miércoles, 10 de febrero de 2016

Colegios, ¿un lugar totalmente seguro para nuestros hijos?

Imagen: Pixabay

La noticia es terrible y dolorosa, un profesor de educación física confiesa que ha abusado sexualmente de niños durante 35 años en un colegio de Barcelona. El colegio ocultó dichos abusos, eran conocedores de la atrocidad y miraron para otro lado mientras un niño tras otro era agredido y violentado sexualmente. Sinceramente, como madre, se me eriza el vello sólo de pensar en la posibilidad de que un desalmado, un ser despreciable como este pueda estar cerca de mi hijo.

Esta atrocidad ha ocurrido en un colegio nada menos. ¿Dónde están a salvo nuestros hijos? Cuando los dejas en la escuela delegas la responsabilidad y el cuidado, se supone que confías en los profesionales que educan, enseñan y cuidan de tus hijos. Y resulta que no hay que bajar la guardia nunca. Los niños de los que abusó este hombre tienen hoy entre veinte y cuarenta años. Muchos dirán que hace mucho tiempo que ahora las cosas son distintas. Tristemente no es así, en los últimos años también hemos tenido casos de profesores que han sido acusados de abusos dentro de centros escolares. El más reciente en un colegio de una localidad de Madrid, podéis pinchar aquí para ver la noticia.

Una siempre piensa en estos temas como algo lejano, algo que no te puede suceder a ti. Además, ¡¡cómo no se va a enterar el centro!! Es fácil hacerse el tonto y seguir adelante. El día a día de los colegios temo que se llenan de miradas a otro lado cuando algo no va como se quiere o cuando el asunto es demasiado farragoso. Sé que es muy fuerte lo que digo pero creo que no todos los centros tienen al frente a personal lo suficientemente cualificado. Lógicamente esta es mi opinión. Y desde luego, no ocurrirá en todos pero sí en demasiados.

Hace un par de años tuvimos un desagradable suceso en el colegio de mi hijo, afortunadamente lo sucedido nada tiene que ver con lo comentado, se trata de un hecho mucho más leve donde ningún niño sufrió daño físico alguno. Había llegado un nuevo profesor, todo empezó muy bien pero mi hijo ya a mitad de curso comenzó a manifestar cierta tristeza, no le gustaba el curso, el profe, algo muy raro en él pues es un niño muy inquieto al que le encanta aprender. Se dieron una serie de circunstancias que hicieron perder el curso a la gran mayoría de los niños, no voy a entrar en más detalles, creo que no vienen al caso. Había señales de que algo pasaba, muchos padres nos dimos cuenta pero el centro miró para otro lado, no supervisó su trabajo, no se preocupó lo más mínimo. El desenlace de todo esto como digo fue un curso perdido para muchos alumnos, problemas de motivación y un inspector de educación presente en todo momento en el colegio. A día de hoy muchos padres no saben lo que sucedió con ese profesor, el colegio no dio ni una sola explicación al respecto; sólo saben que se le retiró la tutoría de ese curso.

Esto fue un caso leve, muy leve, por supuesto no es comparable con los sucesos de los que he empezado hablando, pero con ello quiero hacer ver que en los centros ocurren a veces demasiadas cosas al margen de las familias, que no llegan a nuestro conocimiento. Con esto yo me pregunto ¿qué otras cosas pueden darse en el aula sin que nadie se entere? Sí, puede que sea muy alarmista pero la seguridad de nuestros hijos es lo primero y el colegio debe ser un lugar en el que confiemos plenamente.

Me empeño mucho en conocer lo que sucede de puertas para adentro, mantengo largas conversaciones con Rayo, de manera amena y divertida para saber lo que hacen en cada asignatura, con quienes están, qué han hecho, etc, etc. Si hay profesores nuevos en el centro me gusta informarme sobre a qué cursos da, especialidad, trato con los alumnos, toda información es poca.

¿Soy excesivamente protectora? Creo que no. Pueden ser abusos, puede ser bullying, puede ser un profesor incompetente o un chico que maltrata a su novia si hablamos ya de Secundaria o Bachillerato, desgraciadamente pueden ser muchas cosas. La obligación de los padres y madres es estar siempre atentos, pero la obligación de los centros es no dejar pasar ni una. Y ante la más mínima sospecha investigar, informar a las familias y actuar.

lunes, 8 de febrero de 2016

Momentos que me hacen sentir bien en mi rutina diaria

Imagen: Pixabay


Cada vez me doy más cuenta de mi necesidad de encontrar momentos para desconectar, aunque sean ratos cortos. Esto no es por ser madre, sino por el ritmo frenético de mi día a día. Debería pensar en pisar el freno pero si os soy sincera no sé cómo ni si puedo hacerlo. El caso es que veo que no soy la única a la que le pasa, mal de muchos consuelo de tontos que dicen, ¿no?

Ayer domingo me pasé la tarde tumbada en mi cama. No me encontraba muy bien, todo hay que decirlo, pero decidí desconectar un poquito y en esas horas dormí una buena siesta, vi un par de programas de televisión que me gustan y un par de episodios de una serie de esas de no pensar mucho. El resultado fue maravilloso y por la noche me sentía mucho mejor. Lo cual me hace pensar que no tenía más que cansancio. Habrá quien piense que desaproveché la tarde del domingo, es posible, pero necesitaba no pensar, no organizar, no hacer NADA. Creo que, hasta cuando toca descansar, nos empeñamos en seguir con ese ritmo atroz.

Por eso voy a hacer una lista de aquello que me hace sentir bien, para releerla si en algún momento colapso, algo que últimamente pasa demasiado a menudo:

  1. Dar un paseo en soledad, sin hablar, sin pensar mucho. Ahora en invierno me encanta sentir el frío en la cara. No siempre es necesario andar confesando penas, me encanta caminar sola sin mirar el reloj, sin prisas.
  2. Pararme en una cafetería a tomarme un café mientras leo el periódico o consulto mis emails o incluso navego por twitter. Sólo un instante de calma pero tan agradable. 
  3. Poder sentarme después de comer con un té a leer un par de capítulos del libro de turno. No importa que Rayo ande por ahí imparable, o viendo dibujos o hablando por los codos, no me molesta en absoluto. Pero el hecho de sentarme unos minutos supone un gran triunfo.
  4. Disfrutar del silencio de la tarde en casa cuando papá se lleva a Rayo a sus clases de flauta. Hay días que leo, otros que cocino, no importa lo que haga, siempre que reine el silencio. 
  5. Escaparme al gimnasio sin reloj. Aunque luego me toque sufrir agujetas. Me carga las pilas y me hace sentir genial. 
  6. Un café con mis amigas mientras los niños juegan. Compartir un ratito de nuestra rutina y echarnos unas risas fáciles.
  7. El aperitivo de los sábados después del partido de Rayo con los papás y mamás amigos. 
  8. Escaparme con mi amiga Begoña y darnos nuestro capricho preferido: masaje + comida. 
  9. Ir a la peluquería y ponerme al día de todo lo que sucede en el barrio. Las peluqueras deberían ser las encargadas de sacar los periódicos de los distritos ;) 
  10. Hacer punto mientras veo un par de episodios seguidos de alguna de mis series favoritas. 
Una amiga me decía hace poco "si pudiera compraba el tiempo". Es obvio que o bien lo malgastamos o nos empeñamos en tener un ritmo frenético que va en contra de nuestro bienestar. Sea como sea considero imprescindible recompensarnos con pequeños momentos que nos ayuden a recargar baterías. 

Esto es lo que últimamente me hace sentir bien, pondría muchas más cosas, pero no serían reales por imposibles de realizar. Se trata de buscar aquello que te gusta y que puedes hacer. Porque imponerse objetivos imposibles acaba por frustrarnos. Te invito a hacer una lista de cosas que podrían ayudarte a liberar tensiones, la única condición es que debe ser realista, que se pueda incorporara a tu día a día. ¿Te animas? 

martes, 2 de febrero de 2016

¿Quién dijo que la ortodoncia de tu hijo no será un fiel amigo?

Imagen Bocas Vitis

Cuando llevas a tu hij@ a revisión bucodental una siempre piensa en caries y empastes. ¡Es así! Y cuando el dentista te suelta la bomba de que el niño necesita una ortodoncia, poco menos que te caes de culo. Mira que Rayo tenía los incisivos superiores a la virulé, pero ilusa de mi, pensé que se irían colocando en su sitio solos. "Pues no señora, milagritos los justos" me dijo el odontopediatra, un andaluz muy resalao pero que te suelta las cosas así, a bocajarro.

Así que comenzamos nuestra aventura con la ortodoncia y hoy, casi 4 meses después, se ha convertido en nuestro fiel amigo. Si queréis saber más, pinchad aquí.


lunes, 18 de enero de 2016

Cómo elegir el nombre de tu bebé

Imagen: Pixabay


Uno de los grandes momentos del embarazo llega cuando decides el nombre de tu bebé. Hay quienes lo tienen pensado de antes y al saber el positivo del test no tienen dudas. Y hay quienes dan mil y una vueltas para decidir cómo llamarán a su futuro hijo.

Yo fui una de las que dio unas cuantas vueltas. En mi primer embarazo quise decidirlo todo muy rápido, había sido un bebé tan buscado que tenía prisa porque llegara al final y aunque buscamos y debatimos mucho, dimos con su nombre enseguida. Supimos que sería el correcto porque cuando lo pronuncié nos miramos y sonreímos. No nos pasó con ninguno más. Por desgracia aquel chiquitín nos dejó demasiado pronto y su nombre quedó flotando.

Llegó la segunda oportunidad, y debido al miedo el tema del nombre fue algo que pospuse. Fue como un mecanismo de defensa, ahora me doy cuenta. Sino le daba identidad y se iba quizá no sufriría tanto. Locuras de una madre en duelo. Pero el tiempo pasaba, mi embarazo avanzaba y el peligro se iba alejando. Comencé a pensar en el nombre de ese bebé fuerte que luchaba y se empeñaba en ser lo más importante de mi vida. Y sólo podía ver aquel nombre, ese que elegí para mi primera maternidad, para ese bebé que se fue. Me lo quitaba de la cabeza, pero volvía. Pensaba otros nombres pero sentía que no era el mío, no era el de mi bebé. Y al final me rendí a la evidencia, ese nombre era el suyo y con algo de angustia lo hice público.

Su nombre significa luz, luminoso, el que resplandece y sin duda no podía llevar otro. Me decidí primero porque sería mi forma de rendir un pequeño homenaje a mi niño que se fue antes de tiempo. Y con el paso de los años me he dado cuenta que no podía llevar otro nombre porque efectivamente resplandece. No me he arrepentido ni un sólo día de esta decisión, del nombre elegido, me gusta incluso más ahora que antes. Será porque busco su significado cuando veo a mi hijo. Será porque casa perfectamente con él.

Si estás eligiendo un nombre para tu bebé no te guíes por cómo suena, por cómo queda con sus apellidos (que eso se hace mucho también), fíjate en lo que sientas cuando lo pronuncias. Esa será la clave para elegir el nombre perfecto. Una vez escuché a una anciana que el nombre no lo eligen los padres sino el bebé que está por llegar. Quien sabe si será verdad. Por si acaso tú cierra los ojos y siente, quizá ese pequeño guisantito que crece en tu interior te esté dando pistas ;)

Y tú, ¿cómo elegiste el nombre de tu bebé?

miércoles, 13 de enero de 2016

Maternidad en el Congreso de los Diputados: ¿postureo, necesidad o simplemente elección?

Fuente de la imagen: EFE

Ha sido el tema del día y seguramente se seguirá hablando de ello, una diputada ha llevado al Congreso a su bebé. ¡Oh! ¡Dramón! El problema con este tipo de acciones, al menos en este país, es que como se trata de política rápidamente salen a reducir los colorines y afinidades. Ya lo decía un anciano de mi pueblo: de política y religión más vale guardar la opinión. Por eso yo propongo dejar a un lado ideas políticas y sobre todo rivalidades y centrarnos en lo que a esta Comunidad se supone nos importa, es decir, vamos a hablar de maternidad

La mamá en cuestión tiene un bebé de 6 meses y aunque tiene guardería en su puesto de trabajo, toda una ventaja que ya quisieran otras mujeres, ha decidido hacer el gesto de entrar con él. Y se ha montado el guirigay padre. Curiosamente muchas críticas le han llovido de otras mujeres y en seguida ha salido a relucir que podía haberlo dejado en el servicio de guardería y evitar polémica. ¿Realmente donde está el problema? ¿Esta señora no ha podido cumplir con sus obligaciones porque ha llevado a su bebé (lactante por cierto) a su puesto de trabajo? Alguna amiga (muy afortunada por cierto) que como ella trabaja para el Estado se ha llevado a su hijo a su trabajo en más de una ocasión, por motivos varios. Y desde luego no se ha montado ningún revuelo ni se la ha criticado, más bien todo lo contrario. Ella cumplió con sus obligaciones, su pequeño pudo estar con ella bien atendido y nadie ha dicho nunca ni mú.

No hace tanto tiempo una eurodiputada sorprendió a todos apareciendo con su bebé, algo que ha seguido haciendo por otro lado. De esto no se habla ya, no es noticia. Por eso me sorprende mucho el revuelo que se ha formado en torno a este episodio que no deja de ser una anécdota. 

Desconozco los motivos reales por lo que ha hecho esto. Mucho se ha hablado en las redes sociales del tema esta mañana, ha monopolizado los medios. Confieso que me gusta la idea de que haya podido ser un postureo para centrar la atención en la maternidad. Ella puede elegir, sí, tienes más opciones que otras muchas mujeres, seguro, pero como puede elegir lo que ha hecho ha sido quedarse con su bebé en ese momento y seguir trabajando. ¿Acaso no es lo que muchas hacemos? Eso sí, lo conseguimos a base de mucho esfuerzo y cierta renuncia. Otras muchas madres no tienen la opción de elegir y se ven obligadas a conformarse con crudas realidades donde su maternidad se ve relegada. Así que si ella ha conseguido que se hable de maternidad o de conciliación, vamos a ver esta acción como positiva, ¿no os parece?

En definitiva, es sólo un bebé, no saquemos los pies del tiesto.


Opiniones que me han parecido interesantes:
Un bebé en el Congreso
Un niño en el Congreso
Bescansa, un postureo necesario
Postureo o necesidad

lunes, 14 de diciembre de 2015

¿Crees que eres una Navidad-adicta?



No sé si os ha pasado u os pasa a vosotras pero desde que me convertí en madre es llegar diciembre y volverme del revés con la Navidad. Hasta llegar al punto de considerarme Navidad-adicta. En serio, ¿os pasa? Y digo que esto me sucede desde que soy madre porque antes no, uy que va ni mucho menos. 

A medida que los niños crecen vas asumiendo el problema y hasta puedes poner remedio. Hoy confieso yo. Pincha aquí y sigue leyendo

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Un animal no es un juguete, enseña esa valiosa lección a tus hijos


¡Es época de regalos! Fiestas, Navidad, Reyes Magos, regalos y más regalos. Muchos niños ya tienen su lista de deseos hecha y seguro que algunos de ellos sueñan con un regalo muy especial: una mascota. Los padres se vuelven muy generosos en estos días y más de uno ideará la gran sorpresa pero, ¿lo tienes claro?, ¿sabes lo que implica acoger y adoptar a un animal? Un animal no es un juguete que se pueda usar y cuando te canses tirar, un animal formará parte de tu familia y será TÚ responsabilidad

Hoy he sido testigo, una vez más, de cómo una familia se deshace de un animal porque 'no es lo que esperaban'. Hace escasas tres semanas adoptaron a una perrita adulta de un refugio de animales. Se les veía muy contentos, responsables, con ganas de ofrecer un hogar a esa pobre perrita temerosa y buena que te miraba con unos ojos llenos de angustia. Los principios no son fáciles, eso lo sabemos quienes tenemos animales, tanto si son cachorros como si traen mochila y son adultos, hace falta tiempo para conocerse y adaptarse. Esto no es llegar y todos felices como perdices. 

Pero no han aguantado ni un mes, acabo de enterarme que la han devuelto al refugio, ¿motivo? La perra soltaba mucho pelo y por lo visto era 'inaguantable'. Los animales tienen pelo, hacen sus necesidades, comen, huelen, vomitan, a veces hacen ruidos, en fin, ¡¡son seres vivos!! ¿En qué estamos pensando cuando una familia decide adoptar a un animal? 

Tristemente no es un caso aislado, muchos días veo en las redes sociales como muchos animalitos son devueltos porque o bien suelta pelo, o bien no es muy dócil, o bien es muy mayor o.... en demasiadas ocasiones hay un pero. Y creo que puedo afirmar, pues nuestro hogar lo compartimos con tres peciosas gatas, que lo que falta es respeto. ¡Pues claro que hay peros cuando un animal llega a casa! A veces hay muchos peros. Me dirán que los gatos son fáciles claro, es una gran manera de justificar comportamientos. A todos ellos les invito a mi casa encantada cualquier día para que vean que una de mis gatas, sorda, adora maullar a voz en grito a las 6:15 de la mañana, antes de que suene el despertador, tiene cogida la hora y no quiere que nos olvidemos de darle su desayuno. O que otra de mis niñas (sí, son mis niñas) es una enfermita crónica a la que debo dar una medicación a diario y a veces vomita por toda la casa porque le cae fatal la comida. O que la que falta, mi negrita, come poquísimo y hay que andar tras de ella para asegurar cuánto pienso se ha dignado a comer. Pues sí, parece que "dan guerra". Son mis gatas, mis niñas, con muchos quebraderos de cabeza pero la familia es así, con lo bueno y con lo malo, ¿no? 

Lo que me ronda desde que me han contado lo de esta pobre perrita es la lección que esta mujer ha dado a su hijo, le ha enseñado que un animal se puede 'devolver' si no te va bien o te incomoda, ¡bravo! Rayo se ha quedado muy impactado y en seguida ha pensado en Sally, su Sally, su gatita sorda a la que adora y de lo que no separa. Él ha entendido que nunca podría abandonarla o dejarla porque se porta mal, o porque suelta pelos (muchos y muy blancos), o porque nos despierta temprano hasta en fin de semana. 

Yo no soy mejor que nadie y si tengo animales viviendo conmigo es porque me encanta, a pesar de que me den un poquito de trabajo extra. Pero si dudas, sino sabes si sabrás cuidar a un animal, sino estás dispuesto a comprometerte o a responsabilizarte, ¡¡no tengas animales!! Nadie te obliga.

Un animal no es un juguete. Cuando pienses en regalar un animal piensa en el verano, en los fines de semana; si es un gato piensa con quién se quedará si tu viajas; si es un perro si te apetece madrugar para bajarle a pasear. Piensa en cosas tan rutinarias como esas y en mucho más. Por supuesto no olvides el cariño, la compañía, el nuevo concepto de familia. Si todo en conjunto te cuadra y sonríes al pensarlo adelante. Pero nunca olvides que ellos, al igual que tú, sienten, sufren, son felices, aman. 

Un animal no es un juguete. Enseña esa valiosa lección a tus hijos. 



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