domingo, 29 de agosto de 2010

Destino campestre

Al final el destino elegido ha sido Cantabria. Nos vamos mañana, solo son unos días, suficiente para desconectar, para respirar aire puro en medio de una reserva natural. Campito, senderos aptos para bici infantil, visita al Parque de Cabárceno, y disfrutar de la naturaleza. No aspiramos a más. Contemplar una imagen como la de la foto es mi meta. Eso y ponerme una chaqueta al caer la tarde, dormir con pijama y bien tapada.

Llegados a estas alturas de Agosto el verano empieza a pesar y mucho. Entiendo que a quienes os guste el calor estáis en vuestra salsa, pero yo soy persona de más fresquito y echo de menos una manga larga.

Desde que mi hijo nació nuestras escapadas habían sido a la casa que mis padres tienen en la playa. Hemos ido a lo seguro. Pero él ya es mayor y aunque sigue siendo imparable, ya todo es más fácil.

Sé que muchos padres se aventuran a hacer viajes con sus hijos desde temprana edad. Es posible que sea cobarde, o simplemente precavida, pero con mi hijo no me he atrevido hasta ahora. Para él su casa de la playa es eso,...., su casa, su pueblo, lo adora, lo conoce todo. Ahora es diferente, le hemos tenido que enseñar unas fotos de donde vamos, y claro cuando ha visto vacas, ha alucinado. Estoy feliz de enseñarle todo aquello porque yo adoro la zona norte de España, y quiero que lo vea, quiero que lo conozca porque si la experiencia es positiva, me gustaría ir regularmente.

Ni soñéis con perderme de vista estos días, ¡que me llevo el portátil!. Las tecnologías nos acompañan. Me estoy viendo en el jardincito de la casita donde voy, rodeada de árboles y en el cesped leer alguno de los blogs que me gustan oyendo a los pajaritos como único ruido de fondo. Sencillamente maravilloso.

Para los que lleguéis de las merecidas vacaciones, ¡ánimo!. Para los que os váis como yo, ¡buen viaje!. Para los que os quedéis, seguimos hablando. Y para todos, feliz inicio de semana.

sábado, 28 de agosto de 2010

Peligros, caídas y más

Este post va dedicado a mamá de julio, que ayer en su blog nos contaba muy apesadumbrada que su pequeño Julito se había caído (por primera vez) de la cama. Querida mamá, esto no ha hecho más que empezar. Cuando nuestros hijos nacen, están indefensos ante el mundo, cualquier cosa les puede dañar y pensamos que a medida que crecen y dan ese pequeño pasito hacia la independencia que es el caminar sin tambalearse, los peligros irán a menos. Pero muy lejos de la realidad. Esto es como una carrera, y te acabas de situar en la línea de meta, sus 2 años. Te han dado la salida en una carrera que estará llena de peligros, caídas, heridas, golpes y un sinfín de cosas más.

Recuerdo la revisión de los 2 años de mi hijo con su pediatra. El Doctor, sabio donde los haya, me insistió mucho en este punto, el de los miles de peligros. Y me hizo hincapié en uno, el baño. Cierto es que la bañera es un punto negro de las casas, muchos accidentes se producen ahí. Me insistió mucho en que ahora que ya se movía por sí solo no debía dejarle solo, había que ponerle una alfombrita antideslizante y cuidar muy mucho de su seguridad. No hizo falta hacer retoques pues ya nos habíamos encargado de asegurar bien esta zona, jamás se le dejaba solo porque, como una buena amiga me dijo un día, mi hijo siempre ha sido como un calamar, de lo mucho que se ha movido.

Nunca habíamos tenido ningún accidente en la bañera, y en los últimos meses incluso se queda jugando solito con sus juguetes en el agua, buceando y pasándolo bien, mientras preparamos la cena. Ya es mayor y no hay problema. Peeeeeeero, siempre hay problemas con ellos. Hace unos meses mientras se llenaba el baño mi hijo estaba echando sus miles de juguetitos acuáticos cuando de repente se le antojó coger uno que ya estaba flotando, pero no llegaba. El resultado fue que cayó al agua con ropa, cayó de lado, el susto fue morrocotudo, pero quedó en eso. Luego, esto ha sido motivo de risas, de contarlo a la familia, amigos, que lo cuenta él que conste. Pensábamos que como se había dado tal susto los riesgos estaban controlados. Muy lejos de la realidad. Ayer, y tras leer el post de mamá de julio, estaba yo entrando y saliendo del baño mientras su bañera se llenaba. Estaba casi a mi lado, cuando oigo el chapotear del agua, y mi hijo de cabeza en la bañera, los pies para arriba, el cuello en una posición horrorosa y sumergido. ¿Imagináis mi espanto?. Fueron dos segundos pero me asusté mucho. Una vez más fue el susto, aunque duró muchísimo menos. Al minuto se estaba riendo por lo que le había sucedido, y es que se hace mayor y sus temores van disminuyendo.

Hemos entrado en una etapa llena de miedos para los padres, y de retos para los hijos. Mi pequeño, a sus 3 años y medio, no teme a nada, nada se le pone por delante, su curiosidad sobrepasa cualquier temor que pueda sentir. Se sube a todos los columpios sean altos o no, salta desde el bordillo al agua de la piscina sin una pizca de pudor, corre cada vez más rápido con su bici, incluso ha encargado ya a los Reyes Magos (qué memoria el tío) un monopatín con manillar.

Sus rodillas se han pasado todo el verano llena de costras, al igual que sus codos. Y esto no ha hecho más que empezar. Los peligros, las caídas y los riesgos están a la orden del día. Es cierto que algunos podemos evitarlos pero es difícil.

Las heridas se curan fácilmente con cristalmina, algodón y tiritas, pero los golpes, especialmente en la cabeza ya son más delicados. Cuando tenemos la certeza de que nuestro hijo se ha dado un buen golpe en la cabeza, desde luego lo primero que tenemos que hacer es ir o bien a urgencias, si hay herida o sino a nuestro pediatra habitual. Pero no olvidemos los siguientes signos:

Vómitos

Pérdida de conciencia

Somnolencia exagerada

Jaqueca posterior

Esos signos si deben alarmarnos y ante ellos no hay que dudar, hay que llevar al niño inmediatamente al hospital. El resto podemos solucionarlo en casa o con una visita de control al pediatra.

Queridos madres y padres que estáis a punto de entrar es esta faceta infantil de los peligros extremos, os deseo mucha suerte. Y recordad, podremos evitarles muchos golpes, pero no todos.

viernes, 27 de agosto de 2010

El sexo después del parto: ¿qué cambia?

Hace semanas que llevo leyendo y estudiando acerca de la sexualidad en el embarazo y sobre todo en el post parto. Es un tema delicado y complicado ya que en la mayoría de las ocasiones las mujeres nos enfrentamos solas a este trance. Nuestras parejas están con nosotras, por supuesto, pero ¿quién nos asesora, quién nos comprende, quién nos ayuda?.

Una vez que la criatura está fuera y la cuarentena ha pasado el ginecólogo te da carpetazo rápidamente. La matrona más o menos igual. De tu médico de cabecera ni hablamos.

Pero en muchas ocasiones, tras un parto vaginal pueden aparecer problemas a la hora de reanudar las relaciones sexuales con tu pareja:

- Sequedad vaginal.

- Dolor durante la penetración.

- Imposibilidad de alcanzar el orgasmo.

- Sangrado o irritación post-coital.

Esto por citar algunos.

Muchas mujeres no tienen problemas, pero yo que los tuve, me gustaría hablar sobre ello. Y lo voy a hacer con toda la naturalidad del mundo.

Tuve un embarazo tan complicado que desde el inicio el ginecólogo nos recomendó abstenernos de cualquier contacto sexual, ya no solo penetración, sino cualquir contacto sexual. El orgasmo podía producirme contracciones y eso no era recomendable. Así que desde la semana 6 de embarazo, momento en que nos enteramos de que mi peque estaba en camino, llevamos una vida monacal. Aunque tampoco había muchas ganas la verdad, los tres primeros meses mareada perdida, con naúseas y unos ascos de aupa. Los tres siguientes pendientes de que no pasara nada y todo fuese bien, muy estresados. A partir del quinto mes reposo absoluto, contracciones al canto, riesgo de parto precoz, como para pensar en hacer el indio. Y los dos últimos meses, de disfrute total de mi embarazo, tenía tal tripa que no hubiera sabido ni como ponerme. Resultado, nueve meses sin catarlo.

Como en su día os conté en otra entrada, el médico que me tocó en suerte cuando parí a mi hijo, me hizo un desgarro interno que costó la friolera de más de cuarenta puntos y dos horas de costura (debió ser en punto de cruz por lo menos). Antes de salir del paritorio la matrona que me atendió me aconsejó que cuando retomara las relaciones sexuales sería conveniente usar algún lubricante que me ayudara. Nunca antes lo había usado y me extrañé un poco.

Una vez en casa, superada la cuarentena, y una vez que los puntos internos parecieron cicatrizar, lo cual costó lo suyo aquello era como una lija del quince. La sequedad vaginal, fruto de los cambios hormonales sufridos, era evidente, y uno de los principales handicaps con los que nos encontramos. La lactancia favorece incluso una mayor sequedad, y era cierto, aquello era impenetrable.
El deseo sexual disminuyó y cayó en picado, leche saliendo de mis pechos, la zona del perineo aún muy sensible, sensibilidad también en la cicatriz de la episiotomía. Además se une todo el tema psicológico, los cambios de tu cuerpo, tu nueva imagen, la no aceptación en muchos casos. Y seguimos sumando, el cansancio, el no dormir. Vamos un cuadro.

Mi marido, como siempre, fue muy paciente, mucho masajito, muchas caricias, mucho abrazarnos estando desnudos, sintiendo piel con piel. Eso es lo realmente importante. Muchas parejas creen que lo importante es penetrar y punto. Y para conseguir un reencuentro realmente bueno, hay que retomar esa fase del galanteo que a veces se nos olvida.

Muchos manuales te dicen cosas como que elijas un momento de intimidad sin el bebé, que no os moleste, que la familia se lo lleve u os ayude,..... gaitas. Tu bebé es tuyo y es imprevisible cuando una criatura de un mes puede reclamarte. Así que apechugas con lo que hay.

Al principio no usamos el lubricante, más por pereza de comprarlo que por otra cosa, pero un día mi marido apareció con él, ¡¡bendita la hora!!. Aquello mejoró ¡y mucho!. Conseguimos una relación muy satisfactoria, y mejoró todo, la elasticidad de los músculos de la vagina, el orgasmo, la penetración. E incluso mejoró la sequedad vaginal. Al conseguir alcanzar el orgasmo, hay una mayor lubricación, una cosa lleva a la otra. Y así poco a poco y con mucha paciencia conseguimos retomar nuestra vida sexual.

Mi consejo, no os obsesionéis con la penetración, es muy importante el contacto físico, las caricias, estimular sexualmente a tu pareja, sin necesidad de penetrar. El sexo tiene un amplio abanico y puede ser muy placentero igualmente. Al principio la penetración será un problema, así que es mejor dejarlo para más adelante. Pero igualmente puede ser satisfactorio para los dos miembros de la pareja.

Os diré que fue difícil, los problemas físicos fueron complicados, y ningún médico o especialista te ayuda en esa fase de postparto. Mi marido tuvo muchísima paciencia conmigo, lo cual le agradezco mucho. A día de hoy nuestras relaciones son totalmente normales y no hay secuelas.

Pero considero muy importante conocer los problemas que pueden sobrevenir tras el parto, problemas que se deben hablar y tratar con el profesional correspondiente. Y sobre todo, nosotras no nos debemos sentir mal por ello, debemos tener la suficiente confianza con nuestras parejas para superar juntos ese bache.

jueves, 26 de agosto de 2010

Transición: de los purés a los trocitos

A petición de mi amiga Mamá contra corriente, hoy voy a hablaros de cómo mi peque pasó de comer purés a comer sólido. La verdad es que es una etapa complicada, de muchos cambios, más de un lloro. Los niños a veces se confunden, rechazan, aceptan, un follón.

Mi consejo es afrontarla con toda naturalidad y quitándose muchas ideas de la cabeza, por ejemplo:

* Comerá menos si le doy algunos trozos

* El puré es más completo y le alimenta más

* Tiene que tomar X medida de puré sino es que no me come

Olvidáos de todo eso, de cantidades, alimento, necesidades. A partir del año, aproximadamente (variará según el niño) necesitan probar cosas, empezar a masticar, aunque aún no tengan apenas dientes, nuevas texturas, nuevos sabores,...., forma parte del crecimiento y de su desarrollo.

Mi hijo empezó a comer purés a los 6 meses aproximadamente. Desde la primera cucharada los devoró, verduras, carne, pescado, pollo,...., salvo el de frutas, el resto le encantaban, ¡todos!, con calabaza, con calabacín, con puerro, patata, zanahoria, judía verde, daba igual, todo le venía bien. Su preferido, desde siempre, el de pollo. De hecho hoy en día su plato preferido es el pollo asado, aunque lo adora de cualquier forma.

A partir del año, empezó a comer menos cantidad, se dejaba puré, le hacía ascos, aunque lo comía pero ya no era el devorar de meses atrás. Y de repente pasó de los purés caseros de mamá a los potitos y a los trozos de comida. Esto con 13 meses.

Para que comiera fruta sin miedo a atragantamientos varios, utilicé esta redecilla de la imagen. Le encantaba comer así trozos de plátano, manzana, pera. Y de ese modo empezó a apreciar la fruta.

Comía galletas María sin dificultad, pan, jamón de york, fiambre de pavo, queso. He de decir que a esta edad tenía una dentadura muy apañada. Y comenzamos a cenar pescado a la plancha, trocitos de lenguado muy hechos, ¡¡le encantaban!!, tortilla francesa, pollo cocido o a la plancha. Lo devoraba del plato. Intentaba darle purés, pero fue imposible. Poco después de cumplir el año cerró la boca y no hubo manera. Así que sustituí mis purés por algunos potitos. De postre por la noche tenía pecho, aún continúabamos con la lactancia. Supuse que si el niño se quedaba falto de algo, o con hambre, mamaría más, pero no fue así. Debe ser que le alimentaba lo que comía de lo lindo. El niño mamaba como siempre. No perdió peso, al contrario, siguió ganando, aunque más estable.

Con 14 meses le daba sopitas de pollo. Otro de sus platos preferidos, sopa con fideos. Al principio teníamos que ponerle babero, y miles de servilletas de papel, servir el doble de la cantidad que quería que se tomara, porque espurreaba la mitad, pero le encantaban. Y ya con 15 meses tomaba un primero y un segundo. El filete de ternera intenté incorporárselo y lo aceptó, en trozos muy pequeñitos y super tierno. Desde siempre le gustó. Salchichas de pavo, y así fuimos creando una lista de alimentos suaves y fáciles de comer. Pero a veces no era fácil y teníamos que recurrir al potito de marras.

Poco a poco creamos menús adecuados para las comidas y las cenas. Y el desayuno también empezó a cambiar, nada de papillas, leche muchísima menos. Esto me preocupó, sobre todo porque te martillean la cabeza con eso de que debe tomar medio litro al día. Lo consulté con el pediatra, me recordó que el niño tomaba yogures, queso, pecho,..... lacteos suficientes. Y también me dijo que a partir de esta edad empiezan a tomar mucha menos leche. Y así fue. Los desayunos empezaron a ser de pan tostado con aceite. Un día probó una rebanada de pan que yo me hice, y no quiso otra cosa en meses. Intentamos continuar con la papilla, pero era misión imposible, así que para qué batallar. Era feliz tomándose sus tostadas de pan. Lo acompañábamos de un yogur y se quedaba la mar de satisfecho.

Con 15 meses abandonó la lactancia, por algún que otro sobresalto que ya os contaré (tengo pendiente la última parte de Historia de mi Lactancia), y empezó a tomar yogures también por la noche.

En comparación a cuando tomaba purés, pues sí, comía menos. Con los purés hay que tener un cuidado de aupa, porque echas y echas y en volúmen no se nota. Pero cuando cumplen un año su ritmo de crecimiento disminuye y a veces se nos olvida. Los niños se regulan perfectamente, ellos serán los que te marquen el ritmo de alimentación. Y los adultos debemos estar ágiles para comprenderles y respetarles ese ritmo. Tranquilas, no perderán peso, no dejarán de crecer, no se alimentarán mal. Pero tienen que cambiar, tienen que empezar una nueva etapa. Dejadles comer, lo disfrutarán. Dejad que prueben cosas, texturas, olores, sabores. Dejad que descubran. Esto hará que se diviertan con la comida, que sean atrevidos a la hora de probar, dejemos que el paladar se vaya acostumbrando a esta nueva etapa.

Visto ahora, desde la distancia me sonrío con cierta nostalgia. Pero realmente fue una etapa muy dura, no sabes qué darle, no sabes si le gustará, te rechazan muchos platos, algunos días comía francamente mal. Pero es lo que tiene que suceder.

Hoy en día mi hijo come bien, o muy bien. Come poca verdura, no come arroz, que lo detesta. Pero el resto.... en un santiamén y solo. Le animamos desde muy pequeño a masticar, a probar cosas y eso seguimos haciendo, animarle a probar. A veces cuela, a veces no. No debemos estancar a los niños en los purés para asegurarnos una alimentación más completa o porque realmente es lo más cómodo. Debemos ser primero nosotros atrevidos, para conseguir que ellos lo sean.

miércoles, 25 de agosto de 2010

El mejor lugar para ser madre

Así titula el diario El País un artículo publicado en el suplemento dominical del pasado domingo. Y el lugar premiado es..... Noruega. Parece ser que esa es la conclusión del 11º Informe "El estado de las mujeres en el mundo" de la Fundación Save de Children.

Nos sumergimos en la sociedad noruega para conocer un poco más el modo en que estas mujeres, o mejor dicho, estas familias viven la llegada de un hijo.

Nos encontramos en un país con 4,8 millones de habitantes, que rozan el pleno empleo. Donde la presión fiscal está alrededor del 47%, una de las más altas. Se jubilan a los 67 años. Reciben unas ayudas por hijo de unos 120 euros mensuales hasta que éstos cumplen los 18 años. Para empezar a dar datos, no está mal.

Noruega es un país que en 1969 da un giro radical gracias al petróleo. El oro negro llegó para cambiar a esta población por entonces pobre y rural. Pero parece que lo han sabido aprovechar. El sector supone un cuarto del PIB. Esto les garantiza las pensiones futuras.

Y ahora hablemos de lo que nos ocupa, ¡¡los hijos!!. En la generación anterior la media de hijos por mujer rozaba el 1,5. A día de hoy son casi 2 de media. Solo supera estas cifras Francia, Islancia e Irlanda. La media en nuestro país es de 1,4. Queda mucho camino por recorrer.

En 1977 empezaron los cambios, consiguieron incrementar el permiso de maternidad de 12 a 18 semanas. Supongo que no hace falta recordar que en España, en el año 2010, tenemos 16 semanas de permiso. Parece que el camino se alarga.

Seguimos hablando de políticas sociales. Puedes elegir (madre mía, hasta pueden elegir) dos tipos de bajas maternales, o bien de 46 semanas con el 100% del sueldo. O bien de 56 semanas con el 80% del sueldo. Os recuerdo que el año cuenta con 52 semanas. Estamos hablando de bajas que rondan el año, como mínimo.

Hablemos de la figura paterna, importantísima en la crianza de los hijos y en el hogar en la sociedad noruega. Los padres pueden cogerse hasta 10 semanas de permiso tras el nacimiento de un hijo, eso sí, con el sueldo íntegro.

Hay un párrafo que quiero copiar porque me gustaría detenerme sobre él:
"Maternidad e igualdad se funden y retroalimentan. Las medidas que fomentan la incorporación de la mujer al trabajo, el permiso para el padre y la igualdad de género, facilitan la maternidad. ........ Hay estudios que indican que si el padre se implica, por ejemplo, familias en las que el padre disfrutó del permiso con el primogénitos, la probabilidad de tener un segundo hijo fue mayor."

Sigo dando datos y luego los comento.

En el año 2008 el país batió records en construcción de guarderías, y desde 2009 se garantiza por ley una plaza. El precio máximo de un jardín de infancia es de 280 euros.

Pasamos del ámbito social y económico al tema de la sanidad. En uno de los mejores hospitales de Oslo traer hijos al mundo se hace de un modo diferente. Allí se incita y favorece la lactancia materna desde que pisas el recinto. Te recibe una escultura de mujer amamantando, carteles, fotos, incluso un vídeo en cada habitación informando. Eso añadido al personal médico y de enfermería por supuesto.

En Noruega hay unas 2000 matronas, cerca de 3 por cada 100 partos. En España contamos con 1,3 matronas. Asisten solas, sin médicos, el 70% de los partos. Hay bañeras de agua caliente para calmar los dolores de las contracciones, ofrecen acupuntura en lugar de epidural. Un mundo por descubir.

El ratio de cesáreas ronda el 17%, dos puntos por encima de la recomendación de la OMS. En España es del 22,2% en hospitales públicos, y de 36,6% en privados. La epidural se utilizó allí en el 24% de los nacimientos. La episiotomía en 9 de cada 100 casos.

Una ginecóloga (española además) que trabaja en ese hospital y que colabora en la entrevista se excusa a las 4 de la tarde, ha de salir de trabajar para recoger a sus hijos y pasar una tarde familiar. Esto sí parece conciliación laboral. Igualito que aquí, a ver qué médico que se precie puede salir a las 4 de la tarde de trabajar.

Pasamos al área laboral. En el sector público las 4 de la tarde es la hora de salida de los trabajos. En el sector privado, se pasa la tarde en familia y después tras la cena se puede trabajar algo más en casa. Se trabajan 37,5 horas semanales. Se disfruta de 5 semanas de vacaciones al año. Y lo mejor, tienen 10 días de baja (al año) sin justificar por enfermedad de los hijos. Según lo escribo me mareo..... ¿Esto será cierto?.

Para ellos "no tener largas horas de comida es fundamental. Si la ambición es que ambos padres compartan trabajo y tareas de casa, es necesaria la regulación de la jornada laboral". A ver, ¿serían tan amables los señores gobernantes y empresarios noruegos de darse una vueltecita, aunque fuera corta, por nuestro humilde y cateto país?.

Veamos, ¿esto que es, utopía o realidad?. Pues señoras y señores parece que esto es real, después de varias décadas trabajando han conseguido lo que tienen. Su pilar básico es este maternidad e igualdad. Reconozco que me abruma un poco este empeño en que la mujer vuelva al trabajo sí o sí. Pero es que puedes volver al trabajo sin preocuparte de permisos de maternidad, si el niño se pone malo, si no vas a salir a tiempo para recogerle. Hay alternativas. El padre también puede conciliar su vida laboral con su vida familiar. El padre es miembro activo de la familia, en nuestro país todavía esto es discutible. En la gran mayoría de los casos es el padre el que llega a casa después de una maratoniana jornada de trabajo, y claro, por mucho que quieran no pueden integrarse al mismo nivel que la madre en la vida familiar, al menos de lunes a viernes.

Pero claro, para tener ciertas cosas, hay que pagar altos precios, véase, impuestos, jubilación retardada, pero a cambio, ¿qué se ofrece? una vida mejor sin duda, una vida donde la familia es importante, donde se antepone incluso al trabajo.

No aspiro a que de un plumazo podamos llegar a esto. Insisto, llevan décadas trabajando. Pero igual podíamos imitarles un poquito. Jornadas intensivas, ¿qué es eso de 2 horas para comer?, bajas maternales más amplias aunque fuera reduciendo el sueldo ¿estaríais dispuestas?, bajas paternales. Podíamos ir dando algún pasito.

No quiero ayudas de 2.500 euros por hijo nacido, no me sirve, no quiero más plazas de guardería, no me sirve de nada si en las guarderías públicas la hora límite para recoger al niño son las 4, pero mi trabajo es de los de 2 horas para comer. Vamos a trabajar en paralelo, la ayuda social debe ir a la par de los cambios en el mundo laboral. Y ahí sí que tenemos un gran problema. ¿Cuántos empresarios van a consentir que se trabaje de 8 a 4?.

Sinceramente lo veo a día de hoy imposible, imposible siquiera acercarnos a lo que tienen los ciudadanos noruegos. Recuerdo que una señora política hace unos meses decía que debíamos dar facilidades a los empresarios para contratar (los pobres), que todo el mundo quería trabajar de 9 a 5 y eso no podía ser. ¿¿Ah no??. Y digo yo, que más da trabajar de 8 a 4 de la tarde todo seguido, siempre que se cumplan los objetivos marcados?. Hay ciertos misterios que me gustaría me explicasen.

Pero basta de criticar. Mi intención era que fuéseis conocedores de este artículo tan interesante que El País nos ofreció el pasado domingo. Un artículo que nos dice que sí, que es posible.

martes, 24 de agosto de 2010

Todos somos animales

Mi amiga Marta, tan amante de los animales como yo, me ha hecho llegar este vídeo. Y no me he resistido a ponerlo.

¿Me creéis si os digo que sería absolutamente feliz si yo pudiera estar en la piel de ese hombre?.


sábado, 21 de agosto de 2010

La sanidad pública madrileña está de vacaciones

Tristemente puedo afirmar que la Sanidad pública de mi ciudad, Madrid, está de vacaciones. Y no es que no haya médicos disponibles, consultas libres, .... , no, de eso hay a montones. Pero no hay pacientes en las consultas a los que atender. Y claro, cuesta entender que no haya pacientes, ¿en verano te curas de tus dolencias?. Me parece que no.

Ya a principios del verano tuve mis dudas al respecto. Como recordaréis tenía pendiente una visita al Urólogo para recoger los resultados de un par de pruebas, nada grave, unos rayos y una ecografía. De un plumazo pudieron adelantarme esa cita de enero de 2011 a julio de 2010. Cuando fui al Centro de Especialidades parecía un lugar fantasma, pasillos vacíos, consultas vacías, y médicos,...., ellos sí estaban allí, mano sobre mano. Dos consultas de urología con dos especialistas y estaban vacías.

De nuevo mi salud se resiente, esta vez mi sufrido estómago. Hace ya casi una década que me da guerra cada dos por tres. Y aunque hemos ido superando los achaques esta vez ha dado algo más fuerte. Y temo que de nuevo tendré que pasar por el especialista de Digestivo y hacerme alguna prueba que otra, todas bastante desagradables, por cierto. Hace unos 8 días acudí a mi médico de cabecera, le conté mis antecedentes, mis molestias, pero en lugar de mandarme al especialista directamente quiso ella lucirse un poco. Me retiró la única medicación que me sirve, el Omeprazol, para poder hacerme la prueba del helicobacter pylori. Una prueba sencilla, rápida que consiste en soplar por un tubito después de haber tomado un preparado. Me dijo que eso iba rápido, pero rápido para ella es que la cita me la han dado el 24 de septiembre. Y mientras tanto pretendía que tomara Ranitidina, mucho más flojito, y aguantara ardores, dolores, y un sinfín de molestias más. Por si no lo he dicho, ella es muy divina.


Ayer tuve que ir de nuevo a la consulta. Las molestias han ido a más, todo lo que como me sienta mal, y claro, estoy perdiendo peso. Entonces ya sí, ya el cuadro ha empeorado y me manda al especialista. Por cierto, si algún doctor o doctora me lee, es importante que los profesionales de la medicina reciban formación de "cómo no asustar a un paciente que tiene muchos dolores". Estoy segura que ese tipo de formación la reciben, pero hay que reciclarse, porque parece que a muchos se les olvida.

El caso es que ahora la cita con el especialista de Digestivo la tengo para el 14 de septiembre, y es una primera cita donde me mandará todas aquellas pruebas que consideren pertinentes. Como recomendación me dijo que volviera al Omeprazol, porque era obvio que la Ranitidina no hacía nada. ¡¡Vaya!! y entonces, ¿la prueba del helicobacter?. No me supo o no me quiso responder.

Acudí al Centro de Especialidades a rogar una cita cuanto antes. Pero es imposible, las agendas no están abiertas, ¿¿¿cómo????. Parece que en Agosto no se han dado citas, y todo se ha retrasado. El personal de administración de la Sanidad Pública no hace nada en estas fechas por lo que veo. Se cierra de junio a septiembre, ¿esto es oficial?. Si tienes citas en Agosto es porque han sido programadas al principio del verano. Pero ahora, a pesar de que las consultas están vacías no se reprograma, no se adelantan citas, no se hace nada.

Un señor muy amable que hay en el Centro de Especialidades me dijo que les llamara a partir del 30 de agosto, porque era casi seguro que me lo iban a poder adelantar. Qué triste, ¿no os parece?. Con la de recursos que se podrían aprovechar, la de citas que se podrían adelantar, la de tiempo que se podría ganar. Es cierto que muchos pacientes no querrán adelantar sus citas porque no están en la ciudad, pero otros muchos sí, y eso también serían beneficioso para ellos.

Así que, mientras tanto, ¿qué hacemos? Pues lo más probable es que acuda a urgencias, aún a sabiendas que lo único que querrán darme será buscapina para el dolor. Y sinceramente el dolor no me preocupa. Pero lo tendré que intentar. Ese capítulo os lo contaré en otra entrada.

jueves, 19 de agosto de 2010

Light baby shoe: calzado de interior

Hoy quiero hablaros de unas zapatillas que he comprado al Peque en Decathlon. Se trata de las Light baby shoe, indicadas para la gimnasia infantil de interior. En nuestro caso van a ser utilizadas como zapatillas de casa, ya que a mi hijo no le han gustado nunca que tengan suela dura, o que sean muy gruesas.

El invierno pasado utilizamos unos calcetines con suela reforzada que encontramos en H&M. De hecho los utilizábamos también para ir a la Pequeteca, ya que allí andábamos entre colchonetas y suelos de goma. Fue una compra magnífica. Para colmo estaban decoradas con Rayo McQueen. Los 9,90 €uros que costaron fueron bien invertidos.

Han llegado algunos días más frescos, y el nene, al igual que el padre, tiene tendencia a tener los pies fríos, así que tocaba hacerse cuanto antes con unas zapatillas ligeras, no calurosas (le suda el pie) y cómodas.

Y ayer sin buscarlo, dimos con las Light baby shoe. Como podéis ver en las fotos son flexibles, con la suela reforzada por gomas para evitar resbalones, y también llevan refuerzos tanto en la puntera como en el talón. Tienen un cómodo cierre de velcro que ayuda a que los niños puedan ponerlas y quitarlas solos y sin dificultad.




Son un calzado fino, pero nosotros tenemos parquet en casa, así que creo que con un calcetín gordito podremos usarlas todo el invierno.




Lo tenéis disponible de las tallas 20 a 28, pero os diré para los que tenéis hijos muy pequeñitos que dan muy poca talla. Mi hijo usa un 26 y en estas zapatillas hemos comprado un 27 e igual nos hemos quedado cortos.

Hay una gama de colores variados: verdes, azules, rosa, lila, celestes.

Y su precio 14,95 €uros, pero como aún estamos de rebajas, el precio final ha sido de 12,95 €uros.

Os las recomiendo.

PREMIO


Hoy es el día de los premios. La blogosfera se ha llenado de generosidad, de buenos sentimientos y de gratitud. Y he tenido la gran suerte de recibir este estupendo premio. Algunas de vosotras me lo habéis dado y la verdad me siento muy agradecida.

Yo no voy a seguir premiando, creo que los blogs más importantes para mi ya habéis sido premiados. Y además es posible que no me llegara con 12..... El premio yo os lo dedico a todos. Lo dedico a aquellos que me leéis y me regaláis vuestros comentarios cada día. Gracias, significa muchísimo para mi. Lo dedico también a todos esos blogs que comento y que leo, blogs que me llenan, me enseñan, me hacen reir, me acompañan. A todos vosotros, a todos los que lean esta entrada, ¡¡GRACIAS!!.

Sentimientos

Desde que mi hijo era muy bebé tuve claro que era un niño extremadamente sensible. Todos los bebés necesitan a sus madres, tenerlas cerca, tocarlas, acariciarlas. Pero mi hijo necesitaba un contacto especial. Me miraba con esos ojos de amor infinito, me buscaba.

En el hospital ya una auxiliar de enfermería me lo advirtió. Él no pedía brazos, no era un niño llorón, pero ansiaba contacto y tener a alguien cerca a quien mirar.

Y así hemos seguido, así hemos crecido. Bien es cierto que nosotros, su padre y yo, hemos fomentado toda expresión posible de sentimientos. Y aunque en nuestras casas y con nuestras respectivas familias nunca hemos sido muy expresivos o sentimentales, en nuestra casa y con nuestro hijo somos como un algodón de azúcar, empalagosos a rabiar.

Así que como el peque era un algodón potencial, y los padres lo fomentan, resulta que mi hijo es todo sentimiento. Su faceta emocional se desarrolla a mil por hora y sus comportamientos sorprenden para su edad.

El nacimiento de mi sobrina, la Princesa, ha sido todo un acontecimiento en su vida. En los últimos meses de embarazo se le hablaba mucho de ella, le explicábamos quien era, como iba a ser, le intentamos poner en situación para que no se llevara muchas sorpresas cuando naciera. Y realmente todos esperábamos una pequeña reacción de celos, pelusilla. Al fin y al cabo es, o mejor dicho, era el único niño de la familia, y solo tiene 3 años. Pero nos ha sorprendido a todos por su madurez y por la (me atrevo a decir) pureza de sus sentimientos.

Desde el primer momento que la vio pude verle sonreir, una sonrisa llena de ternura y calidez. Y esa sonrisa es la que continúa mostrando cada vez que la ve. Siempre que vamos a verles, su primera intención es mirar a su prima, asomarse a los brazos de Tata, o a su cuna para verla, tocarla y por supuestísimo besarla. Y todo lo hace con una delicadeza extrema, con su tierna sonrisa en el rostro. Puede llegar a mil por hora (como ayer), dando voces, o enfadado, o nervioso, que en cuanto la Princesa está delante de él, sabe que debe hablar en susurros. Os aseguro que se comporta mejor delante del bebé que muchos adultos que he visto desfilar por casa de mi hermana.

Pero esto no solo ocurre con su prima. Adora, por ejemplo, a su mejor amigo. Su amigo es un niño de un carácter muy parecido al suyo. A veces la madre del nene y yo decimos que parecen hermanos de lo similares que son. Cada vez que le ve se le ilumina la cara, no porque tenga a alguien para jugar, sino porque le quiere, y así me lo dice : -"Mamá, quiero muchísimo a Amigo".

Amigo es algo mayor que mi peque, y está pasando una fase algo despegada. Tanta inactividad veraniega pasa factura, e insisto, que los niños pasan por fases. El caso es que el Peque cada vez que ve a Amigo se tira a él para abrazarle, besarle.... y Amigo se siente agobiado. La otra tarde estaba pensativo y me preguntó: -"Mamá, ¿por qué Amigo está ahora siempre enfadado?. Le expliqué que a veces uno se aburre mucho y se enfada con los demás. Pero anda el pobre preocupado.

Con todo esto me he dado cuenta de lo mucho que puede llegar a sufrir mi hijo por cosas normales de niños. Para él mostrar los sentimientos, querer, demostrarlo, es lo habitual, lo normal, lo que debe ser. Y creo que le va a tocar aprender que no todo el mundo es así. Y que a veces aunque te quieran no te lo demuestran efusivamente.

Pensaba que con el paso del tiempo, al hacerse mayor todas esas muestras de amor hacia su padre y hacia mi irían pasando, pero no, es al contrario. Nos besa, nos abraza, nos dice que nos quiere, todo eso como unas cuarenta veces al día, prometo no exagerar.

Y realmente me siento orgullosa de él, pero temo que por esa sensibilidad tan exagerada pueda sufrir.

martes, 17 de agosto de 2010

Palabrejas: la barriga

Era domingo, habíamos acabado de comer los tres y el Peque estaba hartito. Se sienta en el suelo y....


Peque: - Mamá, mi barriguita está muy contenta.

Mamá: - ¿Por qué está contenta?

Peque: - Porque se ríe, salta, ..... está contenta.

Mamá: - Eso será porque ha comido muy bien, ¿verdad?

Peque: - Pues sí, ha comido muy bien.


Y es que la comida para mi hijo es muy, muy importante.

lunes, 16 de agosto de 2010

Lactancia y pudor

Curiosamente para muchas madres estos dos términos van de la mano, lactancia y pudor. En muchos ambientes, o en muchas situaciones las madres se sienten avergonzadas por amamantar a sus bebés en público, en un restaurante, en casa de unos amigos, en el parque, o en tu propia casa si tienes visita. Sacar la teta y dar de comer a tu bebé parece que se debe hacer en privado.



Cuando yo amamanté a mi hijo me vi en situaciones embarazosas, no por mi, que no tuve ningún pudor a la hora de dar el pecho, sino por los demás. Recuerdo las miradas evasivas, la cara colorada, y la verguenza que se dejaba sentir en hombres (amigos, familia, etc) que venían a mi casa a ver a mi bebé. El ver como yo sacaba la teta les sorprendía sobremanera y les avergonzaba. Curioso, yo no me avergoncé jamás y siempre lo hice con toda la naturalidad del mundo. Yo era una madre y mi pecho el alimento de mi hijo. No encuentro nada lascivo en ello. Pero parece que otros no pensaban igual.

Mi hermana que también está amamantando a su hija hace como yo hice en su día. Sale con su bebé y donde mi sobrina pide, ella le da. Y seguimos con los mismos patrones de verguenza, caras coloradas, no saber hacia donde mirar.... Ella lo hace con toda naturalidad, ¡¡faltaría más!! , pero muchas personas se sienten cohibidas.

Precisamente me contaban hoy que se encontraron con una vecina que también ha sido madre recientemente y está dando el pecho a su hijo. Ayer la veían correr acelerada hacia su casa, con su bebé llorando desconsolado. La explicación fue esta: ella iba corriendo a su casa a amamantar a su hijo que estaba hambriento. ¿¿¿Cómo???. Su hijo lloraba de hambre, su madre tenía la teta allí mismo, pero el pudor la sobrepasó, e iba corriendo a esconderse a su casa, a su intimidad para alimentar a su bebé.

¡¡Ojo!! Me parece respetable absolutamente que una madre prefiera dar a su hijo el pecho en la intimidad, o que no la guste que la miren. Pero aunque estés en la calle te puedes cubrir, o apartar ligeramente. Cada una amamanta como quiere, desde luego. Pero no me parece una actividad vergonzosa como para esconderla hasta tal punto.


Me encanta ver a mi hermana con su hija cogida en brazos por la calle y paseando con toda la naturalidad del mundo mientras mi Princesa va mamando, con esa carita de satisfacción y de ir hartita de leche.

Desde aquí me atrevo a reivindicar la naturalidad, porque a mi me parece hermosísimo ver a una madre dar la teta a su bebé.

domingo, 15 de agosto de 2010

Palabrejas: con la cámara

Una de las últimas aficiones del Peque es hacer fotos con la cámara digital. Es bueno, doy fe. Le gusta hacer pruebas, enfocar, hacer fotos de más cerca o lejos, perseguir a la gata y sacarla planos en corto, se hace fotos a los pies, a los dedos. Es curioso verle probar, mirar, y disparar.

Y parece que tiene más control de sus funciones de lo que yo pensaba. Su padre al ver que tenía el flash puesto, decidió quitárselo por si le era molesto. Su respuesta fue inmediata:

Peque: - ¡¡Papá!!, no me quites la lumbre de la cámara. La apago y la vuelvo a encender para que salga de nuevo.

El por qué llama lumbre al flash, lo desconozco. Aparece una lucecita roja cuando está puesto, pero mi hijo no es que haya visto muchas lumbres o fuegos en su vida, la verdad.

Y como véis tiene bastante claro que si la apaga y vuelve a encender, las funciones se instalan de nuevo. Así que sí, parece que sabe lo que hace.

Palabrejas: va de insectos, .... , y algo más

Iba mi pequeño de paseo con su padre por el parque, con su bicicleta, su casco y su tremenda ilusión. Aprovechando estas tardes estupendas de calor aceptable y brisa relajante. Donde yo vivo hay muchos insectos como el de la foto, zapateros se llaman. El peque está acostumbrado a verlos desde muy chiquitín.

Y ya digo que iba él rodando feliz por la ácera cuando de repente:


Peque: - ¡¡Papá!!, ¡¡el zapatero se ha atascado en la rueda!!. ¡¡¡¡Tienes que rescatarlo!!!!.

Papá: - A ver, a ver.

Buscan por la rueda para ver donde había acabado el pobre zapatero.....

Peque: - (muy asombrado) Papá, ¡¡el zapatero está apagado!!.


Parece que Papá se quedó sin palabras. El peque no preguntó más, asumió que el pobre insecto estaba apagado pero no sintió más curiosidad que esa. Continuó rápidamente con su paseo en bici.

Me temo que vamos a tener que abordar antes de lo previsto (como tantas otras cosas) el tema de por qué se apagan los insectos.

viernes, 13 de agosto de 2010

La música siempre acompañando

Hoy me ha inspirado Lady A. Tiene la bonita costumbre de alegrarnos los viernes con un tema musical en su blog La Mamá Vaca. Hoy le ha tocado el turno a Beyoncé y mi hijo al oirlo se ha puesto a bailar como loco. Y por supuesto a continuación ha pedido más música.

Y como hoy en Madrid ha bajado la temperatura una barbaridad, estoy de un humor estupendo. Tengo ganas de bailar y de reir. Y fíjate de lo que me he acordado:




¡¡Qué maravilla!!.

Así que mi hijo y yo estamos dando saltitos por la casa al ritmo de los incombustibles Hombres G.

Disfrutad de este fin de semana de Agosto, bailad, reid con vuestros hijos. Entramos en la segunda quincena de Agosto y el verano empieza a declinar.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Historia de mi Lactancia (II parte)

Superado el primer bache, todo fue sobre ruedas. Cuando mi niño recibió el alta y nos fuimos a casa, las cosas fueron muy bien. Mamaba a demanda, día y noche y sin ningún problema. No hubo grietas, dolores, molestias. Mis pechos rebosaban leche y mi niño disfrutaba al pecho. Solo una vez durante mi baja maternal tuve una pequeña amenaza de mastitis . Tal y como me dijo la matrona, esto podía suceder y sucedió. El pecho muy duro, enrojecido, dolorido y fiebre. ¿Qué hice?, lo que me dijo que hiciera, poner al niño al pecho hasta que sacara toda la leche y liberara los conductos. Dicho y hecho, esa misma noche ya me encontraba bien. Dolía, sí, pero pasó rápido. Nada de ir al médico, tomar antibiótico, nada de nada.

Por lo demás sin contratiempos. Llegaron sus 5 meses y yo tenía que volver al trabajo. Intenté darle biberones con mi leche para que mi madre, que sería quien se ocuparía de él en mis 5 horas de ausencia, pudiera dárselos. Pero no hubo forma. Jamás quiso probarlos. Así que pasamos al plan B, papillas. Con mi leche mi madre le hacía papillas ligeras que le iba dando con la cuchara. Antes de irme teta, después papillas y al regresar teta y más teta. Pensé que todo sería más difícil pero se adaptó bien.

En el trabajo mis pechos se hinchaban y llenaban de leche así que opté por llevarme una neverita, el sacaleches y los tarros herméticos. Y a la mitad de mi turno me bajaba a un baño , me sacaba mi leche, la guardaba en mi neverita y la llevaba a casa. No voy a entrar a contar los comentarios que oía, que no vienen al caso. Pero vamos, que nadie más que yo en esa empresa hizo eso. Y el 70% de los empleados éramos mujeres, y un número importante ya había sido madre o lo iba a ser. Yo fui la única que lucía sus pechos rebosantes de leche orgullosa. Claro, encima de que solo trabajaba 5 horas, necesitaba al menos media hora para vaciarlos.....
Esa leche la empleaba mi madre para las papillas. Así estuvimos mucho tiempo. Hasta que mis pechos ya no generaban tanta leche. Fue en Navidad cuando ya no hizo falta ir con la nevera a cuestas. Entonces las papillas se le hacían con leche de fórmula, pero fueron ya muy pocas.

Con la introducción de alimentos a partir de los 6 meses, empezó a mamar menos pero seguía mamando, sobre todo por la noche. Mamaba 2,3, 4 veces... según el día, y por la mañana antes de irme a trabajar. Se aferraba a la teta y con una manita me agarraba el pelo. Por aquel entonces llevaba el pelo muy largo y a mi hijo le encantaba acariciarmelo y agarrarlo mientras mamaba y me miraba, o mejor dicho nos mirábamos. Es manía se le ha quedado. Aún adora acariciarme el pelo, cuando está nervioso de hecho me abraza y me toca el pelo. Ni que decir tiene que dormía a mi lado en la cama, cuando quería cogía la teta, y cuando quería dormía. Fue una época muy dura, yo me levantaba a las 6.30 de la mañana. Y dormía la verdad muy poco.

A los cinco meses exactos le salieron de golpe los dos dientecitos de abajo, él se sentía raro, pero no hubo problema con la teta. Pero con la salida de los de arriba, un mes después, a veces se confundía (eso creo) y mordía un poco. Eso pasaba cuando estaba muy cansado y se enfadaba porque no agarraba el pezón como el quería. Tiraba de él hacia atrás, me agarraba con las manos y algo arañaba con los dientes, pero era muy leve.

Y ahí seguía yo, dando teta a diestro y siniestro. Y cumplió su primer año. Pero un día después sus problemas de salud regresaron, y la lactancia empezó a resentirse.

Una imagen vale más que mil palabras




Yo creo que una imagen vale más que mil palabras. Aquí los tenéis, a los dos cachorretes de la casa. Aunque tanto uno como otro tienen ya poco de cachorros. Crecen que da gusto y crecen juntos.

La gatita y el nene. Se adoran como podéis ver. Están echando su siesta. Comparten su sueño, sus juegos, y todo. Estoy contenta de que mi hijo pueda compartir tanto con este animal, que es un cielo. A nosotros a veces nos agota, porque es una gatita incansable, y si por la noche se aburre nos llama .... a maullidos. Pero cuando mi peque despierta, la primera en darle los buenos días es ella, y ya no se separa de él.

Así que a pesar de los maullidos nocturnos y los pelos blancos en los sillones, merece la pena tenerla.

martes, 10 de agosto de 2010

Mermelada de melocotón

El domingo por la tarde andaba tan nerviosa cuando me avisaron de que mi hermana se iba al hospital que se me ocurrió hacer un poco de mermelada de melocotón. Pensaréis que menudo momento.... sí, es verdad. Pero cuando estoy nerviosa necesito hacer algo. Nunca había hecho antes, mi especialidad es la de fresa pero decidí arriesgarme. La verdad que las mermeladas caseras son una maravilla y poco tienen que ver con las compradas.

Yo soy partidaria de hacer poquita cantidad, e ir renovando. No es un proceso laborioso, al revés, se hace en un momento.

Ingredientes:

- 1 kilo de melocotones maduros (vienen a ser 4 o 5 melocotones hermosos).

- 350 - 400 gr. de azúcar.

- el zumo de medio limón.

Pelamos y troceamos pequeñito los melocotones, los ponemos en un bol grande. Le añadimos el azúcar. He puesto esta cantidad, podéis variarla en función de lo golosos que seáis. Yo más bien eché los 350 gr. y me ha quedado muy buena. Pero acepta más. Espolvoreáis bien repartida el azúcar encima de los trozos de melocotón y por último añadís el zumo del medio limón.

Tapáis el bol y lo dejáis en la nevera macerar al menos 2 horas.

Preparad una sartén con fondo y una vez transcurrido este tiempo echáis el contenido del bol a fuego medio. El azúcar se habrá convertido en líquido y el melocotón habrá soltado su jugo, por eso no es necesario añadir agua ni nada. Dejáis que cueza a fuego medio, y poco a poco se irá espesando. Removed cada poco tiempo. Cuando ya esté ligado aplastad un poquito con un tenedor los trozos más grandes y bajad un poco el fuego. En cuestión de 30-40 minutos estará lista.

Dejad enfriar en un bote de cristal, y lista para comer.

¡¡Riquísima!!. Espero que os animéis a hacerla, los melocotones ahora son tan buenos, que merece la pena.

domingo, 8 de agosto de 2010

Ha nacido

Domingo, 8 de agosto de 2010:

Me he levantado de la siesta, raro es que me la eche, pero estaba muy cansada. Son las 5, el peque ha sido quien me ha despertado. Papá sigue a mi lado durmiendo. Preparo la merienda del niño, y voy al baño a arreglarme. Nos iremos en cuanto meriende a ver a mi hermana. Aunque sigue con molestias y dolores varios, parece que aún aguanta. Tengo ganas de verla, pero más ganas tengo de que se vaya al hospital a parir.

5:50 horas. Mi padre llama, "no vengáis, tu hermana está con muchos dolores, cada poco tiempo y puede que nos vayamos en breve al hospital".

Hablo con ella, parece que los dolores son nuevos y muy fuertes. Son cada diez minutos. Su ginecóloga, en la última visita del viernes pasado le dijo que no esperara, la niña está muy abajo. Esta sale de dos pujos ya verás. Pero estoy tranquila, ella sabe lo que debe hacer y lo que debe esperar, está preparada, es una campeona.


6:15 horas. Parece que ha pasado una hora desde que hablé con ella, joer, estoy nerviosa y todo. No quiero ir a su casa, en estos casos demasiada gente no es aconsejable. Están mis padres con ella, y su marido, por supuesto, demasiados para mi gusto. No voy a llamar, no voy a ir.... tengo que esperar. Solo de pensar que esta misma noche o mañana puedo tener en brazos a mi sobrina hace que se me humedezcan los ojos. Después de mi hijo, es el bebé más deseado, la quiero desde antes de que nazca ¡qué cosas!.

6:50 horas. No aguanto más, llamo a mi padre para ver dónde están. ¡¡Ya están en el hospital!!. Todavía está dentro y no saben nada, ha entrado sola, sin mi cuñado. Aún no saben nada. Pero no creo que vuelva a casa, estoy segura que será hoy. Tengo un run run en el estómago.

7:15 horas. Me llama mi padre, se queda ingresada. Acaban de subirla al paritorio, mi cuñado ya se ha ido con ella. Está con 3 centímetros de dilatación. No sabemos nada más. Me dice que iba con una sonrisa en la cara, contenta y feliz. Igual que yo el día que nació mi pequeño. Qué momento de felicidad, lo recordará toda su vida. Les digo a los chicos que se vistan, nos vamos para allá.

7:40 horas. Llegamos al hospital, mis padres están en la sala de espera. No saben nada. ¡Qué nervios!. Mi peque se pone nervioso, pobre, quiere ver a la Tata y a la prima. Se aburre y no entiende por qué razón no puede ver a su Tata, pero logramos contenerle.

8:40 horas. Nos llama al móvil. Está de 6 centímetros.... ¡¡ya!!, la han puesto hace rato la epidural, lo han hecho fenomenal, y no siente dolores, está tranquila y muy contenta. Cuando entró al paritorio la dejaron pasear y estar de pie hasta que la prepararon. Nada de oxitocina, nada de monitor interno, nada de nada. Con 6 centímetros la cabecita comienza a coronar, la bolsa aún no se ha roto, la matrona muy prudente no la quiere apenas tocar, ella solita lo está haciendo genial. A las 9 convenzo a mi pequeño de ir a cenar, nos tomamos unas pizzas y se queda tan tranquilito y contento. Ahora está más relajado, pero sigue pidiendo ver a la Tata.

10:00 horas. Nace mi sobrina, mi pequeña, la princesa de la casa. No la han hecho episiotomía. Solo tiene un pequeño desgarro que están valorando si coser o no. Finalmente la cosen. Unos pocos puntos, nada importante.

10:15 horas. Nos envía la primera foto de mi niña, tumbada tranquila en el pecho de mi hermana, todavía con la grasa del interior de su madre, un gorrito para que no pierda calor. Mi hermana la pone al pecho enseguida y ella se agarra. Es lista y fuerte. Ha venido a este mundo chillando y gritando. Es una Leo, una luchadora, un signo de fuego. Su vitalidad nos la ha dejado ver desde muy temprano, con escasas semanas.

2:00 horas. Mis padres por fin pueden verla. Están en la habitación. Primera noche de los papás y la nena juntos, ya era hora. Enhorabuena papás.


Lunes, 9 de agosto de 2010:

9:00 horas. Me llama mi hermana desde su móvil. El peque y yo ya estamos despiertos, aunque acurrucados juntos en mi cama. Está feliz, su niña al lado, mamando. Han pasado una noche tranquila, la nena solo quiere la teta y el calor de su madre. Mi hermana está bien, feliz, cansada y muy muy contenta.

10:45 horas. El peque y yo llegamos al hospital. La nena duerme, es preciosa, maravillosa. Tiene un morrito para comértelo a besos. Su cabecita redondita, nada deformada, el cuerpecito bien constituido, no está flaca pero no es un bebé rechoncho. Insisto, es perfecta, no puedo describirla de otro modo. Es espabilada, no se quiere perder un detalle. La veo como se agarra a la teta, lo hace segura y sin dudas. Qué bien la va a venir ese bendito calostro. Mi hermana solo sonríe, no cabe en sí de felicidad. Mi cuñado aún está nervioso. Han pasado mucho estos meses. Pero su recompensa ha llegado, el mejor regalo del mundo, su hija.

Mi hijo sonríe, se acerca, la besa, la acaricia, la llama, es feliz. No hay celos, pelusa, conflicto. ¡¡Es su prima!!.

Ha sido una visita corta, algo importante en estos primeros días, por muy hermana mía que sea. La pobre no ha dormido en toda la noche, se la ha pasado contemplando a su hija, lo normal.

Esta tarde iremos todos para que el papá del peque también conozca a la nena. Y de nuevo será una brevísima visita. Y de nuevo la abrazaré, la besaré y la contemplaré feliz porque ya está aquí.

Bienvenida al mundo mi pequeña.

Historia de mi lactancia (I parte)

Tenía pendiente escribir sobre mi lactancia, alguna anécdota, algo interesante. Después de mucho pensar y de leer mucho, he decidido contar cómo fue la historia de mi, de nuestra lactancia. Cuando me han preguntado si fue fácil yo siempre tiendo a decir, "sí, fue fácil, se enganchó enseguida, no tuve molestias ni dolores y el niño mamó siempre a demanda".

Pero recapitulando todo, pensando y recordando me he dado cuenta de que no fue fácil en absoluto. Y de hecho fue casi un milagro que consiguiésemos prolongarlo tanto, hasta los 15 meses de mi hijo.

Vamos por partes. Me quedé embarazada de mi hijo por sorpresa, sin esperarlo. Llevábamos varios años intentando tener hijos sin éxito, pasamos por tratamientos de fertilidad, por un primer embarazo frustrado y de repente y sin esperarlo, me quedé embarazada de modo natural.

Este embarazo fue muy problemático también, reposo, riesgo de bebé prematuro. Pero conseguimos sujetarlo y mi hijo nació con 39 semanas de gestación, en un parto vaginal rápido. Ya escribí en otra entrada hace tiempo de ello, del parto y de las pequeñas complicaciones provocadas por el médico que me atendió. Os animo a leerlo.

Según mi pequeño nació le coloqué al pecho, y chupó, poco pero chupó. Se aferró a mi con sus manitas pequeñas y aún arrugaditas y su boca. Buscó la teta instintivamente, como cualquier cachorrito. Esa noche y el día siguiente son confusos para mi, demasiada gente alrededor, las visitas no solo mías, sino de la compañera de habitación, los miedos de una primeriza, la emoción. A pesar de todo me recuerdo serena. Tenía claro lo que quería y lo que tenía que hacer. Tuve la suerte de tener en la preparación al parto a la mejor matrona que se puede tener. Igual mi marido y yo íbamos con unas ganas tremendas. Habíamos pasado tanto.... Fuimos a todas las clases juntos, vivimos ese embarazo muy unidos, me apoyó muchísimo y siempre estuvo a mi lado. Teníamos claro que queríamos que nuestro hijo mamara, y que lo hiciera el máximo tiempo posible, no había fecha tope.

Al principio no fue fácil, a veces se enganchaba, a veces no, se quedaba dormido, lloriqueaba. La segunda noche fue de órdago, un llanto tremendo, tieso. Las enfermeras decían que eran gases, yo dudaba, pero era inexperta. Se le llevaban, le traían, querían darle un biberón, yo me negué y le puse al pecho. La enfermerá me miró por encima del hombro y salió de la habitación dejándome con mi bebé llorando. No creáis que me ayudó a ponerle al pecho, o que me tranquilizó, o que me explicó nada. Cuando entró y le vio llorar, lo primero que hizo fue llevárselo. ¡¡Viva el apoyo a la lactancia!!.

Pero a pesar de todo conseguí que mi hijo mamara. Cuando nos dieron el alta el niño había perdido peso, como todos, pero la doctora que me dio el alta me recomendó visitara a mi matrona y al pediatra para considerar el darle "una ayuda" de biberón.

Según salí del hospital acudí a mi matrona. El niño mamaba bien, mi posición y la suya eran correctas. Me dio algunos consejos y me fui a casa. La revisión con el pediatra no fue tan bien. El niño tenía un problema de salud, había que llevarlo de nuevo al hospital. De esto también os hablaré en otro momento. Ahora el tema que nos ocupa es la lactancia, y no quiero distraerlo con otras cosas. Mi niño mamaba sí, pero quizá no todo lo que debiera, no ganaba peso. Se dieron cuenta que era consecuencia de su problema de salud, no era por la lactancia materna.

De vuelta al hospital. En su séptimo día de vida ingresamos de nuevo, esta vez en la Unidad de Neonatos. Era ya de noche, un 5 de marzo. Mi niño había mamado ya cuando llegamos. Yo no podía quedarme con él. Me saqué leche con el sacaleches para que se la dieran en un bibe por la noche. Pude sacarme muy poca. Las tomas siguientes serían con leche de fórmula, leche humanizada como ellos la llamaban. Imagináos el impacto para una madre recién parida tener que dejar allí a su hijo. Pero me recompuse como pude, a la mañana siguiente tenía que estar ahí, entera, o lo más entera posible, para atender y amamantar a mi bebé. Y así lo hice.

Solo podía estar con él en las tomas, las espaciaban cada 3 horas y empezaban a las 9 de la mañana. Acababan a las 9 de la noche. Teníamos una salita de lactancia, con unos asientos horribles. Unos asientos que hacían que los puntos de la episiotomía y los internos (las que los teníamos) se nos clavaran hacia nuestros adentros. Pero allí estaba yo, cada 3 horas clavadas para dar el pecho a mi hijo. No era fácil, su enfermedad hacía que se adormilara en exceso, pero yo insistía e insistía en despertarle y hacerle chupar, y lo conseguía, toma tras toma. Entre medias me sacaba leche para que por la noches pudieran dársela en biberón. Me costaba mucho esfuerzo, y generalmente solo llegaba para dos tomas. Cuando llegaba a casa me sacaba de nuevo, en mitad de la noche, por la mañana antes de irme. Siempre estaba con el sacaleches a cuestas.

El niño fue mejorando y mamando mejor, más despierto. Según veía la teta se aferraba a ella, a pesar de los bibes nocturnos, a pesar de no estar con mamá todo el tiempo, a pesar de los médicos.

El día 19 de marzo le operaron, y a las 2 horas de salir de quirófano le di teta, con la vía puesta, conectado con cables a un monitor. Con todo eso, las enfermeras me le colocaron al pecho y yo le amamanté.

Esas enfermeras y auxiliares si sabían lo que era apoyar a una madre para favorecer la lactancia. Allí me reunía yo, en esa sala sin ningún encanto con mamás de bebés prematuros, de bebés enfermos, de bebés con poco peso. Todas con la teta fuera intentando que nuestros cachorros tomaran nuestra leche. Y allí estaban las enfermeras, ayudando, enseñando, con infinita paciencia. Y entre todas nos ayudábamos, nos aconsejábamos. Un grupo de madres amamantando juntas, eso fue de lo poco hermoso que tuvimos en esos días de ingreso.

Por fin el 22 de marzo me le llevé a casa, y mi niño seguía mamando, a pesar de los biberones, de no estar con mamá, de la operación y de todo lo que se nos puso por medio.

No, creo que nuestra lactancia no fue fácil, quizá por eso la valoro tanto, y puse tanto empeño.


¡Bebés amamantados, bebés felices!


jueves, 5 de agosto de 2010

Maravillosa lactancia

Estanjana en su blog Yo madre ha querido compartir con nosotros un artículo sobre lactancia materna de El País digital. Por favor, no dejéis de leerlo.

Hay muchas historias que contar sobre la lactancia, pero también hay mucha desinformación y poca ayuda profesional.

Palabrejas: va de aires

Hace un par de semanas nuestro aire acondicionado comenzó a echar agua dentro de casa y me entró el terror, sin aire en verano, ¡¡uff!!. Así que llamé a una casa de aires que hay al lado de mi casa.

Vinieron dos chicos encantadores que parece arreglaron el problema. Mi hijo hasta se hizo amigo de ellos. Le cayeron fenomenal y hasta les contó sus hazañas de parque y piscina.

Pero el aire a continuación ha empezado a gotear de nuevo. Y el peque al verlo:

- Mamá hay que llamar al cornitario del aire a continuación.

Traducido al lenguaje adulto: "hay que llamar al técnico del aire acondicionado".

Es lo de siempre, la palabra técnico no le gusta mucho, así que él la ha adornado a su manera.

martes, 3 de agosto de 2010

Palabrejas: peligros de la televisión

Doy fe que el Peque no ve la televisión adulta en todo el día. Nos despertamos con Clan TV, comemos con Clan TV, a veces merendamos con Clan TV y el tiempo que estamos en casa y no comemos escuchamos música, se juega o se fastidia a mamá (en mi casa lo hemos convertido en deporte de élite), pero no se ve más televisión que esa. No hay tele de fondo que el niño pueda ver o escuchar. No hay palabras malsonantes de fondo, o gritos, o discusiones. Sinceramente la televisión se ha convertido en un bodrio y no quiero que mi niño participe de ella. Ve sus dibujos y listos.

Yo ya me he acostumbrado a no ver televisión en todo el día porque cuando él se echa su siesta tampoco la veo. O bien me doy el palizón de limpieza-plancha-cocinar, el día que toca. O bien blogueo o chateo con alguna amiga, en ese ratito que es solo para mi. O bien leo. Pero nunca veo tele.

Solo encendemos la televisión adulta en la cena, vemos el telediario, o algún programa interesante, o cuando lo hay, algún partido de fútbol. Eso sí, siempre con el mando en la mano por si hay imagenes poco recomendadas para niños o lenguaje inadecuado.

En las últimas semanas al papá del nene le gusta ver un programa que hay en Cuatro, una parodia, que se llama La isla de los nominados. En principio que el niño viera algo de este programa mientras cenaba, no me parecía mal. Pero ayer decidimos que veremos teledeporte en la cena, que es lo más suave que hemos encontrado para estas horas.

En un diálogo uno de los personajes dice alegremente:

- ¡¡Soy el puto amo!!.

Os podéis imaginar quién dijo a continuación tan sonora frase, .... , .... , .... , efectivamente, el Peque. Con su pollo en el plato y su pan en la mano, debió entender que era graciosísimo, y:

- Puto amo, puto amo, soy el puto amo, JAJAJAJAJAJA. El puto amo, JAJAJAJAJA.

Os podéis imaginar también el careto del papá y mío. La primera reacción del papá fue troncharse de la risa. Pero con ver la expresión de mi cara se le pasaron las ganas. Hicimos oídos sordos. Dos veces más lo dijo. Papá y yo contuvimos la risa como pudimos. Y como no vio atención ni aprobación decidió que era menos interesante de lo que él creía de inicio. Así que ahí quedo la cosa, ¡¡afortunadamente!!.

Como podréis ver en la programación de Cuatro, este programa se emite a las 21:35 horas. Es verano, mi hijo está despierto y tiene 3 años, pero niños de 4 , 5, 6, y más años también lo están. Niños que entienden mucho más que mi hijo. Cierto es que somos los padres quienes controlamos lo que ven nuestros hijos. Pero en principio este es un programa de humor, sin ningún contenido peligroso, provocativo, soez (raro con los tiempos que corren). Pero su lenguaje, las palabrotas, han hecho que nos decantemos por otras cadenas.

Aprovecho desde aquí, mi humilde blog, para recordar a los señores responsables de las televisiones de nuestro país que hay más público, que no todo el mundo quiere ver como unos y otros pelean, se insultan, no todo el mundo quiere escuchar palabrotas a todas horas, no todo el mundo quiere ver programas del corazón donde se despelleja a la gente. Y señores responsables de las televisiones, piensen, por favor, que en las familias hay niños de todas las edades.

lunes, 2 de agosto de 2010

El regreso

Han pasado ya dos años, y según como lo mire parece que hace una eternidad o parece que fue ayer. Hace ya dos años que me lié la manta a la cabeza, dejé de trabajar, me fui al paro y cambié mi trabajo por ejercer de madre a tiempo completo.

Muchas cosas han sucedido en este tiempo, unas buenas, otras regulares y otras malas. Pero creo que no cambiaría lo que he hecho por nada. Muchos factores influyeron en la decisión de quedarme en casa a educar y criar a mi hijo. Mi trabajo se convirtió en un lastre que arrastraba día tras día de camino a la oficina. Como empezó la operación "despedimos a todo chichi pichichi por la cara para que este país entre en Crisis", hubo algunos movimientos estratégicos que me facilitaron mi salida, un ERE para ser más exactos. Y lo más importante, mi niño pasó por problemas de salud y yo no hubiera sido capaz de separarme de él ni un minuto. Todo esto hizo que yo abandonara todo y diera un radical giro a mi vida.

Han pasado dos años de todo esto y ahora mi niño está a punto de empezar el colegio. Pasar horas y horas en casa no tiene mucho sentido, el paro se ha terminado, y una aportación económica adicional es necesaria.

¿Aspiraciones?, en este momento pocas. No quiero volver a lo de antes, no quiero hacer el mismo tipo de trabajo. Yo estudié (hace tanto ya) psicología, me gustaría volver a tratar con personas, y no hacer informes de rendimientos, objetivos cumplidos y dinero ganado. Quiero un trabajo humano, de hablar con gente, de ayuda, de cercanía. No aspiro a ganar grandes sumas de dinero, ni aspiro a escalar posiciones en una empresa. Solo aspiro a un trabajo tranquilo, humano, que me permita desarrollar esta necesidad de hablar con la gente, de escucharla. Y por supuesto un trabajo que me permita ser madre.

Hasta ahora había retrasado la búsqueda en internet, el preparar el curriculum, el ver cómo está el mercado, ...., lo había retrasado porque sabía que me iba a poner nerviosa. Y nerviosa estoy porque me he puesto a buscar y la verdad, no he sabido por dónde empezar. ¿Estudiar, reciclarme, lanzarme directamente? Muchas preguntas y pocas respuestas.

¿Alguien me ofrece un trabajo que pueda realizar desde casa? Lanzo mi candidatura a los cuatro vientos.

Desde luego mi prioridad sigue siendo la misma, mi hijo, su cuidado, su educación, su crianza. No me interesa encontrar el mega puesto si me tengo que ir de mi casa a las 8 y regresar casi 12 horas después.

Sé que es difícil, y estoy empezando a asustarme. Esto de regresar al mundo exterior da un poco de vértigo.

domingo, 1 de agosto de 2010

Agosto ya no es lo que era

Madrid ya no es lo que era en agosto. Recuerdo hace unos años, mi barrio se quedaba vacío, mi calle con miles de sitios libres para poder aparcar el coche, ni un ruido. Salíamos y las carreteras estaban despejadas, íbamos a cenar y no hacía falta reservar. Cuando te ibas a trabajar podías ir con la hora justa porque no había atascos, ni aglomeraciones en el transporte público.

Ahora hay tanta gente en Madrid, que no vivimos ese escenario ni en agosto. En mi calle hay muchos coches aparcados, las carreteras no van vacías precisamente, si pides una pizza tarda hasta más (debe ser que los que nos quedamos no queremos cocinar). Es cierto que hay algo de menos tráfico, que por el barrio no hay tanta gente, que vas a la piscina y encuentras hueco cerca de la piscina infantil. Pero hay gente. Ya no es como antes, esas tres semanas de tranquilidad absoluta, donde Madrid estaba de vacaciones y los que nos quedábamos, disfrutábamos a tope de ello.

Demasiada gente, pienso yo, abarrotando esta ciudad, en el centro, en la periferia, en todos lados.

Pero al personal le gusta esto de estar como piojos en costura, si pueden estar hacinados mejor que mejor. Todos a los mismos sitios, en la playa, todos muy juntos, si puedo poner mi sombrilla dando sombra a tu toalla, mucho mejor dónde va a parar.

Nos quedan unos días de vacaciones. En cuanto mi sobrina (mi niña, qué ganitas tengo de darte un achuchón) tenga a bien nacer (nena no te retrases mucho que no tienes a todos con las uñas comiditas), nos escaparemos. El destino iba a ser la playa, pero creo que estoy cambiando de opinión. Agosto, gente y más gente, calor húmedo. Creo que no, creo que hay que buscar un destino alternativo.

Incluso había pensado en alquilar una caravana e irnos a recorrer un par de campings por el norte. Una idea algo bohemia, pero creo que lo pasaríamos bien. Todavía tengo que madurarlo.

Pero la idea sigue siendo la misma, huir de tanta gente, ir a algún sitio donde poder encontrar un poco de fresquito, diversión para los tres y tranquilidad.

¿Misión imposible? Ya veremos.