viernes, 22 de mayo de 2015

¡Cuida lo que comes!: estarás cuidando también de tus hijos


Hace unos días leía a un pediatra que hablaba de lo importante que es intentar que nuestros hijos tengan una relación saludable con la comida, lo cual pasaba por ofrecer variedad, no obligar y respetar lo que quisieran comer. No es la primera vez que lo oigo, ni será la última, pero me sorprende lo hipócritas que podemos ser los adultos con este tema. Porque, ¿qué relación tienes tú con la comida? ¿qué ejemplo das a tus hijos en casa?

Ay amigos, pero sobre todo amigas, aquí esta el quid de la cuestión. Se nos llena la boca -nunca mejor dicho- sobre cómo alimentar a nuestros hijos, sobre respeto, sobre comer de manera saludable, pero llega el mes de mayo y ¿cuál es el tema estrella?: ¡La operación bikini! 

Yo recuerdo a mi madre y sus operaciones bikini: no sentarse en la mesa a comer, comer malamente, rechazar platos, incluso comer la sobras de los nuestros porque ya no podía más de hambre que pasaba, ¡toma ejemplo! Eso lo he podido ver durante toda mi infancia, su relación con la comida siempre fue peculiar. Por fortuna ni mi hermana ni yo hemos tenido consecuencias a tener en cuenta, cada una tiene lo suyo pero dentro de la normalidad vaya. Pero es algo que yo recuerdo negativamente y por lo que siempre tuve claro que quería que mi hijo no tuviera ese ejemplo.

Lo primero de todo, antes de hablar de respetar la alimentación de nuestros hijos, nos deberíamos preguntar si respetamos la nuestra. Y no hablo de adelgazar, ¡malditas modas! Conste que yo me cuido mucho, y quien me conoce lo sabe, pero no por modas o por lucir palmito. Confieso que a mi me obsesiona mi salud y para ello cuido lo que como (aunque me doy mis buenos caprichos) y hago ejercicio siempre que puedo. Y eso es lo que ve mi hijo, y lo que copia claro. Como a todo crío, le encanta comer guarrerías, o darse un día un hartón de pizza, pero tiene bien grabado lo importante que es comer bien, que cada semana se coman legumbres, verduras, pescados, carnes variadas, ... que las chuches son puntuales, que estar sano pasa por hacer ejercicio, etc.

Me parece incoherente estar hablando de esos valores que queremos inculcar a los peques y luego andar haciendo el indio con dietas y mal comiendo, por la sencilla razón de que en poco más de un mes toca ponerse un bañador. De verdad, antes de preocuparte en exceso por cómo come tu hijo, mírate y analiza si tu dieta es saludable, si la puedes mejorar, y sobre todo piensa que lo que tú hagas, tus hijos lo copiarán. No se trata de perder o ganar peso, se trata de salud y ejemplo para los más pequeños. Hábitos saludables, costumbres que favorecen una alimentación completa y correcta (sentarse en la mesa en familia, comprar y planificar las comidas juntos, enseñar a los niños los valores nutricionales de los alimentos) ayudarán a que interioricen que comer es mucho más que alimentarse. 

miércoles, 13 de mayo de 2015

Los chicos no lloran, sólo pueden soñar


"Mamá, Alejandra me ha dicho que soy una nenaza, un quejica y un llorón". Así ha salido mi hijo del colegio, contándome lo que su querida compañera le ha dicho y con un buen golpe cerca del ojo. Revuelo en clase, llega la hora de irse a casa, niños con prisa y ¡zas! golpazo con el pico de un libro cerca del ojo; resultado niño llorando. No es la primera vez que Rayo me cuenta que en el colegio le llaman llorón. De siempre ha sido un niño sensible que necesita mostrar lo que siente y, por supuesto, llorar cuando algo no va bien o cuando se hace daño. ¿Qué hay de malo en que un niño llore? Desde mi punto de vista no es nada malo pero vivimos en una sociedad que inculca que no se debe llorar, que enseña a ser fuertes y (lo peor) a ocultar los sentimientos. Y para poner la guinda al pastel, enseña que los chicos no lloran, de ahí que su querida compañera de clase le llame nenaza. Por supuesto tampoco se enseña empatía, consuelo, ponerse en el lugar del otro, apoyar a los amigos o compañeros.....

¿Qué estamos haciendo mal? Esto no le sucede sólo a mi hijo, de hecho cada día puedes ver situaciones del tipo: no llores, sino ha sido nada, anda anda no seas quejica..... ¿O no? No se enseña a los chiquillos a llorar, a desahogarse, a liberar tensiones o a expresar lo que sienten, sea como sea. Se les enseña a aguantar, a contenerse, a enmascarar emociones y a sonreír aunque por dentro estén ardiendo de rabia. Tampoco se enseña a consolar al prójimo si así lo necesita, a acompañar a tu amigo si ves que está triste, a hablar de sentimientos. Así nos luce el pelo de adultos claro.

Rayo llora, sí, a veces llora mucho, es su manera de liberar tensión, de sentirse mejor. Es un niño pasional, que necesita sacar lo que siente porque sino acabaría quemándole por dentro. Igual que da una voz echa una lágrima. Luego se le pasa, una vez que lo ha soltado todo es otro, se relaja y a otra cosa mariposa. Yo no veo nada malo en ello, al contrario, creo que es buenísimo que el niño aprenda a sacar el malestar, ya sea a través del llanto o de la palabra. Ya sea con unas lágrimas o hablando de lo que le hace sentir mal, o todo junto.

¿Por qué está tan mal visto llorar? El ser humano es la única especie capaz de llorar fruto de las emociones, ¡todo un prodigio! Pero, como somos así, nosotros lo censuramos e intentamos ocultarlo o evitarlo.

¿Cómo te sientes después de una buena panzada a llorar? Mejor, ¿a qué sí? Cuando algo nos aflige, nos preocupa o nos causa ansiedad, un buen llanto permite que soltemos lastre y hace que nos sintamos mucho mejor. Pero aún así enseñamos a nuestros hijos a no llorar, mejor aguantar y callar. ¡Qué joyas que somos!

Rayo llora, y le parece sorprendente que le digan estas cosas en clase si le ven con la lágrima por algún motivo. Afortunadamente se sorprende pero no se avergüenza. Porque yo le animo a que él se siga expresando libremente. Así que sí, mi hijo es un llorón, ¡y a mucha honra!

No he podido evitar, al escribir el post, acordarme de esta canción de Miguel Bosé, así que venga, vamos a mover el esqueleto, otra manera de expresarse..... 


martes, 12 de mayo de 2015

Consejos de una madre sobre salud bucodental infantil


Era bien pequeño mi hijo cuando sus dientes comenzaron a darme quebraderos de cabeza. Recuerdo perfectamente su primer golpe en el paleto, estaba haciendo el indio en un bordillo, tenía dos años y de repente hizo gala de su malísimo equilibrio. Cara contra el suelo, manos al aire (para qué íbamos a frenarnos con ellas) y el piño contra el piso. Flemón, ay que me duele, antibióticos y al poco tiempo el diente empezó a oscurecer un poquito. Pero ahí quedó la cosa. 


Con casi cuatro años aquel diente tomó un color sospechoso, y visitamos por primera vez al odontopediatra. Fue por necesidad, no por prevención. 

Por eso, desde mi experiencia, hoy me atrevo a daros algunos consejos que seguro os viene bien saber mamás. Pincha aquí para seguir leyendo

lunes, 11 de mayo de 2015

¡Ha llegado el calor! ¿Ventaja o inconveniente?


¡Ha llegado el calor! Y podréis pensar ¡yupi, qué bien! Pues no, ni tan yupi ni tan bien. Vivir en Madrid implica temperaturas extremas y disfrutar muy poco de las estaciones intermedias, como son la primavera y el otoño. Después de un par de años donde Mayo ha sido un mes muy desapacible nos encontramos esta vez con un Mayo que más parece un Julio. Y eso, queridos míos, ¡no mola nada!

No me gusta el calor, eso es algo que saben los que me conocen, pero es que me cuesta encontrar las ventajas. Y, como soy muy de hacer listas, también la he hecho para esta ocasión. Vamos allá: 

  1. Dicen que con el calor podemos sacar a los niños a la calle en cualquier momento. FALSO. Este calor implica que hay que mirar muy mucho el reloj antes de salir a la calle, porque hay momentos en los que mejor quedarse en casita a la sombra. Los niños no entienden de radiación solar, protegerse la cabeza o hidratarse correctamente. Ellos salen y lo dan todo. Así que hay que frenarles. Hasta en invierno, con frío, hemos salido tranquilamente sin más preocupación que llevar el abrigo abrochado hasta arriba. 
  2. Es una gozada llevar poca ropa. Vale que llevamos menos ropa en esta época del año, pero no olvidemos que a los críos (y nosotros mismos) debemos embadurnarlos bien de protección solar, no olvidarnos su gorra, sus gafitas de sol y por supuesto una botella de agua de las grandes. Que levante la mano la mami o el papi que no tiene guerra en casa antes de salir porque la criaturica no quiere echarse la cremita.... venga, venga, que levante la mano. 
  3. Sudas. Esto es innegable y hay quien, como yo, suda mucho. Sí, confieso que me sudan las manos y los pies muchísimo con el calor y es algo realmente incómodo. Y si tienes tanta suerte como yo (modo ironía on) sabrás que mejor no te pongas prendas donde se quede marcado el sudor por el aleroncete, o sandalias con mucho tacón porque como sudas, resbalas. Un truquín: las plantillas de rizo van fenomenal para evitar que eso suceda.
  4. Olvídate de hacer muchos planes que en otras épocas del año puedes hacer sin problemas: irte con la bici, salir a correr, un buen paseo en familia. Puedes hacerlos sí, pero a partir de las 12 y hasta las 6 de la tarde (eso como poco) mejor resguardarte que Lorenzo se pone cañero.
  5. ¿Deporte? Te digo lo mismo. A mi niño que le gusta el fútbol o salimos bien temprano o se acabó lo que se daba. Ahora mismo acabo de dejarle en fútbol y espero que la entrenadora tenga dos dedos de frente y los deje refrescarse cada poco tiempo porque el sol que cae ahora mismo sobre el patio es de justicia. No esperábamos estos calores en el mes de Mayo, último mes del curso que tienen esta extraescolar.

Pero no vamos a ponerlo todo negro, que el buen tiempo también trae ventajas innegables:
  1. El terraceo. Qué es España sin terracitas y cervezas. ¡Ay amigos! Pequeños placeres que dan grandes satisfacciones. Esos ratitos entre amigos, charlas, risas, los niños jugando alrededor. ¡Me encanta!
  2. Jugar en la calle hasta las tantas de la noche. Ahora que los nenes van siendo más mayorcitos es un gusto poder disfrutar de esas tardes-noches en la calle. Todos tenemos recuerdos de esos momentos del verano, ¿verdad? Ahora veo a Rayo cómo va teniendo los suyos y es genial.
  3. La ropa se seca en un visto y no visto. Soy de las antiguas que tiene tendedero, me encanta que la ropa se seque al aire, no me van mucho las secadoras. Es llegar estos meses y la ropa se seca en un santiamén. Eso sí, a papá sin complejos no le gusta tanto, porque él es el encargado de la plancha y claro, se le acumula un montón a media semana ;) 
  4. Es época de gazpachos y ensaladas de todo tipo. Adoro estos platos, son frescos, sencillos de preparar, no te quitan apenas tiempo y encima son sanísimos. Por no decir que ahorras dinerete y van fenomenal para cuidar la línea. ¡Qué más se puede pedir!
  5. Rayo es un calores y aún en pleno invierno cuando se acuesta, al poco tiempo está empapado en sudor, por lo que hay que cambiarle la camiseta del pijama para evitar que se enfríe. Llegado este tiempo ese trámite nos lo saltamos. Duerme encima de la cama, en tirantes y aunque sude, se seca rápido. 
¿Y tú? ¿Eres más de invierno o de verano?, ¿de frío o de calor? Yo me declaro de tiempo intermedio, de ese que tan poquito dura en Madrid.

lunes, 27 de abril de 2015

Música y Método Suzuki: aprender disfrutando


A nosotros la música nos conquistó hace ya mucho tiempo, siendo Rayo muy pequeño. Contaba dos años y yo buscaba actividades que poder disfrutar con él. Y digo disfrutar con él porque aspiraba a encontrar algo que pudiéramos compartir y hacer juntos. No me interesaban actividades donde dejarle y luego recogerle, ¡yo quería formar parte de lo que él hiciera! No fue fácil, di muchas vueltas, hace unos años no se estilaba tanto esto de madre-hij@ siempre juntos. Pero tuve la suerte de dar con una escuela estupenda que, no sólo abría sus puertas a los padres, sino que era requisito fundamental que nosotros formáramos parte de las clases. Me había topado con el Método Suzuki de música. 

No lo busqué, simplemente me lo encontré y supe que era perfecto para nosotros. Rayo era pequeño e inquieto así que decidí comprobar eso de que la música amansa a las fieras. Y en nuestro caso funcionó. Recuerdo un aula con 7 u 8 peques todos de entre 2-3 años y mi niño era el único sentado con la boca abierta delante de la profesora. Pero la magia se confirmó cuando meses después llegó Laura, con su flauta travesera y entonces Rayo se rindió del todo y tuvo claro que él quería ser flautista. Recuerdo la primera vez que la oyó tocar, ¡los ojillos se le salían de las órbitas!

Aquel primer año de iniciación musical pudimos confirmar que aquello iba a ser algo más que pasar una tarde en semana divertida. Después llegó el instrumento y por supuesto él eligió, ¿adivináis cuál fue? ;) Con 3 años hacía sus primeros pinitos con el pífano. Con 5 pasamos a la flauta con cabeza curvada, ¡cuánto le motivó pasar a la flauta de mayores! 

Rayo avanzaba, imparable, aprendía de oído, como manda el método. Y yo me quedaba alucinada viendo cómo él avanzaba: escalas, arpegios, pentagramas, ritmos, graves, agudos, piano, forte, tocando canciones de oído y sobre todo disfrutando, aprendiendo y pidiendo más. De las canciones más populares pasamos a conocer a Shubert, Bach y sus encantadores minuetos o piezas más complicadas como la Bourrée de Handel. 

Y de repente, con 7 años, había que empezar a pensar en pasar a un instrumento de verdad, a la flauta travesera de súper mayor. ¿Cómo habíamos llegado hasta aquí? Disfrutando, ahí está la clave. No tenemos exámenes, pruebas, no tenemos hitos que cumplir por obligación. El ritmo lo marca cada alumno, no se compara, no hay niveles, sólo hay música, ni más ni menos. ¡Y el método funciona! 

Este curso comenzó con un nuevo reto: el solfeo. Ahí empezó una crisis importante, no fue la primera ni la más dura (de eso ya os hablo otro día) pero fue determinante. Con esfuerzo conseguimos superarla, se rindió a los pentagramas y comprendió que la música se puede leer.

Y este fin de semana hemos tenido la suerte de disfrutar de un encuentro maravilloso, donde niños de flauta travesera y clarinete de varias ciudades y escuelas se han reunido para tocar, para seguir aprendiendo y disfrutar, todos juntos, de su amor por la música. Como siempre, los padres hemos podido disfrutar a su lado. Somos piezas fundamentales, apoyo de niños y profesores, maestros también sobre todo en los inicios. Y ahí estaba mi chico, con su flauta de mayor, tocando con niños como él, disfrutando de una reunión donde música y juego van de la mano. 

Una vez me dijo que no entendía por qué de sus amigos, o de sus compañeros del cole, era el único que tocaba la flauta. Se sentía diferente. Pero encuentros de este tipo hace que se sienta como en casa, donde se refuerza su amor por la música, sus ganas de seguir aprendiendo.

Cuando estábamos llegando me dijo "mamá siento mariposas en el estómago, creo que estoy emocionado". Y cuando finalizamos ayer tarde lo tenía claro "estoy agotado pero tengo muchas ganas de repetir". La música ya forma parte de su vida y han creado un vínculo precioso. 

En próximos posts os hablaré más del Método Suzuki, de cómo se utiliza con niños discapacitos, de sus muchas ventajas. ¿Habíais oído hablar de este método?, ¿conocéis a alguien que lo siga?

lunes, 20 de abril de 2015

Reorganizar, compartir y delegar: las claves de una madre


Hace tiempo que me quejo de la falta de tiempo, de ir siempre con la lengua fuera. La verdad que para mi, por mi carácter o mi forma de ser, esa manera de vivir me mina el ánimo. Sé que es a lo que casi todos estamos condenados, pero me resisto a conformarme y asumir que esto es lo que toca. 

¿Cómo mejorar eso? No es fácil, vivimos entre rutinas que nos comen. Pero soy de la opinión que siempre es posible hacer algo. Da igual si es poco o mucho, pero algo es algo, y algo es mejor que nada.

Estaba claro que debía ordenar un poquito mis días y ver cómo podía optimizar mi tiempo de tal manera que no tuviera que estar siempre con la atención en mil sitios. Necesitaba reorganización. Después de un par de semanas de dar algunas vueltas y ajustar me siento un poco más despejada. No es que haya hecho grandes cambios pero me he dado algunos respiros que me vienen muy bien.

Os cuento algunas de las cosas que he hecho:
  • Me levanto 20 minutos antes para no tener que correr desde primera hora de la mañana. Eso implica que la gran mayoría de los días caigo rendida en cuanto Rayo se va a la cama. ¿Qué significa eso?, ¿no poder ver alguna de las series que papá sin complejos y yo seguimos?, bueno asumo la pérdida ;) Pero ese tiempo extra matutino me da mucha vidilla.
  • Al ganar tiempo tan temprano, implica que cuando Rayo llega del cole la mayoría de los días tengo casi todo mi trabajo terminado. Un par de pinceladas aquí o allá y puedo cerrar el ordenador. 
  • A veces el ordenador se queda encendido lo cual, y sin darme cuenta además, hacía que me ocupara de cosillas del trabajo. He puesto un horario límite, pasado el cual, las aplicaciones y correo del trabajo se cierran.
  • Mi móvil pasó a mejor vida hace un par de semanas y, sinceramente, no he querido gastarme un pastizal en otro, no es el mejor momento. Así que he rescatado uno antiguo y con menos prestaciones que había por casa. Resultado: menos vida 2.0 a favor de la 1.0. Cuando te pasa algo así te das cuenta de la cantidad de tiempo que dedicas a la vida online. Menos pantalla y más vida.
  • Entre cole y extraescolares, aprovechando ese ratillo, hacía la compra en el supermercado. ¡¡Mal fatal!! Implicaba correr y correr. Así que ¡se acabó! Los productos frescos los compro un día entre semana tranquilamente por la tarde después de recoger al peque de fútbol. Vamos los dos sin prisa, que las tiendas están de camino a casa. Y la compra del súper se hace el fin de semana despacito, recorriendo los pasillos con el carrito, en familia, sin listas de la compra, viendo lo que se necesita. Y luego cargándola todos, que mi hombro derecho ha estado hecho polvo por culpa de ser muy burra.
  • Un par de días entre semana, al menos, un poco de ejercicio: una caminata a buen ritmo durante -como poco- 30 minutos, no es mucho pero es un objetivo que puedo conseguir fácilmente. Un poco de yoga en casa. Y cuando no se puede, ¡meditación! Si no la has probado, te lo recomiendo. No hace falta saber o tener mucha técnica, escoge un poco de música relajante, cierra los ojos y desconecta, no pienses, sólo respira y sumérgete en la música.
  • La comida del día siguiente, mejor hacerla por la noche. Mientras hago la cena, organizo gran parte de la comida de mañana. Eso supone ahorro de tiempo. Mientras estamos en la cocina, charlamos, nos ponemos al día papá sin complejos y yo y organizamos todo juntos. De este modo, además, él puede llevarse un rico tupper de comida casera al trabajo, lo que nos ahorra dinero.
  • Un día entre semana café con amigas. ¡La desconexión, las risas y el buen rollo son la mejor terapia! 
  • El fin de semana no se hizo para hacer mil planes con los niños. Ellos también necesitan descansar y tener tiempo hasta para aburrirse. Está bien organizar un par de cosas pero yo al menos necesito echarme algún día la siesta, no ir todo el día mirando el reloj. Habrá días con más planes pero si un finde necesitáis relax, no lo dudéis, ¡descansad! Si al final nuestros hijos con un rato de parque, un poco de juego con papá y mamá, son felices.
Ni que decir tiene que reorganizar mis rutinas hace que esté más tranquila, más serena y pueda disfrutar mucho más de mis ratos con Rayo. Las tardes son para pensar sólo en lo que tenemos que hacer juntos, intentando olvidarnos de las obligaciones y de las prisas de mamá. 

Son pequeñas cosas, pero me he dado cuenta que intentaba asumir demasiado, y todos tenemos un límite que no debemos sobrepasar. A veces incluso culpamos a nuestras parejas, a la no-conciliación, a la falta de ayuda. Pero la realidad es que nosotras mismas debemos pisar el freno, no exigirnos tanto y ser conscientes de hasta dónde podemos llegar. 

jueves, 16 de abril de 2015

Salud bucodental en los niños, ¿ha llegado la hora de poner aparato?


Nuestros hijos se hacen mayores y toca realizar revisiones para confirmar que todo progresa adecuadamente. Y una de las imprescindible es la visita al dentista. La primera revisión de Rayo se hizo cuando contaba 4 añitos y fue porque uno de los paletos se le había oscurecido fruto de un par de golpes con mala fortuna. Ya ahí confirmamos que gozaba de buena salud bucodental. Una visita temprana al odontopediatra es siempre recomendable pues muchos peques comienzan a tener caries en estas edades y cuanto antes se corrija el problema mejor. 

A partir de los 6 años y hasta los 12, en la Seguridad Social, podemos beneficiarnos del programa de Salud Bucodental. En dichas revisiones confirman cómo va todo, comprueban si los dientes están sanos, si han aparecido caries, sellan las 4 muelas definitivas y te van dando pautas sobre las necesidades de los chiquillos. 

En la última revisión de Rayo, el dentista ya nos adelantó que tenía la mordida cruzada y por cómo tenía un par de dientes (cada uno crece como le da la gana) nos recomendó acudir a un ortodoncista para valorar la necesidad de poner un aparato. Eso ya no te lo cubre la Seguridad Social ;) 

Dicho y hecho, tras confirmar que el chico tiene unos dientes sanísimos, la visita a Ortodoncia no se ha hecho esperar y ya le han valorado. Mordida cruzada y falta de espacio para el crecimiento de los caninos definitivos hacen necesario poner un aparato durante doce meses. 

Algunas personas me han preguntado sino es un poco pronto para poner el aparato, pero según el tipo que sea parece que no. Hay dos tipos de ortodoncia: 


  • Aparatos removibles, de quitar y poner. No son aparatos fijos sino que necesitan un mínimo de horas puestos para que la corrección se vaya produciendo. Se usan especialmente para corregir defectos oseos (paladar ojival), mordida cruzada. Es fundamental que el niño sea colaborador y comprometido pues necesitará llevarlo por la noche y entre 4-6 horas durante el día. A partir de los 7 años, si se detecta algún problema, se pueden utilizar. ¿Cuánto cuesta? El tratamiento tiene un coste aproximado de entre 1.000 - 1.500 euros. Dependerá del dentista, materiales a utilizar y tiempo definitivo del tratamiento (puede oscilar entre 12 y 18 meses).
Aparato de ortodoncia removible

  • Aparatos fijos. Son los conocidos brackets, que se ajustan diente a diente. Se intenta conseguir con ellos una oclusión perfecta para que cada diente quede colocado en su sitio. No se pueden poner hasta que el niño tenga los dientes definitivos. ¿Cuánto cuesta? Entre 2.500-2.800 euros. Dependerá de materiales y tiempo final del tratamiento. Esta es sólo una cifra orientativa.
Aparato de ortodoncia fijo


Rayo tiene 8 años, aún tiene dientes de leche, por lo que su problemática quedará resuelta con un aparato removible. Él está contento, sobre todo porque podrá quitárselo para jugar al fútbol o para tocar la flauta. Le preocupaba que pudieran darle un balonazo en la boca o que no pudiera tocar bien. Siempre tan responsable ;) 

La próxima semana toca hacer el estudio definitivo para elaborar su aparato y nos darán el presupuesto final. ¡Hay que rascar el bolsillo! Ya sabemos que barato no es. 

¿Y vosotros?, ¿lleváis a vuestros hijos a sus revisiones bucodentales?


Información obtenida de:
Cuáles son los tipos de ortodoncia para niños 
Tipos de aparatos de ortodoncia para los niños
Los aparatos de ortodoncia