han tratado al niño con una dulzura increíble. Y que me han ayudado a mi a que todo sea más llevadero. A todos ellos, ¡gracias!

¿Os ha sucedido alguna vez con vuestros hijos?, ¡contadme!


lunes, 14 de julio de 2014

La sexta operación

Seis son ya las operaciones por las que Rayo ha pasado. Unas han sido más importantes y preocupantes, otras más rutinarias y llevaderas, pero seis han sido las veces que mi niño ha pasado por el quirófano. Ya no me preocupan las cosas habituales que seguramente a otras madres aterran: la anestesia, los días de ingreso, las cicatrices, el número de puntos. Para nosotros esto ya es pecata minuta. He olvidado los puntos que le han podido dar en ese cuerpecito desde que nació. Pero ahí está firme como una roca, poniéndose de pie tras cada caída. 

Esta vez ha sido todo inesperado, de un día para otro. El domingo regresábamos de pasar unos fabulosos días de playa y el lunes por la noche comenzó a sentirse mal: "mamá me duele la cabeza" y se dispararon todas las alertas. El martes no apareció ningún foco que justificase el dolor. Y al final del día el malestar era muy evidente. Y el miércoles ya era obvio que algo pasaba: decaimiento, dolor agudo, somnolencia, .... y nos fuimos directos al hospital. A las dos horas teníamos diagnóstico: se había desconectado el catéter de su válvula de derivación. La solución sabíamos cuál era, había que pasar por quirófano para reconectarlo y que todo volviera a la normalidad lo antes posible. Se hablará muy mal de la Sanidad Pública, pero la eficacia y rapidez del Hospital La Paz, donde llevan a Rayo, fue asombrosa. En menos de 12 horas solucionaron el problema, haciéndole pasar por quirófano. A última hora de la tarde le operaron y a las 10 de la noche ya estábamos de nuevo en planta. 

Sabíamos que esto podía ocurrir, son complicaciones 'habituales' fruto del crecimiento o de otras variables normales en un niño de esta edad. En el caso de Rayo la sintomatología aparece de inmediato. Todo fue muy rápido. De nuevo las vías, la medicación, los neurocirujanos, el quirófano, el dolor, los puntos, las curas, las noches en esos sillones infernales..... todo se repitió como en un bucle. Pero a pesar de que ya llevamos seis, a esto no te acostumbras... a perder a tu hijo de vista en la cama que le mete al quirófano, a esperar que despierte tras la anestesia, a que el médico emita su juicio sobre el estado del niño. Sabemos los pasos, nos los conocemos de memoria, cuando ocurre activamos la maquinaria que nos hace actuar casi como autómatas, pero no te acostumbras. 

Y de nuevo a empezar casi de cero, a comprobar que todo se ajusta como debe, que el niño retoma progresivamente su actividad, a curar a diario sus puntos, a acudir de nuevo al hospital, revisiones, y el siempre presente miedo. Ahora ya un miedo cansino y sordo que nos acompaña y nos acompañará siempre. 

Amigos y familia cuando le ven tan activo, tan 'normal', tan 'como sino pasara nada' nos repiten una y otra vez lo bien que está, cómo hemos dejado atrás los problemas, pero su padre y yo sabíamos que esto pasaría, que nuestro hijo no es tan 'como los demás' y que nuestros miedos por un simple dolor de barriga o de cabeza están justificados. Es lógico que no se comprenda. El mismo martes, trece horas antes de acudir a urgencias, estábamos con amigos que al verle me decían que no tenía mal aspecto y que seguro todo pasaría en un par de días. El olfato para esto sólo lo tenemos su padre y yo. Y sabemos que en pocas horas una simple molestia puede derivar en una visita urgente al hospital, como ha sucedido. 

Pero Rayo es fuerte, y ahí está, con dos costurones a nivel del cuello, tan feliz de la vida, enfadándose porque no le dejo bajar al parque a jugar al fútbol y lamentando no ir a la piscina para poder tirarse a bomba. Así es él, aprovechando cada momento. 

Esto ha sido una muesca más en nuestra hoja de ruta. Sabemos que vendrán otras pero está asumido. A veces siento rabia por no tener una vida más tranquila, y un dolor sordo por tener que ver por lo que ha de pasar mi hijo. Pero como no está en mis manos cambiarlo al menos haré que mi pequeño se sienta seguro y protegido cuando nos tengamos que enfrentar al próximo bache. 

Como siempre he estado muy apoyada: mi familia, mis amigas del alma que no me han dejado ni un segundo, mis amigos virtuales, incluso personas a quien no conozco me han enviado oraciones, buenas energías, cariño y apoyo. Y todo ello me sirve, os lo aseguro. Y os lo agradezco infinitamente. 

Ahora toca seguir, ya nos hemos vuelto a poner en pie, toca reanudar la marcha, pero no dudéis que aunque los primeros pasos serán dubitativos, avanzaremos con firmeza y con una gran sonrisa, teniendo claro que la vida hay que vivirla cada día, intensamente como hace Rayo.