lunes, 21 de julio de 2014

¿Muy mayores para demostrar nuestro amor?



Mira que veo poco la televisión pero uno de estos días me ha llamado la atención un anuncio de una conocida marca de coches donde aparece una pareja.... de mi edad (año arriba, año abajo) que van en su coche haciéndose arrumacos, intercambiando miraditas... y al final del anuncio se ve a los niños detrás decir algo así como "¿no sois muy mayorcitos para eso?". Me sorprendió la carita de asco que pone el niño al ver a sus padres besarse y me ha hecho pensar. 

En casa papá sin complejos y yo nos damos besos y caricias delante de Rayo sin ningún pudor, son muestras de amor que nunca hemos escondido, ¿por qué íbamos a hacerlo? Él está acostumbrado a vernos de esa guisa, a entrar en una habitación y vernos abrazados, a ver como nos besamos y no le parece extraño y desde luego no le da asquito (como al niño del anuncio). Y tiene una reacción bien distinta al niño de la tele (que echa su asiento hacia atrás con claro ánimo de alejarse de sus progenitores), en cuanto nos ve dándonos amor, ¡se une a la fiesta! Que ve un abrazo dice "abrazo a tres, abrazo a tres". Que nos ve dándonos un beso: "mamáaaaaaa que yo quiero también". Que llega a la cama por la mañana y estamos bien juntitos: "hacerme hueco". Y el amor de dos, se convierte en un amor de tres maravilloso

A mi niño no le parece extraño que sus padres se demuestres que se quieren, pero ahora que van siendo más mayores, ya he oído a alguno de sus amigos, al ver a alguna pareja por la calle besarse aquello de "anda mira, se están dando un beso, ¡qué asco!". Y recuerdo que Rayo se le quedó mirando como no comprendiendo bien por qué le daba asco. 

Creo que es muy importante que la familia demuestre su amor delante de los niños, no sólo con muestras afectivas sino también de palabra. Decir Te Quiero es un hábito al que no deberíamos renunciar nunca. No olvidemos que nuestros hijos aprenden lo que ven en casa. Si deseamos darles una saludable educación en este sentido, nada mejor que la naturalidad y la muestra de amor sin complejos ni tabúes. 

¿Qué opináis de este tema?, ¿cómo lo ven vuestros hijos?

martes, 15 de julio de 2014

Sanitarios y niños


Imaginaros que llegáis al hospital por urgencias, os encontráis fatal, tan mal que habéis tenido que ir a toda prisa para que os atienda un médico. Lógicamente no tenéis ganas de conversación, o de risas y mucho menos de bromas o de contarle a cualquiera que pregunte si te vas de vacaciones o cómo te va el trabajo. Pero a pesar de que estás en un hospital y no es por gusto, 'alguien' (llámese enfermera, auxiliar, médico o celador) se empeña en saber cosas de tu vida que realmente no le interesan, intenta hacerse el gracioso, el simpático y lo único que consigue es que te sientas peor porque no puedes ni quieres hablar más que lo necesario. 

Seguro que esta escena os parece increíble y seguro que no sucede cuando de adultos se trata. Pero si hay niños de por medio, entra dentro de lo habitual. Ahí estábamos hace unos días, en urgencias, contando que mi niño tenía una cefalea de varios días, vómitos y decaimiento severo, vamos que no tenía el cuerpo para muchas jotas, y tuvimos que soportar las tonterías de algunos y algunas que no sé si por hacerse los graciosillos o por intentar ganarse al niño, se empeñaban en hacer. ¿Desagradable? Mucho. 

Rayo no se anda con chiquitas ya, y a la mínima suelta un "déjame por favor", muy bien dicho por cierto, porque cuando no lo dice él ya lo digo yo. Si un niño está en el hospital no es precisamente para pasar el rato, y aunque tenga una fiebre o una gastroenteritis, no andan las criaturas para muchas bromas o mucha juerga. Así que, me pregunto yo, ¿es tan difícil dejarles en paz?

Una celadora nos llevaba a hacerle una radiografía y parecía que le habían dado cuerda, venga a preguntar al niño, me llegó a marear hasta a mi. Por no hablar de la doctora (una residente que aunque nos trató muy bien, no tenía ni idea de hablar con niños), que le hablaba como a un adulto de lo que tenía y de que se iba a quedar ingresado, mucho tacto sí, hasta que la expliqué que estas cositas a los niños se les dice poco a poco y no ahí a bocajarro. Y qué decir de la enfermera que entró sin previo aviso al box dando voces para que se pusiera el pijama y así poder cogerle la vía...... 

Señoras y señores sanitarios, por favor, un poco de tacto. Cierto es que Rayo no es un bebé, ya son 7 añazos, pero no deja de ser un niño, un niño asustado porque sabe lo que le espera y tiene miedo. Por fortuna, no todos son así, hay personal maravilloso que han tratado al niño con una dulzura increíble. Y que me han ayudado a mi a que todo sea más llevadero. A todos ellos, ¡gracias!

¿Os ha sucedido alguna vez con vuestros hijos?, ¡contadme!


lunes, 14 de julio de 2014

La sexta operación

Seis son ya las operaciones por las que Rayo ha pasado. Unas han sido más importantes y preocupantes, otras más rutinarias y llevaderas, pero seis han sido las veces que mi niño ha pasado por el quirófano. Ya no me preocupan las cosas habituales que seguramente a otras madres aterran: la anestesia, los días de ingreso, las cicatrices, el número de puntos. Para nosotros esto ya es pecata minuta. He olvidado los puntos que le han podido dar en ese cuerpecito desde que nació. Pero ahí está firme como una roca, poniéndose de pie tras cada caída. 

Esta vez ha sido todo inesperado, de un día para otro. El domingo regresábamos de pasar unos fabulosos días de playa y el lunes por la noche comenzó a sentirse mal: "mamá me duele la cabeza" y se dispararon todas las alertas. El martes no apareció ningún foco que justificase el dolor. Y al final del día el malestar era muy evidente. Y el miércoles ya era obvio que algo pasaba: decaimiento, dolor agudo, somnolencia, .... y nos fuimos directos al hospital. A las dos horas teníamos diagnóstico: se había desconectado el catéter de su válvula de derivación. La solución sabíamos cuál era, había que pasar por quirófano para reconectarlo y que todo volviera a la normalidad lo antes posible. Se hablará muy mal de la Sanidad Pública, pero la eficacia y rapidez del Hospital La Paz, donde llevan a Rayo, fue asombrosa. En menos de 12 horas solucionaron el problema, haciéndole pasar por quirófano. A última hora de la tarde le operaron y a las 10 de la noche ya estábamos de nuevo en planta. 

Sabíamos que esto podía ocurrir, son complicaciones 'habituales' fruto del crecimiento o de otras variables normales en un niño de esta edad. En el caso de Rayo la sintomatología aparece de inmediato. Todo fue muy rápido. De nuevo las vías, la medicación, los neurocirujanos, el quirófano, el dolor, los puntos, las curas, las noches en esos sillones infernales..... todo se repitió como en un bucle. Pero a pesar de que ya llevamos seis, a esto no te acostumbras... a perder a tu hijo de vista en la cama que le mete al quirófano, a esperar que despierte tras la anestesia, a que el médico emita su juicio sobre el estado del niño. Sabemos los pasos, nos los conocemos de memoria, cuando ocurre activamos la maquinaria que nos hace actuar casi como autómatas, pero no te acostumbras. 

Y de nuevo a empezar casi de cero, a comprobar que todo se ajusta como debe, que el niño retoma progresivamente su actividad, a curar a diario sus puntos, a acudir de nuevo al hospital, revisiones, y el siempre presente miedo. Ahora ya un miedo cansino y sordo que nos acompaña y nos acompañará siempre. 

Amigos y familia cuando le ven tan activo, tan 'normal', tan 'como sino pasara nada' nos repiten una y otra vez lo bien que está, cómo hemos dejado atrás los problemas, pero su padre y yo sabíamos que esto pasaría, que nuestro hijo no es tan 'como los demás' y que nuestros miedos por un simple dolor de barriga o de cabeza están justificados. Es lógico que no se comprenda. El mismo martes, trece horas antes de acudir a urgencias, estábamos con amigos que al verle me decían que no tenía mal aspecto y que seguro todo pasaría en un par de días. El olfato para esto sólo lo tenemos su padre y yo. Y sabemos que en pocas horas una simple molestia puede derivar en una visita urgente al hospital, como ha sucedido. 

Pero Rayo es fuerte, y ahí está, con dos costurones a nivel del cuello, tan feliz de la vida, enfadándose porque no le dejo bajar al parque a jugar al fútbol y lamentando no ir a la piscina para poder tirarse a bomba. Así es él, aprovechando cada momento. 

Esto ha sido una muesca más en nuestra hoja de ruta. Sabemos que vendrán otras pero está asumido. A veces siento rabia por no tener una vida más tranquila, y un dolor sordo por tener que ver por lo que ha de pasar mi hijo. Pero como no está en mis manos cambiarlo al menos haré que mi pequeño se sienta seguro y protegido cuando nos tengamos que enfrentar al próximo bache. 

Como siempre he estado muy apoyada: mi familia, mis amigas del alma que no me han dejado ni un segundo, mis amigos virtuales, incluso personas a quien no conozco me han enviado oraciones, buenas energías, cariño y apoyo. Y todo ello me sirve, os lo aseguro. Y os lo agradezco infinitamente. 

Ahora toca seguir, ya nos hemos vuelto a poner en pie, toca reanudar la marcha, pero no dudéis que aunque los primeros pasos serán dubitativos, avanzaremos con firmeza y con una gran sonrisa, teniendo claro que la vida hay que vivirla cada día, intensamente como hace Rayo. 

lunes, 30 de junio de 2014

¿Deberes en verano?


Con el curso acabado y un largo verano por delante, la pregunta es obligada: ¿deben los niños hacer tareas o deberes durante los meses de vacaciones? Yo creo no hay un única respuesta, pues hay varios factores que debemos analizar: 

1.- Edad de los niños: desde mi punto de vista en los primeros cursos de Educación Infantil (3 y 4 años) la necesidad de tareas durante el verano es mucho menor. Es importante que jueguen, interactuen con otros niños y disfruten del tiempo en familia. Aquí yo veo necesario que, mediante el juego, se vayan repasando los aprendizajes adquiridos durante el curso escolar. Para ello no se me ocurre nada mejor que muchos cuentos y juegos educativos. 

2.- Necesidades de cada niño. A partir de que el ciclo de Educación Infantil acaba, las necesidades cambian. Habrá niños a los que no les venga mal algunos encargos en estas fechas como leer libros o cuentos (una tarea siempre divertida), de nuevo los juegos educativos pueden ser grandes aliados sin que se perciba como los clásicos y aburridos deberes. CD's, app y demás juegos que engancharán a los niños de inmediato y les permitirá repasar lo dado en el curso. Si hasta para hacer sumas sin llevadas hay app's muy interesantes. No digamos de otras materias como inglés, lectura comprensiva y un largo etc. La red está llena de ayudas que encantarán a los más pequeños. 

3.- Evolución a lo largo del curso. Cada niño es un mundo. Los hay que seguro han acabado el curso sobrados, con buenas notas y una buena adquisición del conocimiento. Y los hay que llegan algo más justitos aunque no por ello mal. En unos casos y otros, yo creo que los padres deben analizar con el profesor qué es lo más recomendable. Los padres debemos conocer bien el nivel de nuestros hijos y en función de ello organizar algún plan que pueda reforzarles. Pero, pensemos que están de vacaciones, todo ha de ser enfocado desde el juego. Para hacer exámenes ya tienen las aulas. Ahora se trata de reforzar y en todo caso complementar. 

Y por supuesto no debemos olvidar que: 

- Las tareas de verano van más allá de rellenar fichas y cuadernillos. 
- Consideremos siempre las ayudas digitales y las TIC (app's y juegos interactivos).
- La lectura de libros y cuentos es una tarea imprescindible y debemos hacer que nuestros hijos lo vean como algo divertido e interesante no como una obligación. 
- El verano es muy largo y los niños podrán compaginar tareas, juego y lectura, con piscina, playa, montaña o demás actividades en familia. 

En nuestro caso Rayo es un niño muy activo y curioso. Compaginamos un cuadernillo de actividades donde se repasan los contenidos del curso (esto por petición expresa suya) con juegos interactivos y app's. La lectura no falta en su día a día, siempre por puro placer, a esto no lo podemos llamar tarea. Lo bueno es que todo esto él no lo percibe como un "trabajo", sino como un entretenimiento. 

¿Y vuestros hijos?, ¿hacen tareas en verano?, ¿cómo os organizáis?

jueves, 26 de junio de 2014

De nuestro dormitorio al suyo, ¿cuándo es el mejor momento?


Hablar de sueño en este país es como hablar de Religión o de Política, cuidado que el tema que pincha. Pero no vengo yo aquí a juzgar a nadie sino solo a contar mi experiencia y de paso dar algunas recomendaciones muy sencillitas en cuanto a cuidado de sus espalditas y las nuestras. 

El sueño de Rayo como todos sabéis ha tenido muchos vaivenes y puntos críticos. Ay cuánto envidio a esas madres que me cuentan lo bien que duermen sus dulces ángeles, no tuve yo esa suerte. Aunque, como son las cosas, todo se olvida o con el paso del tiempo al menos parece menos grave de lo que en su día fue. Yo lo pasé mal, no vengo aquí a engañar a nadie, la falta de sueño es terriblemente jodida, pero que la criatura no duerma del tirón no se debe a que duerma contigo o sin ti. Si el crío es de despertarse por la noche, ya puedes hacer el pino puente que así seguirá hasta que su sueño madure. El de mi muchacho maduró a los 3 años. Y no, no tuvo que ver con el inicio del cole. Comenzó a dormir del tirón, o en su defecto, con un sólo despertar ligero meses antes de iniciar el colegio. Para quien le interese saber, aunque para mi gusto no está relacionado, él no iba a guardería. 

Muchas futuras mamás y madres recientes tienen la siguiente pregunta: "¿Y cuándo es el mejor momento para pasarle a su dormitorio?" Pues miren ustedes, aquí normas no hay, ni leyes, ni hoja de ruta preestablecida. Si me permiten un consejín de nada, es importante asumir (cuanto antes mejor) que cada niño es un mundo, un universo paralelo al conocido hasta el momento. No comparéis con el primo, el hijo de tu amiga o el vecino del quinto, porque seguramente te llevarás un gran chasco. El mejor momento es cuando vosotros -y cuando digo vosotros me refiero a padres e hijos- consideréis conveniente. 

En nuestro caso, el momento llegó cuando Rayo tuvo 23 meses, a un pasito de cumplir sus 2 años. De inicio nosotros compramos una cuna, con su colchón super chuli pensando en su espaldita, en lo mejor, ya sabéis como es esto, los padres no escatimamos con los cachorros. Pero claro a mi hijo le gustaba la cama grande más que su cuna, aunque esta la utilizó, aunque sólo fuera para sus siestas, durante su primer año largo. Las noches ya era otro cantar, mejor dormir todos juntos con barra libre de leche. Ya sabéis lo listo que me ha salido el niño. 

Así estuvimos hasta que yo ya no pude más, lo reconozco, dormir con él era un suplicio porque se movía como un perro con pulgas. Acababa cada noche apaleada: tirones de pelo, patadas en los riñones, patadas voladoras, cabezazos.... lo dicho, un horror. Y entre los despertares y las palizas opté por ir eligiendo habitación para mi dulce ángel. Teníamos -casi- claro que sería hijo único, pero aún así nos decantamos por un dormitorio con dos camas, una de ellas con cajón de arrastre. Siempre es bueno contar con otra cama, para una emergencia o para cuando el niño traiga a los amigos a dormir (esta opción ya es un hecho). Además esa cama extraíble nos vendría de perlas para el tránsito de nuestro cuarto al suyo. No tenía peligro, salía y entraba a la cama más fácilmente y encima el colchón es bien baratito, aunque de buena calidad. Siendo una cama de uso esporádico, ahorrar me vino de perlas. 

A la hora de elegir colchón informaros bien, yo no elegí el más adecuado, teníamos un colchón de otra cama y fue el que usó, yo pensaba que por tener poco peso no había que tener tantas cosas en cuenta. Pero ahora sé que es importante la zona en la que vives (más templada o fría) o si el niño es caluroso o no a la hora de elegir. Que el niño es un calores o vivís en clima de ese rico templadito, pues colchoncito de muelles y visco. Que por el contrario sois de Burgos (o similar) o el polluelo es un friolero de pijama de franela, nada de muelles, colchoncito con núcleo de visco. Como veis es un mundo aparte, nada como estar informados. Sigue leyendo que al final del post tengo un regalito que te vendrá bien si estás buscando colchones. 

Rayo acogió la idea de irse a su cuarto muy bien, estaba deseando probar sus camas. Y rápidamente se adaptó a las siestas en su cama de arrastre. Por la noche ya era otro cantar y nos costó un par de meses más el traslado. Lo hicimos cuando él lo pidió, cuando se vio seguro y convencido. Eso sí, mamá se iba a su cama de 90 con él, y todo el repertorio de cuento, canciones, caricias y mimos se realizaba igual que en la cama grande. Por las noches teníamos visitas a nuestra cama, llamadas... y siguieron los despertares. Para quien piense que los niños se despiertan porque duermen con los padres: definitivamente no. Lo que pasa que si están en tu cama tú te desvelas menos. Eso al principio, ya digo que yo opté por probar y sugerir el traslado porque mi hijo se mueve como un calamar gigante cuando se mete en la cama. 

Pasó cerca de un año en su cama bajita, la de arrastre. Ahí estaba seguro y yo me sentía más tranquila. Pero al cumplir sus 3 años pidió trasladarse 'a la de mayores', y ahí tocó comprar un protector para evitar caídas y rodear todo el perímetro con cojines por si las moscas. Para que veáis que no soy exagerada en cuanto a mis miedos, a sus 7 años aún duerme con barrera, y muchas noches le encontramos con las dos piernas subidas encima o con la cabeza colgando por el cabecero, o en múltiples posturas de riesgo. Sigue siendo un calamar gigante. 

Desde entonces su sueño mejoró, volvimos a dormir por la noche (aunque a mi se me ha quedado un oído muy fino) y poco a poco fue más autónomo a la hora de irse a la cama. 

¿Qué conclusiones he sacado yo de nuestra experiencia?

1. El patrón de sueño de los niños no está ni debe estar determinado por los adultos. Cada niño tiene un sueño distinto. 
2. El sueño no se educa o se enseña, es una cuestión madurativa e individual. 
3. El colecho no afecta al mal dormir de los niños, más bien ayuda a que todos puedan estar más cómodos durante la noche. 
4. El paso de la cuna a la cama o del dormitorio de los papás al dormitorio infantil ha de realizarse cuando padres e hijos lo deseen. Ha de ser un decisión de todos. 
5. El colegio no determina que duerman mejor.
6. No busques tres pies al gato, si tu hijo no duerme, ármate de paciencia, ya llegará el día en que lo haga. 

Pero lo que también comprobé es que si quieres que sus despertares no sean mayores al número de horas dormidas

1. No le excites después de la cena
2. Mantén unos horarios ordenados en cuanto a comidas y hora de irse a la cama. 
3. No te saltes sus siestas, no por ello dormirán mejor.
4. El exceso de cansancio hará que duerman peor. 
5. Sea verano o invierno, fin de semana o día de diario, no alteres en exceso sus horarios mientras sean muy peques. 

Todo esto es lo que me ha funcionado a mi. Y lo comparto con vosotros por si pudiera servir, pero cada familia, cada bebé y cada momento es único. Lo importante es ir probando hasta conseguir llegar a un equilibrio. 

Y ahora sí, ¡el regalito! Si estáis buscando colchones, en Market Colchón te harán un 15% de descuento por haber leído este post. Sólo deberás indicar en tu pedido el código MAMASC y el descuento se hará inmediatamente. 


miércoles, 25 de junio de 2014

Trastorno por déficit de naturaleza o lo que es lo mismo, ¡deja que el niño disfrute!


¿Recuerdas cómo fue tu infancia?, ¿recuerdas aquellos largos veranos? Yo me acuerdo de la pandilla del barrio, de pasarme el día en la calle, de jugar al churro, al beisbol, al escondite. Recuerdo las heridas de mis rodillas, el mancharme la falda con la arena, oir a mi madre regañarme porque había manchado los zapatos del domingo. ¡Éramos libres! 

"¡Mamá me bajo!" era la frase más oída por mi madre, quien nos dejaba entrar y salir de casa alegremente. A mi madre no la dábamos gota de guerra en verano, nos lo pasábamos en la calle, entre amigos, no nos veía el pelo. Fuimos felices, jugando, riendo. Felices hasta cuando nos enfadábamos con una amiga. Felices incluso cuando me caí del columpio y me llevaron al hospital a darme puntos. Mi madre del susto bajó en faja a buscarme, antes se usaba mucho la faja ;P 

Y ahora, ¿nuestros hijos son libres? Unos más que otros, pero desde luego mucho menos de lo que fuimos nosotros. Ahora hay dos máximas que imperan: el miedo y la comodidad. La primera, el miedo, esa gran losa que a veces nos entierra sin darnos cuenta. Miedo por todo y para todo. Dicen que estos tiempos ya no son los de antes, y es verdad, las cosas han cambiado mucho. Pero a veces tengo la sensación de que no es tan fiero el león como lo pintan. Recuerdo, siendo niña, aquella que bajaba sola a la calle, como atracaron a mi padre casi en la puerta de casa para robarle las poquísimas joyas que llevaba y el dinero suelto. Recuerdo como mataron al farmaceútico del barrio de un mal disparo cuando entraron a robarle las cuatro perras que tenía en la caja. No vivía en un mal barrio, eran otros tiempos, los de la droga, el mono y el ansia de conseguir dinero a toda costa para conseguir la dosis. Mi barrio era (y es) tranquilo, pero de zonas cercanas llovían aquellas malas gentes a hacer de las suyas. Pero con eso y con todo mi madre, una miedosa como la copa de un pino, nos seguía dejando salir porque eso era lo que se hacía en aquel entonces. Con muchos avisos, con muchos 'ten cuidado', y todo eso, pero seguíamos saliendo. Hoy el miedo nos atenaza y nos marca el ritmo de una manera terrible. ¡Eso sí que asusta! 

Hablaba un día con una amiga de este tema. Ambas vivimos en el mismo barrio que crecimos. Sigue siendo un barrio tranquilo, muy familiar, acogedor. Entonces rondaban de cuando en cuando aquellas malas gentes de las que antes hablaba. Me contaba ella cómo había tenido que salir del metro corriendo varias veces porque algún tipejo la andaba siguiendo. Y cómo sus amigas y ella tuvieron que salir un par de veces por patas del parque porque un exhibicionista hacía de las suyas delante de ellas. Y de esas tenemos todos anécdotas para contar. 

Hoy no se dan estas cosas en el barrio. Los drogadictos se acabaron, los ladrones ya no están, vemos patrullas de Policía cada dos por tres vigilando las calles. Todo está en calma. Es un barrio seguro. Pero tenemos más miedo. 

Y como hay más miedo los niños no salen como antes, pautamos sus salidas, las limitamos. Muchos críos no tienen pandilla, no están acostumbrados al juego en equipo, a quedar en el parque con los amigos, aprender de los mayores, a hacer el bruto, a mancharse, a llegar a casa llenos de churretes, de moratones y hasta de heridas.... como yo llegaba. Mi madre siempre decía que parecía que venía de la guerra. 

Nuestra otra losa es la comodidad. ¿Cuántas veces habéis oído aquello de "no aguanto el parque"? Esto en boca de adultos claro. Para muchos padres bajar al parque o a zonas abiertas de juego para los niños es un suplicio, no lo soportan. E intentan buscar cualquier excusa para quedarse en casa. Y claro si los niños se aburren, ¿qué hacer? El recurso facilón: ¡¡las máquinas!! Play Station, Wii, Ipad, tablet... todo vale. 

¿Resultado? Nuestros hijos pueden llegar a padecer un Trastorno por Déficit de Naturaleza. Si os apetece leer más del tema, pinchad aquí. "En los ambientes controlados no hay verdadera experimentación" dice Richard Louv, periodista y autor de ocho libros sobre las conexiones entre la familia, la naturaleza y la comunidad. Y no le falta razón. Los niños tienen que experimentar, equivocarse, ensuciarse, caerse para luego levantarse. No necesitan una madre o un padre que les regañe porque se han ensuciado nada más bajar a la calle. No necesitan estar en casa con la mejor máquina del mundo. ¡Necesitan jugar! Jugar al aire libre. En las ciudades nos limitamos más a las zonas habilitadas para ellos por cuestiones obvias, no disponemos de campito y naturaleza a mano. Pero cualquier espacio vale, cualquier acera, cualquier trozo de tierra libre.

Este artículo me lo ha pasado una amiga y me ha encantado. Me ha hecho reflexionar sobre cómo vivía yo mi infancia y como la vive mi hijo. Estoy contenta porque a pesar de las diferencias y de estos tiempos donde arrastramos sendas losas, mi hijo juega en pandilla, experimenta, se ensucia, disfruta en la calle y hace el salvaje. Porque, sino lo hace ahora, ¿cuándo lo hará? Cierto que yo siempre estoy ahí, atenta, cual loba vigilando al cachorro, pendiente de que nada le pase, atenta a todo lo que sucede alrededor. Esa es la novedad entre mi infancia y la suya, la presencia de la madre (o del padre). 

Quizá los padres y madres tengamos que asumir que nuestro deber es darles a nuestros hijos esa infancia al aire libre, y para ello ahí debemos estar nosotros. No ha de ser una condena, o una obligación. Nosotros hemos hecho amistad con otros padres de los amigos de Rayo, de tal manera que bajar al parque supone una distracción para todos, un encuentro entre amigos, grandes y chicos. 

Los niños son felices, no tan libres como yo lo fui, pero al menos no sienten las losas que frenan la maravilla de experimentar, que no es otra cosa que vivir. 

martes, 24 de junio de 2014

Y el curso terminó

Este año, más pronto que en otras ocasiones, el curso 2013-14 ha llegado a su fin. Ha sido un año de comienzos, de nuevas experiencias, de dar pasos en firme, de avanzar y, por qué no decirlo, de recoger lo sembrado. 

En septiembre del año pasado comenzábamos una nueva etapa, atrás quedaba el universo de Educación Infantil, con la insuperable Isabel, esa profesora que siempre formará parte de nuestra familia. Y nos adentrábamos en una nueva aventura, la de empezar Primaria. Tuvimos suerte, compartiría aula con sus amigos del alma, lo cual haría más fácil la transición. No me equivoqué, contar con sus amigos y compañeros más queridos ha supuesto un apoyo muy importante para este niño que es pura emoción. 

Se adaptó rápidamente a los nuevos compañeros, a la nueva dinámica de clase y le sorprendió gratamente aquello de las asignaturas diferentes, el horario, los exámenes. Rayo es un niño de no parar, no sólo físicamente, a nivel intelectual le sucede igual. Así que cuando llegaron la hora de los exámenes, los deberes y demás retos los aceptó encantado y quizá deba decir que se le quedaron cortos. Así es él. 

Y quizá porque no hubo presiones, excesos de materia ni de tareas consiguió una adaptación plena y un equilibrio fabuloso. Las buenas notas han sido constantes en este curso, pero también la adquisición de habilidades sociales, algo para mi casi más importante que lo primero. Quien me conoce sabe que no soy de alardear, mucho menos del niño, pero yo sabía que él no iba a tener problemas con el curso. Es un niño curioso e imparable, que no se conforma con lo aprendido en clase, sino que pide más. Pero su talón de Aquiles son las habilidades sociales. 

El profesor que le tocó este año captó este punto rápidamente. Ya en nuestra primera reunión, al poco de iniciarse el curso lo puso de manifiesto. Confieso que no ha sido santo de mi devoción, pero claro Isabel dejó el listón muy alto, aún así entendió las necesidades del niño. No sé si él ha contribuido a mejorarla o simplemente Rayo ha ido madurando a medida que ha pasado el curso, la realidad es que en la última reunión con el tutor, de nuevo salió el tema a relucir. Ha mejorado considerablemente en este sentido, pasando a ser más sociable con sus compañeros, a preferir trabajar en grupo en lugar de sólo, practicando en clase el aprendizaje cooperativo

En las aulas suceden cosas que las familias desconocemos. Podemos intuir algo pero nunca imaginaríamos el alcance. ¡Es tan importante una relación fluída con los profesores! Por nuestras reuniones supe que Rayo, al inicio de curso, prefería sentarse sólo en lugar de en parejas, trabajar a su aire, le molestaban algunos compañeros, le costaba más trabajar en grupo. Esas cosas nunca me las contó, sólo lo he sabido de boca de su profesor. 

Con su flauta también ha habido un progreso enorme. No sólo por tocar ya piezas más avanzadas o complejas sino por cómo la música se ha afianzado en su educación. Ahora puedo decir que la música se queda definitivamente. A pesar de que siempre nos lo tomamos en serio, nunca hemos obligado al niño a estudiar música o a llegar a un nivel determinado. El juego, vehículo de este aprendizaje, ha conseguido que adore tocar. Para él la flauta forma parte de su día a día. Sigue aprendiendo y sigue jugando. Él se pone sus metas, es ambicioso, es constante. Así que, queridos vecinos, os queda Bach, Teleman y demás autores para rato ;) 

Y, contra todo pronóstico, el deporte también ha llegado para quedarse. Me tuve que rendir y aceptar sus peticiones, ¡él quería formar parte del equipo de fútbol del cole! Quería entrenar con sus amigos, quería jugar partidos. Sus problemas de salud hacían que este tema fuera un poco delicado pues no sabía si iba a poder seguir el ritmo. Pero, ¿cómo negárselo? Había que probarlo al menos y me arriesgué. Primero con un día en semana, algo que toleró bastante bien. Y ya en primavera con dos días en semana y algún partidillo amistoso. Su médico, un poco sorprendido, dio el visto bueno siempre y cuando no se cansase en exceso. Él aceptó el trato. Pero no ha habido problema, ha superado la prueba con creces. 

Ha sido un buen año escolar y estamos muy contentos. Muchas cosas positivas, muchos cambios que han traído muchas alegrías. Sólo un punto que ha enturbiado un poco este gran curso: esperaba más de su profesor. El próximo curso seguirán con el mismo tutor, pero -ya lo siento por él- tocará que los padres nos pongamos un poquito más exigentes. Al menos yo pienso serlo, pero de esto ya os hablo en otro post. 

¿Cómo ha sido vuestro final de curso?, ¿qué balance habéis hecho de este año escolar?