lunes, 28 de noviembre de 2011

Mi niño no me come


Es la frase que últimamente escucho a muchas madres que están cerca mío. Una frase muy manida ya, y que en la mayoría de los casos no se ajusta a la realidad. De hecho, os aseguro que si muchas de esas madres vieran comer a mi hijo, dirían que mi hijo tampoco come. Yo no soy de esa opinión, ¡claro que come!.

No hace mucho en una charla tranquila con su pediatra (nada de madre alarmada porque la criaturita no coge peso, doctor qué hago, doctor qué hago), le comenté que el Peque hacía un año que pesaba lo mismo, 16 kilitos, gramo arriba, gramo abajo. Le conté que ya no tenía ese apetito tan voraz, que había días que comía algo más, pero que otros se dejaba la mitad del plato, que no mostraba tanto interés por la comida. Este Doctor sin darle la más mínima importancia me dijo, antes de nada "Peque está estupendo. No está gordo como muchas madres desean, lo cual es un problema. El niño está divinamente". Me explicó que a partir de los 3 años y hasta lo 6 ó 7 los niños tienen un parón en su crecimiento. Ya no crecen tan rápido, por tanto no necesitan tanta alimentación, y se frenan. Después viene otro pico de crecimiento y empiezan a comer como locos con un hambre tremenda.

Me dijo algo que me dice siempre que le comento algo relacionado con el apetito "déje que coma la cantidad que quiera, no le fuerce". Y siempre me pasa lo mismo, pongo un poco de mirada de espanto y le respondo "no Doctor, nunca le fuerzo". Me parece mentira que el médico tenga que advertirme sobre esto, ¿cómo voy a forzar a comer al niño?. Pero claro esto es lo que yo opino. Tristemente muchas madres y/o padres sí lo hacen. Claro que el verbo forzar, bien feo utilizado en niños, lo enmascaran y dicen, por ejemplo, engañar. Mi madre, sin ir más lejos lo usa mucho.

Si mi hijo dice "no más", se acabó no se come más. A veces es que no tiene hambre, otras (que ya nos conocemos) es que lo que hay en el plato gusta menos, en tal caso pregunto si se quiere comer los últimos cuatro trozos. En estos casos accede mientras los cuenta en español o en inglés... Pero no le engaño con la tele, o con canciones, o con milongas varias.

Hace unos días una mamá me contaba en el patio del colegio muy orgullosa que ella obliga a su hijo a comer legumbre, porque claro ¡¡el niño no come legumbre!!. Yo le pregunto qué legumbre no les gusta, parece que las lentejas. pero la criatura se come mejor los garbanzos. Bueno pues que le de garbanzos. No, no, no, no, es que tiene que acostumbrarse. ¿Y que hace ella? pues a un niño de 4 años le apalanca la cuchara en la boca, porque por sus .... narices tiene que comerlo.

Esto es un gran error, ¿no os parece?.

Mi hijo no come muchas verduras, alguna legumbre, no bebe leche, pero aún así es un niño fuerte, sano y feliz. Lo que no coma ahora, ya lo comerá más adelante, y sino ya se encargará su cuerpo de pedirle lo que necesite. Aunque muchos crean que no, sus cuerpecitos son sabios.

Debemos desterrar este mito de "mi niño no me come" porque no es cierto y porque además no es respetuoso. Estoy cansada de escuchar madres quejosas que utilizan artimañas varias para conseguir que su hijo, según ellas, lleven una dieta equilibrada. Y esas madres tan concienzudas no se paran a pensar en el poco respeto que tienen a sus hijos.

domingo, 27 de noviembre de 2011

El menú del día: Costillas barbacoa acompañadas de puré de patata y ensalada de invierno

Domingo, hoy toca un menú no muy complicado que nos permita a todos disfrutar de esta mañana soleada aunque algo fría. Por petición exclusiva del Peque hoy toca comer costillas. Así que ahí va mi propuesta.

El menú de hoy:
- Costillas de cerdo con salsa barbacoa
- Como acompañamiento: puré de patatas y ensalada de escarola

Ingredientes:

Para las costillas:
Un costillas de cerdo, 1 kilo largo para 3 personas. Si sois más calculad.
2 latas de coca-cola sin cafeína
Miel
Sal

Para el puré de patatas:
4 patatas grandes
Aceite de oliva y/o leche
Sal

Para la ensalada:
Escarola
Nueces (opcional)
Granada (opcional)

Vamos a organizarnos. Ponemos las patatas en agua hirviendo con sal, con piel y todo, y las dejamos cocer hasta que estén tiernas. Mientras tanto vamos metiendo el costillas en el horno para que se dore un poquito (horno a 200º). En un cazo vertemos 2 latas de coca-cola sin caféina, 2 cucharadas soperas de mil, 4 cucharadas de ketchup. Si os apetece alguna variación en la salsa, siempre que no haya niños Pequerecetas tiene algunas ideas interesantes en este enlace.

Dejamos que hierva a fuego medio hasta que reduzca a la mitad. Mientras habremos dado un vuelta y vuelta a las costillas (previamente saladas) en el horno.

Las patatas ya están listas, así que las pasamos por el pasapuré y las aliñamos con sal y con leche o aceite, al gusto. El puré queda delicioso. Si lo hacéis con leche quedará más cremoso. Para quienes no quieran o no puedan tomar leche os diré que con aceite es exquisito, a mi me encanta.

Sacamos las costillas del horno y con ayuda de una brocha aderezamos, volvemos a meter al horno, repetimos esta operación varias veces para que la carne quede bien empapada en la salsa. Dejamos hornear hasta que veamos que se ha formado una costra crujiente con la salsa, no tengáis prisa.

La ensalada de invierno, deliciosa, ya veréis. Una vez lavada y troceada, colocamos la escarola en la ensaladera y añadimos la granada y las nueces. Aliñamos con vinagre de módena, aceite y sal.

Un menú muy sencillo, muy rápido, que mancha poco y muy rico para toda la familia.

¡Qué aproveche!.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Mujeres de ayer, mujeres de hoy

Esta mañana ha tocado atender tareas domésticas. Y mientras lo hacía todo me he parado un segundo, para contemplar mi hogar. Entraba una luz maravillosa por el balcón, abierto de par en par. Se respiraba el aire frío de esta mañana de otoño. La olla burbujeaba y dejaba escapar el aroma del cocido que se hacía en su interior. Al tiempo me llegaba el olor de la verdura y fruta fresca que había traído del mercado. Y en la otra habitación aún quedaba el aroma de la ropa limpia que estaba acabando de secarse en el tendedero. Y me he dado cuenta que en casa olía a hogar.

A mi me encanta, para que os lo voy a negar, me encanta mi casa, con este aspecto de habitada, con olor a cocina, a comida, a vida. A mi me encanta ahora que tanto se habla del trabajo de la mujer, de no devolver a la mujer al hogar, como si éste fuera la peor cárcel que una fémina pueda tener. Se desprecia la casa, el hogar, las tradiciones, y en consecuencia la familia.

Tiempo atrás, remontándonos muchas décadas en el tiempo muchas mujeres vieron la casa como su prisión, la maternidad como su condena y el trabajo ajeno a eso como la liberación. Muchas mujeres lucharon con uñas y dientes para que hoy nosotras podamos ir con la cabeza bien alta. Ellas, en su día, lucharon para sacar a la mujer del hogar, que era su cárcel. Pudieron controlar la natalidad e hicieron que las mujeres pudieran elegir cuándo deseaban ser madres. Algo que para nosotras es tan habitual como usar un método anticonceptivo lo hacemos gracias a esa gran revolución. Algo tan natural como marchar a trabajar por las mañanas se lo debemos en gran parte a ellas. Luchadoras incansables que sacrificaron mucho.

Eso se hizo en un momento social distinto al actual. Hemos avanzado, hemos evolucionado. Nos encontramos en otro contexto y debemos seguir avanzando. La lucha ha cambiado, y todo es gracias a ellas. Ahora ha llegado el momento de seguir mirando hacia adelante y seguir avanzando. No se trata ya solamente de abandonar el hogar, de trabajar fuera, de alcanzar logros personales. Esa lucha ya está ganada. La maternidad ya no nos condena, no frustra nuestros sueños o nuestros deseos.

Ahora que ya hemos conseguido una posición privilegiada, social, laboral, personal, ha llegado la hora de dar a la familia el valor que le corresponde. Los niños de hoy serán los adultos del mañana y nuestra responsabilidad con ellos es inmensa. No vale que les cuiden otros, no vale que las guarderías asuman nuestro rol, no vale pisar el hogar solo para dormir. Ha llegado la hora de cuidar a nuestras crías para que ellos, en un futuro, hagan un mundo mejor.

Yo quiero un mundo basado en la empatía, en la solidaridad, en el cariño, en el respeto. Pero si no criamos a nuestros hijos inculcándoles estos valores, ¿cómo los van a aprender?.

La maternidad ya no nos frena, la mujer ha ido recuperando su papel esencial como persona, ahora ha llegado el momento de darle a nuestro sexo la importancia que merece.

No tenemos que demostrar nada a nadie, ni tan siquiera a nosotras mismas. No somos iguales a nadie, somos únicas, y solo por ello nos hemos ganado el respeto de los demás.

Ahora debemos asumir que el trabajo no da la felicidad, que el hogar no nos condena, y que la familia es la vida. Si trabajamos es para obtener dinero y poder vivir de un modo feliz con los que queremos. El trabajo no dignifica, el trabajo no realiza. Trabajar en algo que te guste es maravilloso y hace que seas más feliz. Pero lo realmente importante es llegar a casa y encontrarte con tu pareja, con tus hijos, hacer unas magdalenas juntos, reir con ellos.....

Tenemos una tarea muy importante por delante, un camino duro que recorrer, un camino con muchos baches que tendremos que ir sorteando. Yo quiero recorrerlo, no me importa lo complicado que sea, quiero recorrerlo. Yo apuesto por esta nueva mujer, apuesto por mi misma.


martes, 22 de noviembre de 2011

Las no-bajas maternales

Me recuerdo a mi misma una semana después de haber parido. El vientre seguía muy hinchado, el pecho rebosaba, mis piernas y pies como botijos de inflamados que los tenía. Me sentía cansada, las noches eran largas, yo era muy inexperta. Y los puntos, ¡¡uf!!, las molestias, el sangrado, los entuertos. No estaba enferma, me sentía capaz y con fuerzas, pero necesitaba recuperarme. Son momentos de tranquilidad, de ocuparse del bebé, de ocuparse de una misma.

Ver a Soraya Sáenz de Santamaría en el balcón de la sede de su partido el pasado domingo noche, 9 días después de haber dado a luz me dejó sin habla. Ahí estaba ella, con su cara hiper hinchada producto de las hormonas, sonriendo a diestro y siniestro y dispuestísima a asumir la enorme responsabilidad que su jefe iba a depositar sobre sus hombros.

Soraya es un ejemplo más de mujer preparadísima, con un cargo de alta responsabilidad que delega sus labores de madre en otra u otras personas para poder continuar con su carrera. Sin duda es una opción personal. El problema es que las consecuencias de tus decisiones afectan a una nueva personita que acaba de llegar a este mundo, tu hijo.

Comprendo que lleva una década trabajando duro, que por fin ha llegado su oportunidad, por fin dará frutos el tiempo, el esfuerzo invertido. Se sabe capaz y desea asumir su cargo. ¡¡La comprendo!!. Pero hace muchos meses que se sabe que el desenlace iba a ser este. Mi pregunta es ¿por qué elige este momento para quedarse embarazada y tener a su hijo?, ¿por qué ahora si ella sabía que no quería/podía ejercer de madre?.

Ser madre es un privilegio que la naturaleza nos otorga a las mujeres, pero desde luego no es una obligación. Con esto no digo que no tengan derecho a ser madre aquellas mujeres que tengan un puesto importante o un alto cargo, ni muchísimo menos. Pero ¿por qué se menosprecian las funciones de la maternidad y se favorecen las funciones laborales?.

Como en las redes sociales se ha dicho, conciliar no es elegir, es poder hacer ambas cosas sin perjuicio de ninguna de ellas. Lo peor de este asunto es que se alababa su buen hacer, su esfuerzo por estar allí, dando brincos por haber ganado las elecciones a pesar de haber parido hacía 9 días. ¿Alabamos dejar en otras manos a ese bebé que con quien tiene que estar es con su madre?. Pues sí, todo lo que escuché fueron comentarios que aprobaban su presencia en ese momento junto a su jefe. Vivir para ver.

Y claro, ¿qué podemos esperar las mujeres de a pie?. ¿Qué nos van a pedir los empresarios?. Igual muchos de ellos nos piden que seamos Soraya, o que seamos Carme Chacón, o tantas otras que sin darse cuenta nos dañan con sus conductas. No cumplen con la baja maternal mínima, y se incorporan a sus trabajos.

¿Qué podemos esperar ahora de ellos?. ¿Qué importancia darán a la conciliación, a la familia, a la maternidad/paternidad?. ¿Qué valor darán a estas peticiones de horarios intensivos, continuados?. Muchas preguntas, mucha incertidumbre.

Realmente siento que esta mujer renuncie a parte de su maternidad por continuar su carrera política. No lo siento por ella, y perdonadme pero tampoco lo siento por su hijo (aunque pobre, que culpa tiene él). Lo siento por las mujeres que se verán dañadas por este comportamiento, la de esta mujer y la de muchas como ellas que se empeñan en ser madres cuando no tienen tiempo, ni ganas (en algunas ocasiones) de ejercer una maternidad responsable.

lunes, 21 de noviembre de 2011

De bloggers a mujeres en carne y hueso

Desde que creé este blog, hará pronto dos años, muchas cosas han cambiado. Recuerdo que cuando me inventé a esta mamá sin complejos era una mujer con muchas dudas, un poco asustada, agotada. Me sentía la rara, la incomprendida, la asocial. Solo mi marido, un santo, junto con mi familia me comprendía. Diréis, ¡no es poco!, pues sí es una suerte que tu familia y tu pareja te apoyen. Pero nos guste o no nos guste somos animales sociales y cuando vas en contra de lo "socialmente aceptable" te sientes diferente, o mejor dicho, te hacen sentir diferente. De repente creo un blog y empiezo a ver que no soy la única.

Apoyo, comprensión, generosidad, amistad, eso y mucho más he encontrado en estos dos años en la blogosfera. Al principio eran blogs sin cara, historias de otras mujeres, historias de madres. Poco a poco a lo largo de este tiempo nos hemos ido conociendo algunas. Las madrileñas nos pusimos cara el año pasado. A raíz de aquello surgieron amistades. Después he ido intimando más con alguna bloguera que otra, de aquí y de allá.

En octubre tuve la suerte de conocer a una mamá maravillosa, gran cocinera, y gran madre, Ana María de Cocinando entre Olivos. Verla a ella y a su familia fue algo fantástico, era como si nos conociésemos de siempre. Estoy deseando volver a verla.

Y este fin de semana he podido reunirme con un importante grupo de blogueras de muchas partes de España. Hablando un día tras otro, de repente decidimos que estaría bien vernos un día. Una cosa llevó a la otra, y ha dado como resultado dos días de escándalo. Han faltado unas cuantas, a las que he extrañado. Han sido dos días muy intensos, agotadores incluso pero muy bonitos. Mi hijo ha disfrutado mucho, a pesar de su timidez, la cual se dejó notar al principio del sábado, lo ha pasado en grande. Ha conocido a una niña maravillosa, y como él es así.... de enamoradizo, no se ha separado de ella. Es una gallegiña guapa, reguapa, simpática. Confieso que a mi también me ha cautivado. Han sido inseparables y mi hijo me pregunta ya cuándo iremos a verla.

Madres, padres, niños.... un encuentro ya no solo de madres blogueras, un encuentro de familias. Porque si ha sido estupendo vernos, hablar de nuestras cosas, verlos a ellos, a los padres, ha sido genial.

Gracias a todos los que habéis venido de fuera de Madrid, gracias por el esfuerzo, por las ganas, por el entusiasmo. Sin duda habrá que repetir, esta vez os toca elegir el lugar de encuentro.

jueves, 17 de noviembre de 2011

¿Es posible trabajar igual ajustando horarios?

Hace ya unos cuantos años trabajaba en una empresa que decía ser muy moderna y muy pro-mujeres. De hecho más del 70% de los empleados éramos del sexo femenino. Todas éramos muy jóvenes, con estudios, preparadas y estupendas (esto último es una licencia literaria ;P). Pero claro nos fuimos emparejando, fuimos cumpliendo años, adquirimos estabilidad laboral, muchas promocionamos y el reloj biológico hizo tic-tac.

Y como un día escuché a un jefe (este era hombre), empezamos a parir como conejas. Ley de vida lo llamo yo.

Yo tenía un trabajo a turnos, mañana y tarde. La verdad no estaba mal, eran jornadas intensivas de 8 horas y te permitía mucha flexibilidad. A mi no me importaba rotar o trabajar por las tardes. Aunque las tardes eran más a modo de "guardia" y el trabajo real era el de la mañana, no había color en cuanto a intensidad y cantidad de trabajo.

Cuando tuve a mi hijo la idea de andar rotando no me hacía ni pizca de gracia, así que opté por pedir el turno de mañana fijo. No era posible así que reduje mi jornada. De ese modo tenía una jornada de 7 horas en horario de mañana fijo.

¿Créeis que mi trabajo se redujo también en una hora? Pues no, obviamente. Aquellas tardes relajadas donde yo podía trabajar tranquila, hacer mis informes con parsimonia y cuidado pasaron a la historia. Esas tardes sosegadas las hacían el resto de compañeras, que aún siendo madres (y por elección propia) no quisieron reducir jornada. Yo trabajaba en esas mañanas intensas, llenas de informes, de jefes pidiendo datos, sin parar, sin pausas.

Trabajaba de 8 a 3, 7 horitas seguidas, intensas, productivas. Mi trabajo siempre fue el mismo, antes y después de la jornada reducida. Obviamente había cosas a las que no podía asistir, como reuniones, porque eran programadas por la tarde. Pero cuando interesaba que yo fuera lo modificaban, nada impedían que fueran por la mañana.

Y yo a las 3 de la tarde salía contenta por la puerta, deseando ver a mi niño y pasar la tarde con mi familia, sumergida en mi vida.

Que quiero decir con esto, que mejorar los horarios laborales, es posible, es más resultaría beneficioso hasta para las empresas. Tener a una persona trabajando hasta las 7 de la tarde hace que su producción vaya bajando conforme pasan las horas, obligas a periodos de comida muy largos, otras pausas para café y otros menesteres. Esas personas disponen de poco tiempo para dedicar a sus cuestiones personales, lo cual implica que tendrán menos vida personal o familiar o de pareja o amistosa. Y eso repercutirá en su estado de ánimo. No olvidemos que un trabajador feliz es un trabajador eficiente, se rinde más y mejor.

Es posible, es factible, pero además es necesario.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Experiencia supositorio


Aunque suene raro decirlo nunca habíamos puesto supositorios al peque. Su punto flaco siempre ha sido la garganta y salvo las placas (con mucha fiebre eso sí) y las laringitis, no hemos conocido toses muy graves o bronquitis.

Pero desde ayer el nene está con una tos imposible, todo el día se lo ha pasado tosiendo, y cuando digo todo prometo que no exagero. El pediatra no le ha encontrado pitos en el pecho. Aun así le ha dado ventolín en consulta (por primera vez) y ha querido revisarle pasado un rato. Ninguna mejora, parece que el pecho queda descartado.

Y como la tos es tan persistente le ha recetado unos supositorios. Confieso que ya en la consulta he tragado saliva. Nunca los hemos utilizado y temía la reacción de mi pobre niño.

He bajado a la farmacia y el farmaceútico hasta me dio un chupa chups de premio. Se ha quedado muy sorprendido cuando le he tumbado en mis piernas, no entendía muy bien el "mecanismo" de la medicina. No le ha dado tiempo a reaccionar, ha sido limpio y rápido pero no le ha hecho ni pizca de gracia. Su carita de sorpresa ha sido única: "No me gustaaaaaa, quítamelo". Sus primeras reacciones dejan claro que las siguientes puestas van a ser complicadas. Ha llorado un poco y ahora el pobre anda como.... encogido, con el culete prieto vamos.

Pero es tan bueno, la verdad que con las medicinas en general no me puedo quejar, no hace ascos a nada, y aunque con esfuerzo algunas cosas, todo lo toma sin rechistar.

Una nueva experiencia, aunque no muy agradable .

lunes, 14 de noviembre de 2011

Política, igualdad, conciliación y esas pamplinas

Pues sí, de pamplinas va el post de hoy, o lo que viene a ser lo mismo de política y de lo que los políticos llaman igualdad y conciliación. Realmente siento que me encuentro en una isla, en la isla de los raros, los incomprendidos y los que reman contracorriente. ¿El motivo?, siento que no pertenezco a esta ciudad en la que vivo, a este país. Estamos en plena campaña electoral, en uno de los momentos más delicados (a nivel económico, a nivel laboral, a nivel social, a nivel político) que me ha tocado vivir. Y yo aspiro a que los políticos que se presentan me hablen de medidas importantes para mi vida en este momento: sanidad, educación, conciliación, qué medidas tomarán para apoyar a las familias. Y la verdad que me encuentro con cosas que ni me convencen, ni me gustan ni espero.

Anoche mismo una red social era testigo de cómo un político menospreciaba la lactancia materna, los dictámenes de las OMS en esta materia y alardeaba de llevar una política estupenda en materia de igualdad. Y es que para él la igualdad es todos a currar, hombres y mujeres, que si damos más baja maternal, la señora se queda en casa y eso está fatal de los fatales. Por lo visto (agarrense los machos) ampliar la baja maternal pondría en peligro ese trabajo al que todas queremos regresar raudas y veloces cuando nos convertimos en madre (leáse el tono irónico por favor). Y su medida a favor de la igualdad sería ampliar las bajas paternas, no así las maternas. Porque claro, en este rollito de la igualdad hay que planchar por igual, fregar por igual, cocinar por igual, tomar copas por igual, trabajar por igual, y criar por igual. Se le olvidó a este señor que la leche la tenemos nosotras, ay no, que le gusta el bibe, porque claro con el bibe se comparte también esta pequeñez, la alimentación de tu hijo en sus primeros meses de vida. Total, lo de amamantar en exclusiva hasta los seis meses lo dice la OMS, pero según parece no es científico.

Da igual el nombre de este señor, porque todos parecen empeñados en esta milonga de la igualdad, y digo bien, milonga. Yo no soy igual que mi marido, ¡¡y menos mal!! ni lo quiero ser.

Y entre igualdad y conciliación anda el juego. El resultado es que parece que si te pides una excedencia pones en peligro tu igualdad, aparte de tu trabajo. Si te quedas en casa un tiempo (como yo he hecho) para cuidar de tu familia es un insulto a la clase femenina trabajadora. Aumentar la baja maternal por el bienestar de los hijos es hacer volver a las mujeres al hogar y resulta ser discriminación. ¿Pero de qué estamos hablando?. Psicólogos, psiquiatras, médicos, pediatras, educadores, y todas las madres, padres, familiares que por esta blogosfera nos paseamos estamos de acuerdo y vemos claramente que lo mejor para nuestros hijos es estar con sus padres y madres, ser criados y educados con apego, con amor.

Pero claro, todo esto va en contra de algo muy importante en este momento, la producción. Si te quedas en casa, no produces, y dado como está el percal en este momento, no conviene. Hay que reproducirse, eso sí, hay que generar nueva mano de obra. Pero estos nuevos, a la guardería, que los cuiden otros, y así seguimos generando trabajo, producción, producción, y la madre a currar. Aquí nadie habla de la reducción de jornada, de las excedencias, del permiso aumentado, de la libre disposición de días por enfermedad de hijos, de la posibilidad de trabajar desde casa un número de horas diario o semanal, del teletrabajo.

Definitivamente no me convencen. Y eso que no he querido tratar temas tan sangrantes e importantes como la educación o la sanidad. De eso mejor ya otro día, que tengo mucho que decir.


sábado, 12 de noviembre de 2011

De partos y engaños


Hoy me apetece hablar de partos. Rodeada de tanta mamá embarazada, de tantos bebes amamantados, creo que no puedo hablar de otra cosa. Justo cuando estoy pensando en cómo será el parto de una buena amiga, cómo ayudarla a superar sus miedos, su desconfianza, cómo hacer que confíe en su cuerpo y en su buen hacer, llega una lectura que creo todas, hayamos o no parido, deberíamos leer. Claudia nos regala en su blog Papá Conejo - Mamá Piojo su experiencia de parto.

Es una historia maravillosa, llena de sencillez, de amor y de normalidad. Una historia de la que todas y cada una de nosotras podría ser protagonista, porque es fácil, o al menos debería serlo. La historia de una mujer que se queda embarazada y vive su gestación como un momento especial, único, sin miedos, donde la protagonista es la embarazada.

La historia de Claudia no fue fácil, me ha recordado a la mía. Un embarazo difícil, contracciones tempranas, riesgo de parto prematuro, cuánto en común. Pero hay una enorme diferencia, su parto fue maravilloso, respetado y vivido intensamente. El mío fue medicalizado, fui ninguneada, no respetada e incluso desinformada.

Es curioso porque yo llegué a ese momento sin miedo alguno. La experiencia previa de mi primer parto, el del bebé que se fue, me preparó para el nacimiento de mi segundo hijo. Sabía a lo que me enfrentaba, y ya no tenía miedo. Recuerdo el día antes de su nacimiento, un domingo nublado, gris, frío. Sabía que el trabajo de parto había empezado, pero no sentí temor alguno. Sabía que debía dejar a mi cuerpo hacer, que mi bebé estaba bien, que tan solo debía esperar, y así lo hice. Al día siguiente, un sol deslumbrante quiso recibir a mi pequeño. El ginecólogo, al que acudía para la última revisión, me anunciaba una dilatación de casi cuatro centímetros. Tranquilamente recogimos la bolsa en casa para dirigirnos al hospital, sin prisas, sin miedos, me recuerdo sonriente, tranquila, incluso me hice unas fotos de esas últimas horas de embarazo. Era perfectamente consciente que esa misma tarde tendría en mis brazos a mi hijo, no podía ser más feliz.

Pero equivocadamente acepté las normas hospitalarias y me metí de lleno en un parto que sin duda no era el que quería. Todo lo que me hicieron se puede encontrar en "la guía de lo que no se debe hacer en un parto". Me llevé el pack completo. Y fue una pena, porque yo iba perfectamente preparada para vivir el nacimiento de mi bebé de una manera natural. Pero no encontré el apoyo que necesitaba, no encontré personal sanitario que quisiera ayudarme y/o respetarme.

Experiencias como la mía se cuentan por miles. Hace unos días hablando con una amiga reciente, me contaba cómo habían sido sus dos partos, me relataba con toda la naturalidad del mundo en qué momento le habían puesto la oxitocina y la epidural, como si éstas fueran de obligado cumplimiento. Y realmente hay muchas mujeres que así lo piensan.

Pues no señoras mías, lo normal es dejar al cuerpo generar todo aquello que necesite, sin necesidad de oxitocinas sintéticas, anestésicos y demás gaitas. Y tranquilas, porque si algo no va bien, ahí tenemos la medicina, sus especialistas y su sabiduría.

A día de hoy una mujer puede permitirse el lujo de elegir qué tipo de parto desea, hay muchos grupos de apoyo donde las madres pueden informarse, maravillosas personas entregadas al mundo maternal les brindarán información, apoyo, dedicación. Si estás embarazada, ¡no te conformes!, ten a tu bebé como te dicte el corazón. El embarazo no es una enfermedad y el parto no es un trámite sin importancia. El parto es el inicio de dos vidas, la del bebé que recién respira y la de la madre que renace empoderada.

Hay que ver cómo nos han engañado a las mujeres. Hay que ver cuánto poder nos han arrebatado. Hay que ver lo que muchas nos hemos perdido por creernos tantas falsedades.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Primíparas y secundíparas, iguales pero diferentes


Tengo la suerte de tener cerca mío muchas amigas embarazadas. La verdad, me emociona mucho verlas así, disfrutar de su situación, emocionarse al ver crecer sus barrigas, llorar de emoción con sus ecografías. Me encanta la maternidad, la propia y la ajena.

Algunas de estas mujeres son madres primerizas y otras están esperando su segundo o incluso tercer hijo. En todo los casos se vive un emoción sin igual, pero veo grandes diferencias en los sentimientos de unas y otras.

La ilusión de ver el positivo en el test por primera vez, de tocarse el vientre y "creerse" que hay vida en tu interior, la sorpresa y descubrir el miedo, ese miedo que ya no se va nunca, el miedo de la madre que quiere proteger a su cría por encima de todo. La primera vez que una se queda embarazada, que se siente madre, es especial, es una experiencia inigualable, es un auténtico despertar. Te sientes diferente, sabes que algo ha cambiado, te sientes distinta, más segura de ti misma, más guapa, una sonrisa asoma siempre en tu boca e incluso te dan ganas de gritar a los cuatro vientos tu felicidad, tu dicha, tu embarazo.

Muchas mujeres sienten que no saben qué deben hacer, se sienten incluso desvalidas o temerosas. Comienzan las dudas "¿sabré ser una buena madre?", "¿qué haré con mi trabajo?", "¿cómo nos organizaremos cuando nazca?", "¿le daré el pecho?".... todo son incertidumbres. Hasta las mujeres que más se han preparado (si es que eso puede hacerse) para la maternidad tienen miles de dudas y miedos cuando se han quedado embarazadas.

Una buena amiga, me ha dado la gran noticia de su embarazo. Una noticia que me ha hecho muy feliz, ya que es un embarazo fruto de un amor maravilloso. Me confesaba sus temores, y no la he dicho lo que debe o no debe hacer, mi "no-consejo" ha sido que permita a su lado primitivo salir, que sienta y siga sus instintos, que se aleje de consejos, de lo que se supone "debe" hacer y se deje guiar por esa mujer interior que hasta ahora estaba adormecida, es hora de que ELLA despierte y la enseñe. Sinceramente pienso que si todas nosotras nos sentáramos a escuchar nuestra parte más animal e instintiva viviríamos nuestro inicio de la maternidad de una manera más plena, más viva, más feliz.

Después tengo a esas amigas y mujeres conocidas que están experimentando de nuevo la dicha de la gestación. Mujeres que ya saben lo que deben esperar, que ya conocen su cuerpo, que ya han parido. Las hay muy seguras, muy valientes, sabiendo lo que den hacer, lo que pueden esperar. Y las hay con más miedo incluso que en el primer embarazo fruto de una mala experiencia. Pero en todas ellas veo una sabiduría diferente. Solo hace falta seguir escuchando a la mujer primitiva. Honestamente creo que en demasiadas ocasiones la hacemos callar, la escondemos y no la tenemos en cuenta. Ella es sabia, lleva con nosotras miles de generaciones, su poder es el conocimiento, el saber de millones de mujeres que parieron y fueron madres antes que nosotras. Es el saber colectivo, el poder de nuestro género. ¿No creéis que lo desaprovechamos?. Nos hemos vuelto tan sociales, tan predecibles, que nos olvidamos que en el fondo somos animales mamíferos y nos reproducimos como tales. Por mucho que rodeemos la maternidad de asepsia, de hospitales, de control, ser madre es una acto de amor, es un acto salvaje y hermoso que merece la pena ser vivido por todas nosotras.

Y en estas madres secundíparas veo dudas similares también. Una de las que más se repiten es "¿querré a este hijo como al primero?". Cuando una es madre por primera vez, cuando despierta a la maternidad, el amor que se siente por ese hijo es inigualable, y realmente pensamos que debe ser imposible querer a otro ser tanto como a ese primer hijo. Yo no tengo experiencia en esto, pero por mi observación, creo que no hay nada que temer. Con el primer hijo tienes tanto tiempo para contemplar tu barriga, sentarte y sentirle moverse, se crea un hermoso vínculo desde muy temprano pues tienes tiempo para hablar con él, escucharle, observar cómo se mueve, como reacciona a ciertos estímulos. Nos imaginamos cómo será, a quién se parecerá, cómo será cuando le tengamos en brazos....

Con el segundo no tienes tiempo para nada. Aparte de todo lo que antes tenías, trabajo fuera y dentro de casa, ocupaciones varias,...., tienes un pequeño que reclama toda tu atención y casi todo tu tiempo. No tienes casi ni un minuto para prestar atención a ese ser que crece dentro de ti. Al final del día te tumbas, agotada y le dedicas un rato, pero siempre mucho menos que al primero. El vínculo se crea más tarde o muchas veces no es tan intenso. El tiempo es un tesoro. Ahora ya no imaginas a quién se parecerá, o como será, pues ya tienes un referente, el primer hijo.

Pero a pesar de todo, cuando pares a tu bebé, la explosión, la magia vuelve a producirse, la oxitocina te invade y en consecuencia el amor también.

Convertirse en madre es una experiencia maravillosa, disfrutadla.

martes, 8 de noviembre de 2011

El menú del día: Champis rellenos y palitos de merluza

Fácil a más no poder, y rico no sábeis cuanto. El menú del día como siempre apto para todos los públicos. Hoy con fotos ilustrativas.

- Champiñones rellenos.
- Palitos de merluza rebozados


Primer plato: Champiñones rellenos. Ingredientes: champiñones (obvio), jamón serrano, 1 cebolla, queso philadelphia, perejil fresco. Preparación: lavamos bien los champis y retiramos el "rabito" que reservaremos. Los ponemos en una fuente al horno a 160º durante 5 minutos para que se hagan un poquito. Mientras hacemos un sofrito con cebolla muy picada, los rabitos picaditos. Cuando esté dorado añadimos unos trocitos de jamón serrano. Truco/consejo: podéis sustituir el jamón serrano por pavo o jamón york. Cuando tengamos la mezcla hecha añadimos un par de cucharadas de queso philadelphia a fuego suave dejamos que todo se mezcle bien y adquiera consistencia. Añadid una pizca de sal, pero cuidado si habéis puesto jamón serrano. Por último añadimos el perejil fresco picado. Sacamos los champiñones del horno y rellenamos cada uno con la mezcla. Lo metemos al horno de nuevo unos 10 minutos. Truco/consejo: podéis poner una lonchita de queso encima. A mi hoy no me quedaba. El resultado es exquisito. Un plato muy sencillo y muy apetecible, os lo aseguro. Esta receta la he sacado del blog de Anuda, 9 meses, que aparte de excelente cocinera, ha sido mamá recientemente. Aprovecho para felicitarte desde aquí.

Segundo plato: Palitos de merluza. Ingredientes: Filetes de merluza congelados, aceite de oliva abundante, sal, harina. Preparación: cortamos los filetes de merluza en tiras, lo salamos. Calentamos el aceite de oliva. Enharinamos los palitos y cuando el aceite esté bien caliente los freímos. Una vez dorados, escurrimos el exceso de aceite y servimos. Mi hijo se lo come a bocados, sin partir y le encantan.

Este menú lo preparé anoche en media hora y ha sido un éxito. Espero que os animéis y lo disfrutéis.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Tabla de recompensas


En alguna ocasión os he dicho que mi estado de ánimo es el de mi hijo. Si yo estoy triste, él acaba poniéndose triste, si estoy nerviosa él acaba muy ansioso, si estoy contenta él se muestra feliz y eufórico. Pero no creo que sea solo mi caso, somos sus espejos y se reflejan en nosotros, sus padres y sus madres.

El mes de octubre ha sido algo acelerado y quizá no me he dado cuenta de lo que estaba sucediendo. La última semana desperté y me di cuenta que de nuevo el Peque estaba descontrolado: berrinchoso, llorón, desobediente, echando pulsos continuamente, retándome. La situación se había puesto complicada y bastante cuesta arriba. Y bueno, una es humana, no siempre tiene la virtud de saber qué hacer.

Pero afortunadamente en los peores momentos me vienen ideas que me sacan de los apuros. Un día entendí que debía cortar por lo sano. Por no hacerle llorar un día, porque no quería un berrinche, o bien (honestamente hablando) porque no tenía tiempo (sí, lo sé, está mal pero esa es la realidad) había ido permitiendo comportamientos que al final al que más dañan es a él.

Ejemplos:
Se sabe vestir solo pero por llamar mi atención se empeñaba en que lo hiciera yo. Y claro, por no perder tiempo le vestía a toda pastilla.

Sabe comer solo, pero de la misma manera que el ejemplo anterior..... acababa dándole de comer.

Y lo mismo sucedía con lavarse los dientes, recoger sus cosas, etc, etc, etc.

Entono el "mea culpa", lo fácil y rápido sin duda no es lo mejor para ellos. Además está en una de esas fases de crecimiento donde al tiempo quiere independencia y a la vez llamar tu atención.

El caso es que una noche di un golpe en la mesa y dije se acabó. Esa noche me montó uno de esos numeritos que a las madres nos hacen sudar. Pero sudé en silencio, cero gritos, cero broncas, cero castigos. Estuve a su lado, porque aunque hay que ignorar verbalmente el berrinche soy de la opinión que no hay que dejarlos solos. Ellos deben comprender que no haces caso a sus llantos y no cedes a sus pretensiones. Pero también deben entender que estás a su lado y les quieres. Así que con mucha paciencia (prometo que no sé de donde la saqué), permanecí a su lado, besándole, acariciándole, mientras él montaba el pollo padre, llorando, gritando, arrastrándose, tirando la comida de su plato. Una horita pudimos estar así. El berrinche acabó con un golpazo en la cabeza, chichón y algo de sangre, y ahí se dio cuenta de lo absurdo de su llanto. Nos acostamos juntos, nos abrazamos y entonces pudimos hablar. Pero no quise machacarle ni dar excesiva importancia. Se durmió y yo pasé a la fase siguiente.

No me gustan los métodos conductistas puros utilizados con niños. Pero eché mano de un método (muy conocido por otro lado) de este tipo para comprobar si me ayudaba un poco. Eso sí, nada de dejar a una criatura llorando a pulmón vivo solo, ni similar. Elaboré una sencilla tabla de recompensas semanal.

Las tareas eran super fáciles: comer solo, vestirse solo, lavarse los dientes, comer fruta, aceptar y comer la merienda que mamá prepare, ser educado con las personas mayores. Cada vez que hacía una de sus tareas, pegatinita al canto y así hasta completar la semana. Por supuesto le explicamos las recompensas que obtendría al finalizar la semana.

Si de lunes a jueves comía sus meriendas tranquilo, el viernes bocata de nocilla.

Si de lunes a viernes cenaba tranquilo sin pedir dibujos, el viernes después de la cena podría ver un rato dibujos en nuestra cama.

Si cumplía con sus tareas, el fin de semana habría premio. Este fin de semana, como yo estaba malita, decidimos que sería algo casero, jugar con la Wii.

Para el próximo hemos decidido llevarle al teatro. Y así iremos alternando actividades que podamos realizar los tres juntos y que le gusten.

¿El resultado de la tabla de recompensas?. Sorprendentemente ha sido fantástico. Desde el primer momento entendió todo muy bien y puso mucho empeño en hacer todas las tareas solito. No hemos tenido ningún contratiempo. También es cierto que mi actitud ha cambiado notablemente, y eso es un punto muy importante.

El mayor inconveniente que veo a este método es que los niños rápidamente pueden aburrirse. Entonces los padres tenemos que ser creativos. Para esta semana, tabla nueva, añadiendo nuevas tareas, colorines, dibujos de niños haciendo las tareas propuestas, hay que innovar.

No sé si esto me servirá durante mucho tiempo. El cambio en mi niño está ahí. Pero esto me ha hecho ver que es muy importante cómo esté yo. Parte de lo sucedido ha sido responsabilidad mía y esto me ha hecho darme cuenta. Nuestra actitud es importantísima. A veces nos cegamos y nos limitamos a regañarles, a castigarles y a pedirles cosas que no entiende. "Portate bien", les decimos, esperando a que ellos tenga la lista en sus cabecitas de lo que supone portarse bien. Pues no, eso para ellos es muy abstracto y debemos concretar. Cuando he concretado lo que supone portarse bien, mi hijo ha respondido.

Los niños a veces son difíciles, pero los padres debemos darnos cuenta de nuestro importante papel y de nuestra responsabilidad en las malas conductas de nuestros hijos.


viernes, 4 de noviembre de 2011

Nuestros amigos los piojos


¡¡Piojos!!. Esta exclamación es la que últimamente escuchamos en los alrededores del colegio cuando dejamos o recogemos a nuestros hijos. Sí, en el colegio hay piojos, en este y en muchos o en todos..... Este simpático bichito hace su agosto particular a lo largo del curso escolar. Salta feliz de cabecita en cabecita dejando sus regalitos, las liendres, entre los inocentes pelos de nuestros pequeños.

De nuevo hoy circular en mano, especial atención a los papás y las mamás: hay que revisar cabezas, peinar con el peine de púas, comprobar que no haya liendres, lavar y relavar el pelo, y si tenemos la mala suerte de comprobar que hay inquilinos en sus cabecitas NO LLEVAR A LA CRIATURA AL COLE. Este último punto muchas familias se lo saltan a la torera, de ahí que estos parásitos se transmitan como la peste.

Ente las recomendaciones que nos han dado están las siguientes:

"Si el niño se rasca o se queja de picor, es posible que tenga piojos. Conviene revisar con atención la cabeza para comprobar si hay liendres. Buscar especialmente detrás de las orejas y cerca de la nuca. La liendre es parecida a la caspa, se diferencia en que el parásito no se desprende del pelo fácilmente. Es especialmente importante:

Revisar a toda la familia, adultos y niños.

Lavar la cabeza y sin secar, aplicar una loción de vinagre templado (2 partes de agua y 1 de vinagre).

Envolver la cabeza en una toalla media hora.

Volver a lavar la cabeza y secar. A continuación aplicar un producto anti piojos, haciendo fricción con los dedos en el cuero cabelludo. Dejar secar al aire.

Transcurridas 12 horas se lava de nuevo la cabeza y con el pelo mojado quitar las liendres.

Repetir el tratamiento transcurrida una semana.

Si al niño se le detectan piojos es recomendable aplicar el tratamiento mencionado y no acudir al colegio para evitar el contagio a sus compañeros".

El peque hace alguna semana que tiene picor de cabeza, pero en su caso es consecuencia de la leve dermatitis que tiene en el cuero cabelludo. Aunque bien es cierto que los últimos días ha tenido más picor. He revisado y remirado pero no he encontrado nada. Pero volveremos a hacer la misma operación esta noche para evitar problemas.

Sinceramente no me da miedo que los coja él, con el pelo corto es fácil quitarlos y verlos. Me preocupa que me los transmita a mi. Ya me pica toda la cabeza solo con mencionarlos.

jueves, 3 de noviembre de 2011

De cómo el estrés trastoca un día cualquiera

De sobra es sabido por todos que al Sr. Murphy (a este señor se le conoce por su famosa Ley) le encanta hacer de las suyas cuando las cosas no van muy bien. Que te duele la uña del dedo gordo del pie, pues alguien va y te pisa justo en ese dedo, y cosas similares.

La semana y el mes no han empezado muy bien, gripazo al canto, niño descontrolado, paciencia en niveles rojos de batería. Todo esto se venía gestando desde hace algunas semanas. Soy de las que piensan que tu sistema de defensas se altera debido al estrés, al nerviosismo. Y he aquí el catarrazo que he cogido, desde mi punto de vista fruto de unas cuantas semanas de nervios a flor de piel.

¿El motivo? la tan manida conciliación. O mejor dicho la falta de ella. He estado trabajando unas horitas, muy poquitas, para poder hacerme cargo de mi hijo y atender alguna otra obligación. Y en cuanto algo ha cambiado en el curso de las vidas de esta familia, todo se ha tambaleado un poquito. En esta casa nada ha cambiado, yo me sigo ocupando de todo, del Peque y de todo lo que él implica, pero además tengo una obligación remunerada. La otra parte del binomio, es decir mi esposo, sigue con su trabajo y sus obligaciones o deberes de la misma manera que antes. ¿Eso qué significa?, que yo estoy estresada, sobrepasada. ¿Y qué consecuencias tiene esto?, la falta de paciencia, la falta de tiempo, la falta de sueño, y muchas otras faltas que seguro que ya imaginaréis.

Sí, sí, me consta que muchas otras mujeres están igual, que trabajan largas horas fuera de casa. Antes de continuar quiero dejar claro que yo no pretendo ofender a nadie con mis palabras, que no me quejo de mi situación, que en este caso es elegida. Pero quiero destacar que mucho tenemos que andar en este país para que las mujeres mejoremos nuestra calidad de vida.

Hasta ahora cuando se menciona el término conciliación muchos piensan que está relacionado exclusivamente con el mundo femenino. Permítanme a todos aquellos que lo piensan que les corrija. Cuando utilizamos este término, conciliación, generalmente va seguido de otro, familiar. Es decir, concilian (o lo intentan aunque sin éxito) las familias, no las mujeres en exclusiva.

Pero el panorama que nos encontramos es que somos las mujeres quienes reducimos nuestra jornada laboral, somos las mujeres quienes vamos con la lengua fuera a todos lados, en un número importante de casos somos las mujeres quienes organizamos la vida del hogar y así podría seguir largo y tendido. Por supuesto hay excepciones, hay maridos con horarios reducidos o estupendos horarios que les permiten estar con la familia y repartir las tareas y responsabilidades del hogar, pero seamos honestas, de esos hay pocos.

El caso es que desde por la mañana temprano hasta por la noche yo me lo guiso y yo me lo como. Y cuando tengo un día como hoy, con un gripazo del carajo, un dolor de cabeza tremendo, unos mocos que ni me dejan respirar y una tos que parezco Luis Aragonés (para quien no sepa de fútbol es un entrenador que fumaba mucho), el colofón del día es darse un golpazo con el coche y destrozar todo el paragolpes trasero, cuando mi niño y yo llegábamos de nuestra clase de música.

Tranquilos, no nos ha pasado nada, ha sido ya en mi calle y cuando me disponía a aparcar. Pero no he visto a un señor que tenía a mi izquierda, la única responsable he sido yo por no mirar.

Conclusión: tengo que recolocar ciertas cosas en mi vida.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Yoga en familia: los reyes de la clase son los niños


Como sabéis hace ya unos cuántos meses que practico yoga. No hace mucho tiempo os contaba cómo había sido mi experiencia y los múltiples beneficios que me había aportado, podéis leerlo aquí. Mi profesora o monitora o facilitadora de yoga, como más os guste llamarlo, ha tenido una brillante idea, permitir que los niños también puedan practicar esta maravillosa disciplina.

Y ella sabe que la mejor manera de implicar a un niño en una actividad es si se le permite realizarlo con su familia. Así que han creado talleres de yoga en familia.

Acercar a los más pequeños al yoga es sin duda una decisión acertada. Son muchos los beneficios, entre ellos:

- Se les enseña a relajarse.
- Mejor control de la respiración.
- Mejor hábito postural y colocación de la columna vertebral.
- Estiramiento de los músculos y articulaciones.
- Estimulación de la circulación sanguínea.
- Mejor control de la ansiedad o el estrés.

Estos por citar algunos. Pero si es bueno para ti, es bueno para ellos, nuestros hijos, así de sencillo.

Me permito el lujo de recomendaros esta práctica, a nivel personal, pero si además podéis practicarlo en familia, mejor que mejor.

Si estáis interesados, aquí podréis encontrar toda la información necesaria.

Si os animáis ya me contaréis.

martes, 1 de noviembre de 2011

En mi cama fuimos tres

Repasando los post de una simpática bloguera, Sarai Llamas, he dado con una entrada muy bonita: En mi cama somos tres. Sarai tiene un precioso diseño sobre el colecho que os animo a visitar y compartir.

Al ver a tantas mamás con hijos más pequeños que el mío me obligáis a recordar, y eso me gusta. No solo vienen a mi memoria bonitos momentos vividos con mi hijo cuando veo las fotos o los vídeos, también cuando os leo a muchas de vosotras.

En mi cama ya no somos tres, pero sí lo fuimos. Fuimos tres, tres inseparables, acurrucados bajo el cálido edredón. Recuerdo cuando sentía respirar a mi niño, cuando le olía su pelo, cuando le sentía abrazado a mi. Y a pesar de los tirones de pelo, los empujones, la patadas, el desarrope continuo, cómo me gustaba tenerle cerca, qué tranquila estaba.

La última vez que se puso malito y pusimos en marcha la "operación colecho por enfermedad" me di cuenta de lo tranquila que duermo cuando le tengo a mi lado. A pesar de que ya no salto de la cama si le oigo toser, o si me llama llorando, he de confesar que cuando duerme conmigo siento una paz inexplicable. Con este método, que aprendimos tarde y que recomiendo, todos estamos cómodos. Papá y yo en nuestra cama, a nuestras anchas, y el Peque en la suya, muy a gustito.

De vez en cuando noto que estira su manita buscándome y cuando me toca suspira. Duerme tranquilo, a pesar de que seguro no se encontrará bien. Ya solo colechamos cuando enferma, y como ya lo sabe, cuando se siente febril o con moquetes, él solito dice aquello de "mamá tenéis que llevar la cama a vuestro cuarto que hoy estoy malito". Y si ya han pasado unos días y se siente mejor entonces nos dice "mamá hoy todavía duermo aquí con vosotros por si acaso me vuelve la fiebre".

Lo cierto es que nosotros no le obligamos a volver a su cuarto. Él solo se pone la fecha y nosotros la respetamos. La última vez que anduvo un poquito acatarrado le llevamos a nuestro dormitorio y se pasó allí una semana. Pero decidió que el sábado regresaría a su cama. Esa noche, y sin decir nada se dirigió a su dormitorio muy contento.

Qué gracia me hacen aquellas personas que me dijeron tonterías como "tu métele en tu cama que ya me dirás como le sacas luego". Qué lengua tan larga tiene la ignorancia.