lunes, 27 de abril de 2015

Música y Método Suzuki: aprender disfrutando


A nosotros la música nos conquistó hace ya mucho tiempo, siendo Rayo muy pequeño. Contaba dos años y yo buscaba actividades que poder disfrutar con él. Y digo disfrutar con él porque aspiraba a encontrar algo que pudiéramos compartir y hacer juntos. No me interesaban actividades donde dejarle y luego recogerle, ¡yo quería formar parte de lo que él hiciera! No fue fácil, di muchas vueltas, hace unos años no se estilaba tanto esto de madre-hij@ siempre juntos. Pero tuve la suerte de dar con una escuela estupenda que, no sólo abría sus puertas a los padres, sino que era requisito fundamental que nosotros formáramos parte de las clases. Me había topado con el Método Suzuki de música. 

No lo busqué, simplemente me lo encontré y supe que era perfecto para nosotros. Rayo era pequeño e inquieto así que decidí comprobar eso de que la música amansa a las fieras. Y en nuestro caso funcionó. Recuerdo un aula con 7 u 8 peques todos de entre 2-3 años y mi niño era el único sentado con la boca abierta delante de la profesora. Pero la magia se confirmó cuando meses después llegó Laura, con su flauta travesera y entonces Rayo se rindió del todo y tuvo claro que él quería ser flautista. Recuerdo la primera vez que la oyó tocar, ¡los ojillos se le salían de las órbitas!

Aquel primer año de iniciación musical pudimos confirmar que aquello iba a ser algo más que pasar una tarde en semana divertida. Después llegó el instrumento y por supuesto él eligió, ¿adivináis cuál fue? ;) Con 3 años hacía sus primeros pinitos con el pífano. Con 5 pasamos a la flauta con cabeza curvada, ¡cuánto le motivó pasar a la flauta de mayores! 

Rayo avanzaba, imparable, aprendía de oído, como manda el método. Y yo me quedaba alucinada viendo cómo él avanzaba: escalas, arpegios, pentagramas, ritmos, graves, agudos, piano, forte, tocando canciones de oído y sobre todo disfrutando, aprendiendo y pidiendo más. De las canciones más populares pasamos a conocer a Shubert, Bach y sus encantadores minuetos o piezas más complicadas como la Bourrée de Handel. 

Y de repente, con 7 años, había que empezar a pensar en pasar a un instrumento de verdad, a la flauta travesera de súper mayor. ¿Cómo habíamos llegado hasta aquí? Disfrutando, ahí está la clave. No tenemos exámenes, pruebas, no tenemos hitos que cumplir por obligación. El ritmo lo marca cada alumno, no se compara, no hay niveles, sólo hay música, ni más ni menos. ¡Y el método funciona! 

Este curso comenzó con un nuevo reto: el solfeo. Ahí empezó una crisis importante, no fue la primera ni la más dura (de eso ya os hablo otro día) pero fue determinante. Con esfuerzo conseguimos superarla, se rindió a los pentagramas y comprendió que la música se puede leer.

Y este fin de semana hemos tenido la suerte de disfrutar de un encuentro maravilloso, donde niños de flauta travesera y clarinete de varias ciudades y escuelas se han reunido para tocar, para seguir aprendiendo y disfrutar, todos juntos, de su amor por la música. Como siempre, los padres hemos podido disfrutar a su lado. Somos piezas fundamentales, apoyo de niños y profesores, maestros también sobre todo en los inicios. Y ahí estaba mi chico, con su flauta de mayor, tocando con niños como él, disfrutando de una reunión donde música y juego van de la mano. 

Una vez me dijo que no entendía por qué de sus amigos, o de sus compañeros del cole, era el único que tocaba la flauta. Se sentía diferente. Pero encuentros de este tipo hace que se sienta como en casa, donde se refuerza su amor por la música, sus ganas de seguir aprendiendo.

Cuando estábamos llegando me dijo "mamá siento mariposas en el estómago, creo que estoy emocionado". Y cuando finalizamos ayer tarde lo tenía claro "estoy agotado pero tengo muchas ganas de repetir". La música ya forma parte de su vida y han creado un vínculo precioso. 

En próximos posts os hablaré más del Método Suzuki, de cómo se utiliza con niños discapacitos, de sus muchas ventajas. ¿Habíais oído hablar de este método?, ¿conocéis a alguien que lo siga?

lunes, 20 de abril de 2015

Reorganizar, compartir y delegar: las claves de una madre


Hace tiempo que me quejo de la falta de tiempo, de ir siempre con la lengua fuera. La verdad que para mi, por mi carácter o mi forma de ser, esa manera de vivir me mina el ánimo. Sé que es a lo que casi todos estamos condenados, pero me resisto a conformarme y asumir que esto es lo que toca. 

¿Cómo mejorar eso? No es fácil, vivimos entre rutinas que nos comen. Pero soy de la opinión que siempre es posible hacer algo. Da igual si es poco o mucho, pero algo es algo, y algo es mejor que nada.

Estaba claro que debía ordenar un poquito mis días y ver cómo podía optimizar mi tiempo de tal manera que no tuviera que estar siempre con la atención en mil sitios. Necesitaba reorganización. Después de un par de semanas de dar algunas vueltas y ajustar me siento un poco más despejada. No es que haya hecho grandes cambios pero me he dado algunos respiros que me vienen muy bien.

Os cuento algunas de las cosas que he hecho:
  • Me levanto 20 minutos antes para no tener que correr desde primera hora de la mañana. Eso implica que la gran mayoría de los días caigo rendida en cuanto Rayo se va a la cama. ¿Qué significa eso?, ¿no poder ver alguna de las series que papá sin complejos y yo seguimos?, bueno asumo la pérdida ;) Pero ese tiempo extra matutino me da mucha vidilla.
  • Al ganar tiempo tan temprano, implica que cuando Rayo llega del cole la mayoría de los días tengo casi todo mi trabajo terminado. Un par de pinceladas aquí o allá y puedo cerrar el ordenador. 
  • A veces el ordenador se queda encendido lo cual, y sin darme cuenta además, hacía que me ocupara de cosillas del trabajo. He puesto un horario límite, pasado el cual, las aplicaciones y correo del trabajo se cierran.
  • Mi móvil pasó a mejor vida hace un par de semanas y, sinceramente, no he querido gastarme un pastizal en otro, no es el mejor momento. Así que he rescatado uno antiguo y con menos prestaciones que había por casa. Resultado: menos vida 2.0 a favor de la 1.0. Cuando te pasa algo así te das cuenta de la cantidad de tiempo que dedicas a la vida online. Menos pantalla y más vida.
  • Entre cole y extraescolares, aprovechando ese ratillo, hacía la compra en el supermercado. ¡¡Mal fatal!! Implicaba correr y correr. Así que ¡se acabó! Los productos frescos los compro un día entre semana tranquilamente por la tarde después de recoger al peque de fútbol. Vamos los dos sin prisa, que las tiendas están de camino a casa. Y la compra del súper se hace el fin de semana despacito, recorriendo los pasillos con el carrito, en familia, sin listas de la compra, viendo lo que se necesita. Y luego cargándola todos, que mi hombro derecho ha estado hecho polvo por culpa de ser muy burra.
  • Un par de días entre semana, al menos, un poco de ejercicio: una caminata a buen ritmo durante -como poco- 30 minutos, no es mucho pero es un objetivo que puedo conseguir fácilmente. Un poco de yoga en casa. Y cuando no se puede, ¡meditación! Si no la has probado, te lo recomiendo. No hace falta saber o tener mucha técnica, escoge un poco de música relajante, cierra los ojos y desconecta, no pienses, sólo respira y sumérgete en la música.
  • La comida del día siguiente, mejor hacerla por la noche. Mientras hago la cena, organizo gran parte de la comida de mañana. Eso supone ahorro de tiempo. Mientras estamos en la cocina, charlamos, nos ponemos al día papá sin complejos y yo y organizamos todo juntos. De este modo, además, él puede llevarse un rico tupper de comida casera al trabajo, lo que nos ahorra dinero.
  • Un día entre semana café con amigas. ¡La desconexión, las risas y el buen rollo son la mejor terapia! 
  • El fin de semana no se hizo para hacer mil planes con los niños. Ellos también necesitan descansar y tener tiempo hasta para aburrirse. Está bien organizar un par de cosas pero yo al menos necesito echarme algún día la siesta, no ir todo el día mirando el reloj. Habrá días con más planes pero si un finde necesitáis relax, no lo dudéis, ¡descansad! Si al final nuestros hijos con un rato de parque, un poco de juego con papá y mamá, son felices.
Ni que decir tiene que reorganizar mis rutinas hace que esté más tranquila, más serena y pueda disfrutar mucho más de mis ratos con Rayo. Las tardes son para pensar sólo en lo que tenemos que hacer juntos, intentando olvidarnos de las obligaciones y de las prisas de mamá. 

Son pequeñas cosas, pero me he dado cuenta que intentaba asumir demasiado, y todos tenemos un límite que no debemos sobrepasar. A veces incluso culpamos a nuestras parejas, a la no-conciliación, a la falta de ayuda. Pero la realidad es que nosotras mismas debemos pisar el freno, no exigirnos tanto y ser conscientes de hasta dónde podemos llegar. 

jueves, 16 de abril de 2015

Salud bucodental en los niños, ¿ha llegado la hora de poner aparato?


Nuestros hijos se hacen mayores y toca realizar revisiones para confirmar que todo progresa adecuadamente. Y una de las imprescindible es la visita al dentista. La primera revisión de Rayo se hizo cuando contaba 4 añitos y fue porque uno de los paletos se le había oscurecido fruto de un par de golpes con mala fortuna. Ya ahí confirmamos que gozaba de buena salud bucodental. Una visita temprana al odontopediatra es siempre recomendable pues muchos peques comienzan a tener caries en estas edades y cuanto antes se corrija el problema mejor. 

A partir de los 6 años y hasta los 12, en la Seguridad Social, podemos beneficiarnos del programa de Salud Bucodental. En dichas revisiones confirman cómo va todo, comprueban si los dientes están sanos, si han aparecido caries, sellan las 4 muelas definitivas y te van dando pautas sobre las necesidades de los chiquillos. 

En la última revisión de Rayo, el dentista ya nos adelantó que tenía la mordida cruzada y por cómo tenía un par de dientes (cada uno crece como le da la gana) nos recomendó acudir a un ortodoncista para valorar la necesidad de poner un aparato. Eso ya no te lo cubre la Seguridad Social ;) 

Dicho y hecho, tras confirmar que el chico tiene unos dientes sanísimos, la visita a Ortodoncia no se ha hecho esperar y ya le han valorado. Mordida cruzada y falta de espacio para el crecimiento de los caninos definitivos hacen necesario poner un aparato durante doce meses. 

Algunas personas me han preguntado sino es un poco pronto para poner el aparato, pero según el tipo que sea parece que no. Hay dos tipos de ortodoncia: 


  • Aparatos removibles, de quitar y poner. No son aparatos fijos sino que necesitan un mínimo de horas puestos para que la corrección se vaya produciendo. Se usan especialmente para corregir defectos oseos (paladar ojival), mordida cruzada. Es fundamental que el niño sea colaborador y comprometido pues necesitará llevarlo por la noche y entre 4-6 horas durante el día. A partir de los 7 años, si se detecta algún problema, se pueden utilizar. ¿Cuánto cuesta? El tratamiento tiene un coste aproximado de entre 1.000 - 1.500 euros. Dependerá del dentista, materiales a utilizar y tiempo definitivo del tratamiento (puede oscilar entre 12 y 18 meses).
Aparato de ortodoncia removible

  • Aparatos fijos. Son los conocidos brackets, que se ajustan diente a diente. Se intenta conseguir con ellos una oclusión perfecta para que cada diente quede colocado en su sitio. No se pueden poner hasta que el niño tenga los dientes definitivos. ¿Cuánto cuesta? Entre 2.500-2.800 euros. Dependerá de materiales y tiempo final del tratamiento. Esta es sólo una cifra orientativa.
Aparato de ortodoncia fijo


Rayo tiene 8 años, aún tiene dientes de leche, por lo que su problemática quedará resuelta con un aparato removible. Él está contento, sobre todo porque podrá quitárselo para jugar al fútbol o para tocar la flauta. Le preocupaba que pudieran darle un balonazo en la boca o que no pudiera tocar bien. Siempre tan responsable ;) 

La próxima semana toca hacer el estudio definitivo para elaborar su aparato y nos darán el presupuesto final. ¡Hay que rascar el bolsillo! Ya sabemos que barato no es. 

¿Y vosotros?, ¿lleváis a vuestros hijos a sus revisiones bucodentales?


Información obtenida de:
Cuáles son los tipos de ortodoncia para niños 
Tipos de aparatos de ortodoncia para los niños
Los aparatos de ortodoncia

lunes, 13 de abril de 2015

Pros y contras de trabajar desde casa


No sé cuántas veces me han dicho eso de "trabajas desde casa, ¡¡qué suerte!!" Y sí, algunas veces es una suerte. Pero no es oro todo lo que reluce y no lo digo yo, en esto coincidimos muchos de los que desempeñamos nuestra jornada laboral al amparo del hogar. 

Así que se me ocurre hace una lista de pros y otra de contras y os animo a alimentarla. A vuestros ojos qué es lo mejor y lo peor de trabajar sin salir de casa. Aquí os dejo mis listas.


Lista de pros

  1. Flexibilidad horaria en la mayoría de las ocasiones. Si te gusta madrugar puedes ponerte el reloj a la hora que canta el gallo. Y si eres de hábitos nocturnos puedes trasnochar agusto. 
  2. El ritual de elegir el modelito del día/vestirse/pintarse te lo puedes saltar. Un gran alivio, al menos para mi.
  3. En consecuencia, ahorras dinero en ropa. No es que te valga cualquier cosa, pero cuando trabajas en la oficina una debe mantener la apariencia ;) 
  4. ¿Un día de catarro? Siempre puedes llevarte el portátil a la cama.
  5. Ayuda a conciliar trabajo/familia.
  6. Si el niño se pone malito, no tienes que elaborar un plan estratégico para dejarle con "alguien" antes de irte a trabajar. 
  7. Si el niño sigue malito, puede quedarse en casita recuperándose evitando así las indeseables recaídas. 
  8. En caso de vacaciones escolares, días libres porque sí o similar, no problem, mami está en casa.
  9. Si los críos van siendo mayorcitos, entienden que te toca currar y hasta puedes sentarte al ordenador con ellos por casa (consejo, si no tienen hermanos, como en mi caso, llévate a un amiguito a casa y así podrás acabar eso tan urgente que tienes que entregar).
  10. Los mensajeros te adorarán porque te pillan en casa a la hora que pasan (es decir, a la hora que a ellos les da la gana).

Lista de contras
  1. La flexibilidad implica que muchos días estás pringada hasta las orejas porque parece que no acabas nunca. Un ratito por la mañana, otro ratito después de comer, entre cole y actividad extraescolar o si algo falla, ya si eso acabo por la noche. Lo dicho, todo el puto día pringada.
  2. Como te despistes andas en pijama todo el día. Y eso va fatal para la autoestima. Mirarse en el espejo a la 1 de la tarde y ver la pinta de recién levantada no mola nada.
  3. Puedes acabar de uniforme a elegir entre pijama-bata o chándal.
  4. Si te pones enfermo, te fastidias, como estás en casa, puedes trabajar hasta sentado en el WC. 
  5. La conciliación, osea atender y cuidar de tus hijos, recae enteramente a tus espaldas. Como estás en casa.....
  6. Si los niños caen enfermos, prepárate a aprovechar las noches a saco porque serán los únicos momentos que tengas disponibles para sacar tu trabajo adelante. 
  7. ¿Vacaciones? lo mismo te digo, las noches serán tu espacio vital y sin copas, ¡que conste!
  8. La soledad. Hay días que hasta que tu pareja no llega a casa no hablas con ningún adulto. No vale whatsupp, chats, ni redes sociales. El café entre compañeros, el cotilleo de la oficina, las reuniones, el interactuar con el mundo vaya, eso se echa de menos. 
  9. Es difícil superar la tentación de atender otras tareas, especialmente las domésticas. ¡No vale hacer un descansito para poner la lavadora!
  10. Algunas personas no entienden que trabajar desde casa no implica estar siempre disponible. Aunque estés en casa, tienes una jornada de trabajo como todo el mundo que ha de ser respetada. 


En mi caso adaptarme a esta modalidad de trabajo no fue sencillo. Pero ya llevo un tiempo y me he impuesto unas normas que intento no saltarme para poder aprovechar al máximo mi jornada laboral cada día y seguir siendo una persona cuerda. 

  • El pijama no es aceptado como vestimenta de trabajo. Me levanto muy muy temprano. Y lo único que me permito hacer en pijama es desayunar mientras organizo mi agenda del día. Después ducha y ropa de calle. 
  • El tener que llevar al niño al colegio te obliga a vestirte claro. ¡Pero me niego a ir cada día en ropa de deporte! Intento no caer en el chándal o en la falta de cuidado. No me niego un brochazo  o un poco de color en los labios. Y salvo algún mal día, pelo limpio y arreglado. Eso de todo vale es mejor desterrarlo.
  • Madrugar mucho me permite sacar una hora o más para organizar mi agenda y mi jornada. De este modo, nada más dejarlo en el colegio puedo dedicarme de lleno a las tareas del día sin más distracciones. 
  • El grueso del trabajo lo hago mientras Rayo está en el cole. 
  • Imponerse un horario fijo (aunque abierto a la flexibilidad según las necesidades de cada día) es fundamental. En ese horario no caben distracciones. Prohibidas tareas domésticas. De eso ya te encargarás -o tu pareja- más tarde. 
  • Al menos una vez en semana intento tomarme un café o lo que se tercie con mis amigas para tener ese momento social que no se tiene trabajando de este modo. No es difícil si las madres de los amigos de tu hijo son tus coleguitas. Los niños juegan, las madres compartimos un café y todos tan contentos. 
  • Las tareas domésticas son compartidas porque, aunque en casa, también trabajo. Aún así, al final asumes más. Y la señal de que te estás pasando es que te desmoronas. En ese momento hay para parar, reorganizar y delegar.
Es vuestro turno, ¿algún pro o contra que consideréis debamos añadir? Y alguna norma que seguís a rajatabla en vuestro día a día que os hace más sencillo el trabajo?

viernes, 10 de abril de 2015

Seguridad infantil en el coche: esto no es un juego


La puerta del colegio, ese lugar que podría alimentar un blog entero. No me lo negaréis, es el sitio idóneo para encontrar inspiración. Debería plantearme una sección titulada anécdotas a la puerta del cole o algo así. ¿Votos a favor?

Hacía tiempo que quería poner a caldo escribir sobre una pareja que cada día recoge a sus hijos. Se trata de una pareja algo mayor con dos niños en Infantil, uno en primero y otro en tercero. Mamá trabaja en la farmacia del barrio, y como tenemos la jornada intensiva justo puede salir a las 2 a recoger a los peques, comer en casa con ellos para después abrir la farmacia de nuevo por la tarde. Papá es taxista, y acude cada día a la hora en punto para poder ver un ratillo a los peques y así recogerlos con el coche. ¿A que a priori son ideales de la muerte? 

Bueno pues esta pareja ejemplar, que luce sonrisa profiden en todo momento, y se hacen carantoñitas cada día en la puerta mientras esperan poder entrar a recoger a la prole tienen un fallito a considerar. Montan a los niños en el flamante taxi de papá y tal cual se los llevan a casita a comer. Ni sillas de seguridad adecuadas a su edad, ni alzadores, ni tan siquiera el cinturón de seguridad aunque les quede grande. ¡Nada de nada! Tal cual mami cierra la puerta trasera, papi arranca tan contento. Unas veces los nenes van sentados en los sillones, otras mami lleva a uno cogido encima. Y ahí se va la happy family tan contentos, con sus relucientes sonrisas, incumpliendo toda medida de seguridad y protección. 

Pero vamos a ver, ¿a estas alturas no nos hemos enterado de la importancia que tiene llevar a los niños bien sujetos en el coche? Oiga que no me lo invento yo, que tampoco es una moda. Según datos oficiales el mayor índice de muertes infantiles se producen en accidentes de tráfico.

Como padres estamos obligados a proteger la vida de nuestros hijos. No se trata sólo de darles la mano cuando cruzan la calle, de velar por ellos cuando están en el parque. Montar a un niño en un coche ya es un riesgo. Por ese motivo hay una normativa muy estricta, que es revisada periódicamente, que pretende garantizar la seguridad de los más pequeños. 

Ningún padre, madre o familiar debería montar a un niño en el coche sin la debida protección. No conocer los riesgos no te exime de la responsabilidad. ¿Y si sucede un accidente? ¿Sabes cuáles podrían ser las gravísimas consecuencias? Y la pregunta del millón, ¿te lo perdonarías?


Si quieres saber más
Legislación en materia de seguridad vial para transporte de niños en coche
Legislación sobre asientos para niños en España
Sistemas de retención infantil
La silla que cuida

lunes, 30 de marzo de 2015

Productos para toda la familia: lo mío es suyo y lo suyo es mío


Cuando te conviertes en madre tu cuarto de baño se divide en secciones: para él, para ella, para el bebé. Con el paso del tiempo el caos presidirá tu baño (y probablemente el resto de tu casa) y ya nada será igual. Pero esa mezcolanza de productos te hará descubrir que muchos de los productos que tú usas le irán de maravilla a tus hijos y viceversa. 

Te cuento algunas de las cosas que he ido descubriendo:
  • Arcilla verde. Hace años que forma parte de mi kit básico de belleza y cuidado facial. Hace un tiempo descubrí que tiene otros muchos usos para los más pequeños: alivia de forma muy eficaz las irritaciones del pañal, muy útil cuando aparecen eczemas pues restablece la capa natural de la piel, ante picaduras de insectos porque rebaja la inflamación de forma instantánea. Estos son algunos de sus usos. ¿Tú sabes de alguno más?
  • Aceite de rosa mosqueta. Este imprescindible producto me lo descubrió la matrona que me atendió en el embarazo de Rayo. Me lo recomendó para la herida y después cicatriz de la episiotomía. Ni que decir tiene que me fue estupendamente. Posteriormente lo empecé a utilizar ante cicatrices de granitos, pequeñas heridas o irritaciones. Y eso mismo he hecho con Rayo, nos ha ido fenomenal para las cicatrices de sus operaciones, pero también para pequeñas (o grandes) heridas de guerra y hasta picaduras.
  • Crema Nivea de lata azul. Es la crema universal para toda la familia. Nos gusta a todos por su eficacia, por su aroma, por su suavidad y porque deja la piel maravillosa. Fue un imprescindible durante mi embarazo, gracias a esta crema y al aceite de almendras dulces ni una estría apareció en mi inmensa barriga.
  • Arnica. O lo que es lo mismo la barrita para los golpes. ¿Quién no lleva una en el bolso? Es perfecta para cualquier golpe que se den los niños, y ya sabemos que suelen ser unos cuantos. Pero como yo también me doy alguno que otro, un día se me ocurrió probarla y ¡va de maravilla! A mi enseguida me salen grandes moratones y aplicando un par de veces la barrita mágica evitarás la hinchazón y el morado. Así que no lo dudéis ante el mínimo golpe, un poco de arnica obrará el milagro. 
  • Toallitas húmedas. Nunca antes había usado este producto, me limitaba a llevar en el bolso un buen arsenal de clínex, pero desde que Rayo nació ya no puedo vivir sin ellas. Ya no usamos esos paquetes de toallitas para el culete enormes, sino que ahora llevo un cómodo paquete multiusos: para ir al baño, para limpiar restos de porquerías varias, para adecentar manos antes de la merienda en el parque. 
  • Una colonia fresca. Me chiflan los perfumes, es uno de mis pequeños vicios (confesables). Pero no siempre va a ir una oliendo a fragancia de las caras. Así que una alternativa que me encanta es utilizar las colonias que Rayo ha usado desde bebé. Mi preferida es Baby Cologne de Suavinex. Es muy divertido cuando los dos juntos en el baño nos perfumamos ;) 
¿Te ha pasado algo parecido?, ¿qué productos has descubierto que tienen múltiples usos gracias a la maternidad?

martes, 17 de marzo de 2015

Recuerdos infantiles que se convierten en pesadillas


Rayo tenía año y medio, casi dos, cuando en el edificio de enfrente se produjo un incendio grave. El fuego se originó en el salón de un piso y fue tan tremendo que rápidamente se extendió al piso de arriba y afectó, de rebote, a otros dos pisos antes de que los bomberos llegaran. Las llamas se veían salir por las ventanas, el humo negro, los bomberos sacando a dos familias por las terrazas. El espectáculo fue tremendo. 

Era de noche, pero no había prisa por acostar a Rayo, eran aquellos tiempos de largas siestas de 3 horas y horarios flexibles. Así que estaba allí con nosotros cuando todo sucedió. Y lo vió, vaya si lo vio. Él quería ver que pasaba y yo, inocente o pava, no sé, le cogí en brazos mientras miraba lo que sucedía. 

Mi peque pudo ver las llamas, el fuego salir por la ventana, los bomberos llegar, apagarlo, sacar a los vecinos. No hubo daños personales, aunque sí materiales. Y el niño lo vio todo. 

No ha sido hasta tiempo después cuando nos hemos dado cuenta cómo le afectó aquella experiencia. Rayo no es un niño temeroso, pero le aterra el fuego. Le da miedo hasta tal punto que si enciendo una vela aromática y él se va a dormir, se encarga de dejarlo todo bien apagado aunque sepa que yo seguiré estando en el salón. Se ha llegado incluso a levantar de la cama para asegurarse que la vela estaba bien apagada. 

Y de vez en cuando, aquellos recuerdos se tornan en pesadillas, como ha sucedido esta noche. Se ha despertado en mitad de la noche porque había soñado que se incendiaba nuestra casa. Ese es su gran y casi único miedo: ver arder nuestra casa.

Es curioso como los recuerdos infantiles se pueden llegar a convertir en miedos y, por supuesto, en pesadillas. Él no recuerda vívidamente ver las llamas o el piso arder. Tiene vagas imágenes en su memoria, pero nada más. El subconsciente lo tiene ahí guardado y lo ha transformado en miedo y malos sueños. Un miedo que le ha vuelto sumamente consciente y responsable, todo sea dicho de paso. 

Por eso ahora a veces me arrepiento de haberle dejado ver aquello. Me hace gracia cuando muchos padres o abuelos, ante un niño de corta edad (1 ó 2 años) dicen aquello de "si no se da cuenta". Pues sí, amigos míos, ¡se dan cuenta de todo! Y para muestra un botón.

¿Os ha pasado algo similar a vosotros? ¿Alguna experiencia o recuerdo ha influido en vuestros hijos?